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¿Cómo reintegra Sudán del Sur a sus niños soldado?

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¿Cómo reintegra Sudán del Sur a sus niños soldado?
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En Sudán del Sur, decenas de miles de niños han sido víctimas de abusos. Entre ellos hay muchos niños soldados, cuya infancia ha sido un calvario. En la ciudad de Yambio, estos jóvenes, ahora lejos de las armas, tratan de empezar de nuevo con la ayuda de este centro de formación. ¿Cuál es el futuro de los niños soldados en Sudán del Sur? Se lo contamos en el último episodio de Aid Zone.

  • Después de más de cinco años de guerra civil y a pesar de los acuerdos de paz firmados en septiembre de 2018, Sudán del Sur aún lucha por recuperarse.
  • Cerca de 4 millones de personas viven refugiadas en los países vecinos o en otras regiones de su propio país. El trauma sigue siendo muy fuerte, especialmente entre los más jóvenes.
  • Cerca de 100.000 niños y adolescentes han sufrido abusos constantes. Entre ellos están los llamados niños soldado.

Nos dirigimos a Yambio, capital del estado de Ecuatoria Occidental, cerca de la frontera con la República Democrática del Congo. Cada mañana, una decena de adolescentes acude al centro de formación profesional y de rehabilitación de Tindoka. Forman parte de los cerca de 3600 ex niños soldado alejados de los grupos armados gracias a la presencia de Naciones Unidas. No mostramos su rostro para proteger su identidad.

Muchos de ellos, como Christian, de 19 años, fueron recrutados por la fuerza. Capturado por un grupo armado cuando tenía 13 años, cuenta que durante dos vivió un auténtico infierno.

"Dormíamos bajo los árboles. Era difícil conseguir comida a no ser que atacaras a alguien", cuenta Christian. "Nos decían que hiciésemos todsas esas cosas malas. Nos obligaban a matar a gente, porque si no lo hacías ellos te mataban a ti. Mi hermano...estaba allí conmigo pero... le mataron".

Anna apenas tenía 13 años cuando le obligaron a unirse a ellos. Durante su calvario, que duró más de un año, recibió entrenamiento militar. "Cuando estábamos allí golpeábamos a la gente, les torturábamos, les robábamos. Nos decían que disparáramos a la gente y no podías negarte. Si decías que no, te torturaban o te mataban. Si eres chica es aún más difícil, porque los chicos te convierten en sus esposas".

Anna tiene hoy 16 años. Aprende costura junto a otras jóvenes que también acuden al centro. Al igual que muchas otras chicas de su generación, es madre de un bebé. Gracias a su formación, Anna es capaz de trabajar y ahorrar algo de dinero que planea gastar en la educación de su pequeño. Pero también en la suya. Su sueño es convertirse algún día en médico.

La formación que se imparte en este centro es solo un paso intermedio en un amplio programa de reintegración cofinanciado por el servicio europeo de ayuda humanitaria.

"Atender las necesidades de los niños de Sudán es uno de nuestros principales objetivos. Hay más de dos millones de niños que nunca han recibido educación. Nos centramos en ellos porque no queremos otra generación perdida. Queremos brindarles algún tipo de educación básica, habilidades básicas, para que puedan participar en la reconstrucción de su país", explica Mathias Eick, trabajador del servicio de ayuda humanitaria de la Unión Europea.

Christian, al igual que muchos otros jóvenes de este programa, ha recibido apoyo psicológico con el que poder hacer frente al trauma vivido en su infancia. Durante tres años, tiene la compañía de varios trabajadores sociales, cuya ayuda le permitirá reinsertarse en su comunidad.

Cuando Christian fue rechazado por su padre, fue su tío, hermano de su fallecida madre, quien se ocupó de él. "Cuando volvió, era un salvaje. No entendía nada. Incluso yo, su tío, tenía miedo de él. Ir al colegio le vino muy bien. Ahora cuando llega, saluda, sonríe. Es un gran cambio", cuenta Charles Martin Bakayogo, tío de Christian.

Lanzado por UNICEF, este programa ha transformado la vida de Christian, Anna y muchos otros jóvenes. Un trabajo a largo plazo, cuyo futuro podría verse comprometido por la falta de financiación. Mientras tanto, miles de niños siguen en manos de fuerzas y grupos armados.

"El programa ha estado sin financiación durante más de un año, y hemos usado otros recursos para mantenerlo en marcha. Pero ahora estos fondos se acaban. Así que, si no conseguimos nuevos, quizá debamos cerrar Tindoka e incluso acabar con todo el proyecto. Si los acuerdos de paz se mantienen, cada vez habrá más niños que huyan del bosque, por lo que necesitarán nuestra ayuda. Pero sin fondos, no podremos hacerlo adecuadamente", cuenta Helene Sandbu Ryeng, trabajadora de UNICEF en Sudán del Sur.

Christian quiere convertirse en fontanero. Sabe que su futuro, como el de muchos otros niños de la guerra, depende en gran medida de que se mantengan el frágil acuerdo de paz firmado en Sudán del Sur. Sin él, el país no será capaz de salir adelante. "No se construyen muchas casas de cemento. Porque este lugar aún está marcado por la guerra. Pero con paz, todo es posible".