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Convoyes cargados de migrantes atraviesan Níger hasta Libia

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Convoyes cargados de migrantes atraviesan Níger hasta Libia

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Decenas de camionetas llegan desde Libia al puesto de control de Agadez, en el centro de Níger. Cada semana, convoyes como este viajan de ida y vuelta por el desierto del Sahara.

El viaje son mil kilómetros y dura cinco días. Los pasajeros, exhaustos, son trabajadores nigerianos que huyen del recrudecimiento de la violencia en Libia, pero también migrantes de países de África occidental que han venido a buscar ayuda en Níger.

Muchos de estos pasajeros nos dicen que han tratado de cruzar el Mediterráneo hacia Europa, pero no lo han logrado. La situación ahora en Libia es insostenible para ellos. Muchos también nos aseguran que quieren volver a sus países. "Nos atraparon y nos encerraron", cuenta un senegalés. "Pagamos el cruce, pero no conseguimos la red para salir". Preguntado por lo que espera a partir de ahora, dice: "quiero volver a mi casa".

Mohamed ha organizado el convoy. Sigue haciéndolo pese a que hace dos años el gobierno nigeriano introdujo una ley contra el contrabando. Se pusieron en marcha varios proyectos financiados por la UE para ofrecer alternativas a la actividad migratoria, pero no le compensa. "Soy un contrabandista, incluso ahora. Porque he oído que en la ciudad nos están ofreciendo algo para que renunciemos a este trabajo. No nos han dado nada y no conozco otro trabajo que no sea este", asegura.

Se estima que los cruces de Agadez a Libia han caído de las 7000 personas a la semana en 2015, a alrededor de 1000. Las rutas se han vuelto más peligrosas. Varios candidatos al viaje esperan en los llamados guetos, donde se esconden hasta que son recogidos.

Dos de los jóvenes ya han intentado cruzar, pero sus conductores los dejaron en el desierto, para escapar de las patrullas policiales y militares que ahora inspeccionan el Sahara. "Hay reuniones entre los líderes de África occidental y los líderes de la unión europea, que reparten dinero para detener a los inmigrantes. Es un crimen. Están sirviendo a sus propios intereses, no a los intereses de nuestro continente", denuncia uno de ellos, procedente de Guinea.

Varios de sus compañeros de viaje murieron de sed, pero nada puede disuadirlos de probar suerte nuevamente, dicen, siempre y cuando no vean futuro en sus países de origen. La mejor forma de detener la inmigración, aseguran, es "simplemente dejar de entregar dinero al Estado y venir aquí a crear oportunidades de trabajo para evitar que los jóvenes se vayan".