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Archivos secretos de la KGB. Letonia despeja incógnitas

Archivos secretos de la KGB. Letonia despeja incógnitas
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Janis Laizans
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Este es el antiguo cuartel de la KGB en Riga, Letonia. Fue abandonado por los soviéticos en agosto de 1991. Convertido en museo, el edificio se ha conservado tal y como era en tiempos de la ocupación soviética. Y en cuanto a los archivos, que incluyen los nombres de más de 4.000 presuntos espías, se han hecho públicos este año, algo que en el país ha abierto viejas heridas. Como ha sido el caso para Leo Hirssons, activista proindependencia, uno de los últimos prisioneros de los servicios represivos de la Checa, la policía secreta. Recientemente se enteró del nombre de la persona que lo denunció a la KGB por acciones antisoviéticas.

"Es una pesadilla porque todo tuvo que ser olvidado y desechado. No, no estoy de acuerdo con eso. Tiene que haber justicia y transparencia", afirma Hirssons.

Sin embargo, estos ficheros guardan un gigante rompecabezas porque en ocasiones la KGB retenía nombres, pero sin dar detalles de qué hicieron los presuntos informantes. ¿Héroes o traidores? ¿Agentes de la KGB? Son algunas de las inquietantes preguntas que se hacen los cerca de 2 millones de habitantes del país.

Algunos ven este proceso como un tamiz que saca a la luz a los colaboradores prosoviéticos, mientras que otros ven un retorcido complot de la KGB para sembrar la confusión entre las elites postindependencia del país.

Figuran en los archivos un ex Primer Ministro, un juez del Tribunal Supremo, mandatarios católicos y ortodoxos; y gente del mundo de la cultura y la comunicación.

El exrector de la Universidad de Letonia, el profesor Marcis Auzins también ha encontrado su nombre en la lista de agentes, aunque lo único que hizo fue realizar una investigación en la Universidad de Pekín, en China, en 1987.

"Siempre quise contar lo que sucedió, explica Auzins. No tanto a la sociedad, o al público, sino a mi familia, y a mis hijos."

Historiadores y científicos aplauden la divulgación de los archivos, aunque estos llegan quizá un poco tarde para servir a la verdad histórica. Necesitarían acceso, a documentos almacenados en Moscú, que tiene un archivo completo de los informantes de la KGB letona.

"Todo el mundo tenía la opción de colaborar o no. Y seguramente había cierta presión, aunque se ve que en los años ochenta y principios de los noventa, ya no es así", puntualiza el Karlis Kangeris, historiador.

Muchos agentes de la KGB ya han fallecido, lo que complica aún más dar con la verdad.

Desde Riga, un reportaje de Janis Laizans, para Euronews.

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