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Rumanía: una Revolución, dos generaciones

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Rumanía: una Revolución, dos generaciones
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La tranquilidad y la calma reinan en la iglesia Reformada en Timisoara, pero hace 30 años fue cuna del levantamiento contra el dictador rumano Nicolae Ceausescu. Las protestas arrancaron por una orden judicial que decretaba el desalojo del pastor Laszlo Tokes, muy crítico con el poder en sus sermones. La brutal represión policial de las manifestaciones fue la chispa que condujo a la caída del último régimen comunista en Europa. En una movilización sin precedentes, la población desafió al ejército y a la policía gritando "¡Libertad!" y "¡Abajo Ceaucescu!".

Constantin Duma, conocido como el fotógrafo de la Revolución, recuerda aquellos días históricos: "Cruzamos corriendo el puente sobre el río Bega y había 4 vehículos blindados que venían del campus. Había una mujer de unos 50 años y como había poca visibilidad, se quedó atrapada y la aplastaron los tanques. Esa mujer fue la primera víctima de nuestra revolución".

El 17 de diciembre, Ceausescu dio orden de disparar contra los manifestantes. Cerca de 60 murieron y más de 2.000 resultaron heridos. Traian Orban, Fundador del Monumento a la Revolución, todavía siente el dolor de la bala que impactó en su pierna: "Fue extraordinario escuchar desde mi cama de hospital, porque estaba herido, cómo la gente de Timisoara gritaba "¡Libertad!" y pedía que el dictador y su gente fueran juzgados aquí."

El 20 de diciembre, Timișoara se declaró la primera ciudad de Rumanía 'liberada del comunismo'. Impulsada por décadas de opresión, la Revolución se extendió rápidamente. El 22 de diciembre de 1989, las protestas llegaron a Bucarest. Ceausescu y su mujer fueron detenidos cuando intentaban escapar. Tres días después fueron juzgados sumariamente y ejecutados.

Rumania fue el único país donde la caída del régimen comunista fue acompañada de enfrentamientos y represión violenta contra los civiles. En todo el país, 1.104 personas murieron y 3.552 resultaron heridas en el levantamiento.

30 años después, los jóvenes de Timisoara saben que deben su libertad a los manifestantes de 1989. Pero, además de honrrar la memoria de los más de mil muertos, quieren protagonizar su propia revolución en aras de un futuro mejor. Pera algunos, aquellos días quedan muy lejos. "Los adolescentes, -destaca Ana Savu, periodista- no la gente de mi edad, tienden a pasar un poco, dicen: "es sólo historia, la escuchamos todos los días".

Andreea Diana Barta es estudiante. Esta convencida de que cada generación debe tener su propia Revolución. "No importa si es diferente, -comenta- porque está claro que lo sería, pero podría ocurrir lo mismo en un contexto diferente".

Mari Jeanne Ion. Euronews: "Hace 30 años, un río de sangre bañaba esta ciudad. Cientos de personas perdieron la vida en Timisoara. Su determinación y valentía cambió el destino del país. Ahora la ciudad aguarda simplemente la llegada de la Navidad".