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Bosnia-Herzegovina lucha por curar las heridas que provocó la guerra

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Bosnia-Herzegovina lucha por curar las heridas que provocó la guerra
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Cuando Maja vio por primera vez a Sanjin, las circunstancias de ambos eran inusuales.

"En realidad nos conocimos como niños refugiados en Berlín", afirma Maja Gasal-Vrazalica, directora de la Academia para Mujeres.

Cuando se encontraron de nuevo, años más tarde, en Sarajevo, comenzaron su relación. Se enamoraron y se convirtieron, de manera oficial, en lo que se describe como una 'pareja mixta', formada por personas de los diferentes grupos étnicos de Bosnia-Herzegovina. Algo que, hoy día, es cada vez más raro en la nación balcánica.

"Antes de la guerra... la gente se conocía, se reunía... se quería. No importaba cual fuera su religión o a qué grupo étnico perteneciera. Eso era algo normal antes de la guerra. Pero resulta difícil explicar lo que ocurre ahora", declara SanjinVrazalica.

La llamada 'Guerra de Bosnia', conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, dejó más de 100 000 muertos y más de dos millones de desplazados. Nadie fue ajeno a la tragedia. Los acuerdos de Dayton pusieron fin al conflicto. El país quedó dividido en dos entidades administrativas. Por un lado, la 'Federación bosnio-croata'. Por el otro, la 'Republika Srpska', para los serbios de Bosnia-Herzegovina.

Las comunidades se dividieron y el nacionalismo étnico se convirtió en una herramienta política.

"No estamos hablando de objetivos nacionalistas genuinamente incumplidos. Creo que se trata, simplemente, de herramientas muy útiles para manipular a los ciudadanos y para asegurarse de que nadie haga preguntas sobre temas delicados. preguntas como, por ejemplo, ¿por qué se vierten recursos públicos en los bolsillos de particulares? ¿Por qué tenemos un sistema judicial disfuncional? ¿Por qué no tenemos un principio de Justicia establecido? ¿Por qué no existe aquí un Estado de derecho? Porque saben que la posición 'nosotros contra ellos' es el asunto principal", señala Adnan Huskics, profesor de la Escuela de Ciencia y Tecnología de Sarajevo.

'Nosotros' y 'ellos' son conceptos que, en Mostar, conocen muy bien. La ciudad sigue dividida entre Este y Oeste y sus dos comunidades, una formada principalmente por musulmanes bosnios y la otra por croatas católicos, cuentan con servicios públicos diferenciados a pesar de que se supone que la localidad está unificada.

"El gimnasio de Mostar, donde los niños locales asisten a clases, no se parece al típico centro escolar. Los estudiantes croatas y los bosnios están separados, tienen diferentes profesores y siguen diferentes planes de estudio. Los funcionarios unieron los dos sistemas educativos, pero no lograron fusionarlos. Es un símbolo de la división, 25 años después de la guerra", explica Anelise Borges, enviada especial de Euronews a Mostar.

"Prácticamente desde el momento en el que decides llevar a los niños a la guardería tienes que elegir si enviarlos una bosnia o a una croata. Los niños crecen separados y no se encuentran durante la educación. Mi mayor temor es que, al separar el sistema educativo, vamos camino de construir las bases para el próximo conflicto", declara Amna Popovac, activista de 'Nasa Stranka'.

Un cuarto de siglo después de la guerra, los bosnios luchan por establecer la paz y la convivencia. Mientras asistimos al auge del nacionalismo populista, los bosnios consideran que ofrecen un buen ejemplo de lo peligroso que puede ser.