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Se han quedado sin ahorros y no tienen casa en la que vivir

Se han quedado sin ahorros y no tienen casa en la que vivir
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Se han quedado sin ahorros y, de momento, no tienen casa en la que vivir. La urbanización Europa en Balashiha, un ciudad cercana a Moscú, iba a colmar la esperanza de cientos de ciudadanos rusos. El complejo, compuesto por viviendas catalogadas como asequibles para personas de bajos ingresos, jubilados e incluso personas con cáncer, permenece estancado. Durante los últimos 4 años, la construcción no ha reanudado la marcha.

"Soy un veterano de guerra. Invertí todo mi dinero en un apartamento. Pedí una hipoteca, me he quedado sin ahorros y sin el apartamento", afirma este ciudadano afectado por la situación de las obras.

"Estoy harta. Quiero mudarme sin que hayan terminado la construcción, instalar una estufa y vivir como una vagabunda porque me siento como tal", declara esta otra.

Algunos edificios abandonados, simples 'carcasas de cemento' sin instalaciones de fontanería ni calefacción, son derribados a medida que se producen filtraciones de agua y se inundan los sótanos.

"A los potenciales compradores se les mostró lo que parecían casas casi terminadas. Nadie podía sospechar que eran decorativas y que no era posible vivir en ellas. Era una trampa. Un pozo de deudas sin salida", señala Galina Polonskaya, corresponsal de Euronews en Rusia.

La compañía responsable, Elite Com, ha anunciado que no hay dinero para continuar el desarrollo del plan urbanístico. En una declaración escrita a Euronews, los funcionarios locales en Balashiha relataban que se había encontrado un nuevo inversor, pero aún no se ha firmado ningún acuerdo para reiniciar las obras.

Los aspirantes a propietarios de las viviendas buscan justicia. Han acudido a los tribunales, al Comité de Investigación e incluso a la Duma.

"La administración local organiza reuniones sobre este complejo residencial, de vez en cuando. No hay nada más al margen de esas reuniones", afirma otra de las personas afectadas.

Los casi 500 inversores de la urbanización Europa han hecho frente a pagos de hipotecas por viviendas que no existen. Algunos están ahora tan desamparados que viven juntos en pequeños alojamientos para poder llegar a fin de mes.

Zhanna tiene un solo pulmón y ya no puede trabajar. Considera que fue víctima de una venta desleal y perdió su hogar y cualquier sueño de tener una propiedad cerca de los bosques y lejos de la ciudad.

"Me quedé en la calle. No quiero vivir más. No me quedan fuerzas. Incluso pensé en rociarme con gasolina, ir a la Plaza Roja y prenderme fuego. No puedo más. Ya no puedo vivir así", declara Zhanna.

Las vidas de cientos de familias permanecen ahora en el limbo. Si se encuentra un nuevo inversor pasará al menos otro año antes de que se complete la construcción y los propietarios puedan, finalmente, mudarse a lo que consideran las 'casas de sus sueños'.