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El dilema de las peluquerías italianas ante la prohibición de abrir hasta junio

El dilema de las peluquerías italianas ante la prohibición de abrir hasta junio
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Peluqueros y esteticistas italianos estaban esperando para abrir. Maquinaria de saneamiento, mascarillas, cubiertas de zapatos, barreras de plexiglás: todo ya estaba preparado. Habían seguido adelante, incluso sin conocer las directivas del gobierno de Giuseppe Conte. Inversiones de 1.000 a 3.000 euros. Pero todo ha sido en vano. Los profesionales de la belleza tendrán que esperar al menos hasta el 3 de junio. Otro mes de alquiler y cuotas de la hipoteca para pagar, esos no los ha detenido el coronavirus.

El último decreto de desescalada del Consejo de Ministros italiano los condena a un mes más sin ingresos mientras que los que trabajan a domicilio y en negro, con la fase 2, disfrutarán de una mayor libertad de movimiento. Más corte de pelo en casa significa, para los clientes, menos necesidad de ir a la peluquería después del cierre.

Una crisis aún más cruda para las peluquerías y salones de belleza.

Eso no es todo. Cuando reabran, podrán acomodar quizás la mitad de clientes en sus instalaciones que antes.

La situación de todo el sector en Italia - 135.000 empresas, unos 260.000 trabajadores - es grave.

Andrea Giovanardi, profesor de derecho fiscal italiano criticó en Twitter la decisión del Ejecutivo de mantener estas actividades cerradas. Una postura que, en su opinión, fomenta una inevitable "evasión de impuestos por supervivencia".

"Debería abrir a los que son capaces de garantizar la seguridad sanitaria. Si en esta situación se impide que la gente que puede trabajar, la alternativa sólo puede ser trabajar en negro. Este es un caso de libro, una demostración plástica del concepto de escape por supervivencia", dice Giovanardi a Euronews.

Le pedimos a cinco peluqueros italianos que nos cuenten su situación personal, una crisis que podría ser fatal para uno de cada tres salones de belleza.

"Los salones con controles sanitarios estrictos están cerrados, los que trabajan ilegalmente ahora trabajan aún más"

Marsela Pupa, de 35 años, es de la localidad de Bassano del Grappa en la región del Véneto, al norte del país. Es técnica de color y también tuvo que cancelar los cursos y seminarios que tenía.

Tiene suerte porque el dueño del local le ayuda con el alquiler, cobrándole la mitad por los meses de cierre. "Los que ya trabajaban ilegalmente en casa ahora trabajan aún más, mientras que nosotros, los profesionales, tenemos los locales cerrados".

"Aquí en Italia tenemos estándares muy altos de higiene y seguridad. El Estado permite que los no pagan impuestos trabajen a domicilio, manteniendo cerrados los salones donde se realizan los controles sanitarios y donde la autoridad sanitaria local puede entrar en cualquier momento".

"Los que hacen el trabajo creativo se sienten psicológicamente destruidos. Cuando me enteré de que reabrimos en junio, me sentí contrariada. Por suerte no tengo una familia dependiente, no me atrevo a imaginar, pero no duraré otro mes haciendo bollos y limpiando en casa. Necesito trabajar psicológicamente. El gobierno debería darme una solución alternativa, en lugar de decirme que me encierre en casa y eso es todo, porque afuera está la guerra".

"En estos meses, el número de casos de ilegalidad se ha duplicado"

Giuseppe Amatulli, de 37 años, es Bari, en la región de Apulia, al sur del país. "El mayor problema es el alquiler: seguimos pagándolo a precio completo. Además está el problema del intrusismo laboral ilegal. Con los colegas notamos que el 50%-60% de la gente ya se ha cortado el pelo".

"Así que cuando reabramos, no tendremos tanto trabajo para recuperar los meses perdidos. ¿De qué sirve mantener cerrados los locales que pueden cumplir con las normas de higiene si los "colegas" van por las casas?".

"El mercado negro incrementará porque cuesta menos"

Tullia Cutini, de 49, es del pueblo de Foligno en la región central de Umbría, donde las muertes por Covid-19 fueron menos de 70, mientras en Lombardía superaron las 13 mil. "¿Cómo podemos tener las mismas reglas en la reapertura?", pregunta Tullia, madre de tres hijos y responsable de dos empleados. "Ya he ido al banco a pedir un préstamo, no sé cuándo llegará, pero es una deuda que se acumula con otras deudas."

"Tengo una hipoteca del local que estoy pagando. No fue suspendida porque lo tomé personalmente, no como una empresa. Además están los sueldos de los empleados: el fondo de despido aún no ha llegado, absolutamente nada. Me estoy quedando sin recursos. Y la paradoja es que ya en el salón esterilizamos todo incluso antes, nos ponemos las mascarillas, no tengo problemas con las distancias porque el local es grande. Estoy esperando un nuevo decreto para entender lo que será obligatorio, cómo equiparme, ya no entendemos nada".

"La presión fiscal es casi del 70%, así que alguien que trabaja en negro cobra un 70% menos: en un período en el que todos estaremos en crisis y todos querrán ahorrar dinero, seguramente aumentará. No sé cuántos de nosotros podremos reabrir".

"Mi turno, como propietaria, será de 12 horas"

Cristina Pagani, de 50 años, es de Conselice en Emilia-Romaña y tiene un salón de 100 metros cuadrados con cuatro empleados. Tiene prisa por reabrir pero quiere hacerlo sólo cuando no haya más riesgo de contagio. Tiene esperanza en el futuro. "Debemos darnos cuenta de que la única diferencia entre esta situación y una guerra con bombas es que no escuchamos las bombas. Enterramos a los muertos de todos modos. Los negocios están cerrados, pero están ahí esperando por nosotros. Nuestros padres han pasado por dos guerras, imagínate si tuviéramos que haberlo hecho nosotros".

"La belleza no se detiene, desde este punto de vista tenemos suerte. Es importante que nos sintamos bien con nosotros mismos. Hay gente que haría cualquier cosa para sentirse bien en estos días. Recibimos solicitudes e incluso amenazas, ofertas de aumento de la compensación para ir a las casas. No lo hago por ética, pero cuando entrego algunos productos, a veces me dicen: 'Ya que estás en eso, sube y dame un corte...'"

"Espero que mis clientes se reduzcan a la mitad cuando abramos de nuevo debido a las restricciones. Si antes teníamos un turno de trabajo de siete horas y media, ahora lo que hacemos en siete horas sólo se puede hacer ampliando la jornada laboral. Mi turno, como propietaria, será de 12 horas".

"Al reanudar, los salarios serán más bajos"

Giuseppina Foti, de 54 años, es de Turín, al noroeste del país y también tuvo la suerte de que el propietario de su local le suspendiera el pago del alquiler. Las dos chicas que trabajan con ella, sin embargo, aún no han recibido ni un céntimo de indemnización por despido. Tienen familia e hijos.

"A la vuelta, tendremos que traer menos clientes y tendré que turnarme con las chicas, los salarios de todos nosotros serán más bajos. Ya había comprado todo - mascarillas, kimonos desechables, desinfectante - pero me costó mucho encontrar lo que necesitaba y pagué mucho más que antes".

"Hay tiendas aquí con dueños de cierta edad, seguramente será difícil para ellos. Si ya estoy luchando con la mitad de los clientes, ellos cerrarán. Yo también he pedido financiación, estamos en problemas. No pedimos mucho, sólo poder empezar a trabajar".