Las protestas en Teherán han entrado en su decimotercer día, con graves cortes de internet que limitan la comunicación en medio de lo que se han convertido en las mayores manifestaciones antigubernamentales en años. 'Euronews' esboza los diferentes escenarios de lo que podría ocurrir a continuación.
Las protestas callejeras en Teherán han entrado en su decimotercer día consecutivo, mientras que desde el jueves por la noche los cortes casi totales de internet han reducido al mínimo la comunicación con el interior de Irán.
Las escasas imágenes y vídeos que circulan por las redes sociales y las aplicaciones de mensajería sugieren que las protestas se están extendiendo a varias ciudades del país. Sin embargo, debido a las graves restricciones de conectividad, no es posible verificar de forma independiente todos los informes.
Las imágenes transmitidas anoche desde Irán pueden recordar al público alemán los días previos a la caída del Muro de Berlín, mientras que para muchos iraníes evocan recuerdos de los últimos días del régimen del sha Reza Pahlavi en 1979.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha descrito los acontecimientos como "las mayores protestas que he visto nunca", un comentario que ha recibido amplia cobertura en los medios de comunicación internacionales.
Dada la rapidez de los acontecimientos, el corte de las comunicaciones y la falta de una imagen clara del equilibrio de poder dentro del país, los analistas esbozan varios escenarios principales para el futuro próximo.
Intensificación de las medidas de seguridad
Uno de los escenarios más destacados implica una escalada de la represión. El viernes, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán emitió una resolución en la que anunciaba una "respuesta muy decisiva" a las protestas.
El Consejo -máximo órgano decisorio en materia de seguridad del país- afirmó que las recientes manifestaciones se habían "desviado de las legítimas demandas públicas" y estaban siendo impulsadas hacia la inestabilidad mediante "la orientación y la planificación de Israel y Estados Unidos".
Aunque esta versión oficial difiere mucho de la realidad sobre el terreno, indica que las autoridades están enmarcando la situación como una amenaza para la seguridad nacional.
Los críticos advierten de que este enfoque allana el camino para un mayor uso de la fuerza, pues los manifestantes ya no son tratados como ciudadanos descontentos, sino como agentes de un "proyecto enemigo".
Mientras tanto, ha aumentado la probabilidad de que se endurezcan las medidas represivas, se produzcan detenciones masivas e incluso se utilice la fuerza letal. Aunque tales medidas pueden calmar las calles a corto plazo, muchos analistas sostienen que no harían sino agravar la crisis de legitimidad del régimen e intensificar los agravios acumulados.
Las imágenes publicadas el viernes sugieren que podría estar repitiéndose un escenario similar al observado anteriormente en Sistán y Baluchistán.
Según estas imágenes, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes en los alrededores de la mezquita de Makki, en Zahedan. Todo ello a pesar de las recientes advertencias del líder suní de la oración del viernes de Zahedan -crítico con las políticas del Gobierno-, que había instado a la moderación y pedido que se evitara la violencia.
Para muchos observadores, hacer caso omiso de estas advertencias señala el cierre de los canales de mediación y un giro decisivo hacia soluciones basadas exclusivamente en la seguridad.
Las deserciones dentro de las fuerzas estatales o su mayor radicalización
La erosión dentro de las filas de las fuerzas de seguridad y militares representa uno de los escenarios más críticos. Los informes de protestas a gran escala en ciudades como Mashhad -lugar de nacimiento del ayatolá iraní Alí Jamenei-, combinados con las referencias de Trump a la deserción de las fuerzas de seguridad, han llamado mucho la atención.
Las dificultades económicas, la creciente concienciación sobre el destino de regímenes similares y las continuas revelaciones sobre la corrupción generalizada, los estilos de vida de las élites y la presencia de hijos de oficiales en países occidentales son factores que podrían debilitar la lealtad dentro de partes de las fuerzas armadas.
Al mismo tiempo, algunos analistas creen que los acontecimientos de anoche marcan un punto de inflexión. En su opinión, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) podría llegar a la conclusión de que no tiene más opción que intervenir plenamente.
Aunque una medida de este tipo podría generar miedo e intimidación a corto plazo, un enfrentamiento prolongado podría aumentar significativamente el riesgo de deserciones entre las fuerzas leales. Aun así, los analistas sostienen que todavía no se ha producido ningún cambio fundamental en el equilibrio de poder.
En cualquiera de los escenarios emergentes, sugieren, sigue siendo improbable que la República Islámica ceda fácilmente el control, incluso si para mantenerlo es necesario soportar una inestabilidad y una erosión interna prolongadas.
Junto a la represión física, la "guerra en internet" se ha convertido en un elemento central de la respuesta del Gobierno. Algunos expertos especulan con la posibilidad de que las autoridades estén utilizando tácticas como la interferencia o la interrupción selectiva de las comunicaciones por satélite o de la infraestructura Starlink, además del cierre total de internet, métodos empleados anteriormente contra las redes de televisión por satélite.
De ser cierto, esto indicaría la entrada de Irán en una fase más avanzada de control de las comunicaciones y un esfuerzo deliberado por aislar completamente el espacio informativo del país. Estas medidas pueden reflejar la profunda preocupación del régimen por la persistencia y expansión de las protestas.
