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"Esa noche fui testigo del mal absoluto"

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"Esa noche fui testigo del mal absoluto"

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Hace ochenta años, grupos nazis quemaron sinagogas, destruyeron tiendas judías y atacaron, asesinaron y deportaron judíos a campos de concentración.

Esa noche, conocida como la de los Cristales Rotos, es una de las páginas más oscuras de la historia alemana.

Ruth Winkelmann tenía entonces 10 años. Ese día, según explica, acabó su niñez:

"Recuerdo muy bien la noche de los Cristales Rotos, porque experimenté el mal absoluto. Iba a la escuela en Auguststrasse en la ciudad de Berlín, en fin, íbamos a la ciudad. Ya en Wittenau vimos los primeros vidrios rotos y muchos escombros a ambos lados de la carretera. Y yo dije: 'Mira papá, les han debido de robar'. Mi abuelo preguntó: '¿Están rotos todos los escaparates?' 'No sólo algunos, pero esto no es un robo, es otra cosa', dijo mi padre. Y luego, en la calle Gardentrasse, vimos cómo dos agentes de las tropas de asalto (SA) se llevaron a un judío, le pintaron una estrella de David en la espalda y le pegaron. Como era una niña tenía miedo, pero pensé que estábamos en el coche, que no podían ver que éramos judíos y, además, mi padre estaba a mi lado. Así que no tenía miedo, con mi padre conmigo, no me podía pasar nada".

La que fue su escuela se encuentra justo detrás de la nueva sinagoga. Esa mañana de noviembre de 1938 todo parecía normal y tranquilo en esas calles. Su padre y su abuelo la habían dejado en el colegio.

Lena Roche, Euronews: "Y después, ¿qué ocurrió una vez en el colegio?

Ruth Winkelmann: "Nos llevaron a todos al auditorio. Y después nos explicaron que se habían roto y destruido muchas cosas y que ellos no tenían miedo a los ataques físicos. Nos lo dijeron claramente y luego el director nos puso sobre aviso, nos advirtió que grupos nazis habían bloqueado la entrada del colegio con cosas viejas, aquí, delante de la puerta principal. No podíamos salir y toda la fachada estaba sucia".

Al final, los niños consiguieron escapar por las buhardillas. Ruth dice que ese día se hizo adulta. Durante la guerra, se refugió en un cobertizo de jardín. Vivía con miedo de la Gestapo y de las bombas. De toda su familia, solo ella y una prima sobrevivieron a la guerra. Hoy, está preocupada.

Ruth Winkelmann: "Sí, se puede decir que preocupada, no tengo miedo, pero me preocupa ver que demasiada gente se está volviendo de la extrema derecha sin pensar. Porque la Humanidad simplemente ha perdido la capacidad de pensar. La mayor parte de la gente tienen una cabeza, pero no la utilizan para pensar".