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Violencia y tortura en las cárceles turcas pos golpe de estado

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Violencia y tortura en las cárceles turcas pos golpe de estado

Violencia y tortura en las cárceles turcas pos golpe de estado
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Tras el fallido golpe de estado de Turquía en julio de 2016, el país se ha visto sometido a una purga a gran escala.

Entre las víctimas se cuenta Cafer Topkaya, un militar turco que en aquel momento estaba destinado a la sede de la OTAN en Bruselas.

Poco después del golpe fue convocado a Ankara para una reunión. "Mis colegas me advirtieron de que era una trampa", explica ante las cámaras de Euronews. "Pero yo pensé que incluso si era verdad, no ocurriría nada porque yo era inocente. No tenía nada que temer, soy un oficial y tengo que obedecer las órdenes".

Una vez en Ankara, fue detenido y acusado de pertenecer al movimiento de Fethullah Güllen, el político turco exiliado en Estados Unidos al que Ankara acusa de estar detrás del golpe.También le dijero que había utilizado su cuenta tuiter para criticar al gobierno. Pero Topkaya lo niega todo.

Así explica su detención. "Me llevaron a un gimnasio que había sido transformado en centro de detención tras el golpe. Había cientos de oficiales desnudos tendidos en el suelo. Había más de un centernar de personas, era el 13 de octubre", recuerda. "Había de todo: altos funcionarios del gobierno, periodistas, políticos, burócratas, y algunos agregados militares a los que habían pedido que regresaran a Ankara como a mi y que también habían sido detenidos".

Y la experiencia fue dura. "La policía fue muy violenta. Nos amenazaban continuamente, nos gritaban, nos insultaban, injuriaban, era un trato totalmente inhumano", rememora Topkaya. "Algunos fueron torturados. Había vendas ensagrentada por las esquinas, debajo de los asientos del gimnasio, podías verlas por todas partes. Para dormir había colchones en el suelo, que también estaban cubiertos de sangre".

Tras pasar 12 días en el gimnasio, fue trasladado a la prisión de Sincan, donde le sometieron a un régimen especialmente estricto. "Había tres miembros del Grupo Estado Islámico en la celda al lado. Podía hablar con ellos a través de la pared. Y me dijeron que se les permitía llamar a su familia en Alemania. Pero a mi no se me permitía llamar a mi familia en Bruselas. Sólo pude enviar una carta a mi esposa dos meses después".

Topkaya fue liberado al cabo de 16 meses, momento que aprovechó para escapar sin esperar al juicio.

Se calcula que en dos años, 77.000 turcos han sido envíados a la cárcel y 150.000 han perdido su puesto de trabajo.