Trump, Pahlavi y la posibilidad de un retorno al poder
Las declaraciones de Trump sobre el príncipe heredero Reza Pahlavi han añadido otra capa de ambigüedad a la crisis. Aunque Trump lo ha descrito como "un buen tipo", los informes sugieren que -contrariamente a lo indicado anteriormente- no está prevista ninguna reunión directa entre ambos el próximo martes en Mar-a-Lago.
Las especulaciones sobre la cancelación van desde consideraciones legales a los esfuerzos para evitar proporcionar a la República Islámica una justificación para la represión bajo alegaciones de "injerencia extranjera". Sin embargo, a algunos observadores no les convencen estas explicaciones, dado el historial de Trump.
Mientras tanto, según varios analistas, la respuesta pública al llamamiento del hijo del último sha de Irán ha superado las expectativas iniciales. En algunas partes de las manifestaciones, los cánticos han apuntado directamente a la cúspide del poder en la República Islámica, mientras que en numerosos casos se han oído referencias a la restauración de la monarquía o al nombre de los Pahlavi, lo que supone un cambio en la retórica de las protestas en comparación con ciclos anteriores.
En cambio, el Líder Supremo de Irán, Alí Jamenei, reiteró el viernes que el sistema "no retrocederá". En imágenes emitidas por la televisión estatal, volvió a calificar a los manifestantes de "alborotadores", afirmando que las manifestaciones servían a los intereses de Trump y pretendían complacer al presidente estadounidense. También calificó a los manifestantes de "individuos dañinos" para el país.
La reforma interna y el escenario 'bonapartista'
Hasta hace apenas unos días, este escenario se consideraba entre los desenlaces más plausibles. Dados los elevados costes de un cambio de régimen para Estados Unidos, la experiencia venezolana tras una intervención exterior y el hecho de que la permanencia de la República Islámica sirve a determinados intereses regionales y mundiales, surgió la idea de que una figura de dentro del sistema podría encargarse de las reformas: estabilizar la economía sin alterar fundamentalmente la estructura de poder.
La principal incertidumbre ha sido identificar a esa figura. Algunos apuntaron al expresidente Hassan Rouhani; otros sugirieron la aparición de una figura militar menos conocida, un salvador "napoleónico" que intervenga para restablecer el orden.
Sin embargo, varios expertos tacharon de poco realista el regreso de Rouhani, argumentando que cualquier intento suyo de reincorporarse al poder probablemente acabaría con su destitución por parte de los partidarios de la línea dura alineados con el ayatolá.
Los recientes comentarios de Trump sobre la oposición iraní -en particular sobre el príncipe heredero Pahlavi- han influido en esta ecuación. Sin embargo, la amplia respuesta pública al último llamamiento de Pahlavi, especialmente desde el jueves, ha debilitado significativamente este escenario, aunque no se ha eliminado por completo.
¿Una opción diferente a la de Siria o Venezuela?
Otra hipótesis que está cobrando fuerza es la posible salida o huida de altos cargos de la República Islámica, que recuerda elementos del modelo sirio. Han circulado informes sobre vuelos rusos sospechosos, supuestas transferencias de oro desde Irán y especulaciones sobre un posible traslado de Jamenei y su familia a Moscú.
También han surgido informes no confirmados sobre solicitudes de visado del presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y su familia para Francia, o sobre la presencia de la familia de Abbas Araghchi, ministro de Asuntos Exteriores de Irán, durante su viaje a Líbano.
Por el contrario, la experiencia de Venezuela bajo el mandato de Nicolás Maduro indica que, contrariamente a las primeras expectativas, la estructura de poder no se ha derrumbado y se ha mantenido intacta hasta ahora.
Esto ha llevado a algunos observadores a sugerir que el objetivo principal de Trump puede ser la destitución de Jamenei personalmente, seguida de la asignación de autoridad a una figura dentro del sistema para gestionar la transición. Sin embargo, dada la aceleración y expansión de las protestas, no está claro si esta hipótesis sigue teniendo el mismo peso.
Una posibilidad más destacada que se está debatiendo ahora es un modelo que no sea ni Siria ni Venezuela, pero que dé lugar a la aparición de un liderazgo más estrechamente alineado con Occidente. Aún así, sigue siendo incierto lo que seguiría a la destitución, muerte o derrocamiento del Líder Supremo.
¿Se enfrentaría Irán a la fragmentación, la inseguridad o la intensificación de las reivindicaciones étnicas y de las minorías? ¿O podría una figura "salvadora" superar las profundas crisis estructurales del país?
En este contexto, también surgen preguntas sobre cómo -y hasta qué punto- podrían materializarse las promesas de inversión extranjera y las declaraciones de figuras como Dara Khosrowshahi o Elon Musk.
Mientras tanto, es poco probable que potencias mundiales como China -y, en menor medida, Rusia- permanezcan pasivas y es casi seguro que desempeñen un papel en esta recalibración histórica.
En última instancia, si las señales transmitidas desde Teherán en las últimas horas reflejan la realidad sobre el terreno, la probabilidad de que el Gobierno recurra a mayores niveles de represión violenta parece ir en aumento.
Sin embargo, con el acceso a internet prácticamente cortado, estos datos sólo recogen una parte limitada de las voces dentro de Irán, por lo que resulta difícil evaluar su impacto total en las decisiones de los manifestantes.