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Acoso en la dacha: ¿Por qué caminas por aquí propagando la enfermedad?

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Acoso en la dacha: ¿Por qué caminas por aquí propagando la enfermedad?
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"La gente dice, ¿por qué estás caminando por aquí propagando la enfermedad?", cuenta entre sollozos una mujer rubicunda y con el rostro enrojecido en un vídeo colgado en su página de Facebook. Esta mujer se llama Natalia. Es rusa y dice ser víctima del torbellino de pánico que ha generado el coronavirus en los alrededores de Moscú. Natalia vivía en la capital, pero al principio de la cuarentena se mudó con sus 3 hijos a su casa del pueblo, a unos 80 kilómetros de la capital rusa. Desde entonces, recibe insultos y amenazas a diario.

"Fui a una tienda y un hombre me golpeó en la carretera, me pegó así, con el puño, y me dijo, ¡lárgate de aquí! ¡Estás infectada con el coronavirus! Solo porque he venido de Moscú para ellos significa que estoy infectada. Esto es espeluznante", sentencia en una entrevista con euronews.

Las reglas de la cuarentena en Rusia permiten a Natalia quedarse en su casa del pueblo e ir a una tienda cercana para abastecerse de alimentos. Pero la población local es hostil y su caso no es una excepción.

"A los habitantes de Moscú y San Petersburgo, las ciudades con la mayoría de los casos de COVID registrados en Rusia, se les permite ir a sus dachas, pequeñas casas de campo, durante la cuarentena. Algunos alquilan casas de pueblo para aislarse allí. Pero la población local los percibe como un peligro y muchos vecinos están esperando con pánico las vacaciones de mayo, cuando vendrán multitud de visitantes de los principales focos de la epidemia", explica nuestra compañera Galina Polonskaya.

Anastasia Mironova es una de esas lugareñas que ven con malos ojos la libertad con que se mueven los recién llegados. Vive en un pueblo de la región de San Petersburgo. Periodista y bloguera, en sus artículos insta a las autoridades a proteger a quienes viven en los pueblos.

"El trabajo de las fuerzas del orden es garantizar el aislamiento de los propietarios de dachas, que pueden venir. Pero vienen y caminan por ahí, y van a la barbacoa, va de compras, sin medios de protección. Por alguna razón, la gente no entiende que se necesita una sola persona infectada, aunque ni siquiera tenga síntomas, para infectar a todo el pueblo", lamenta.

Según Anastasia Mironova, los hospitales locales no están bien equipados y un brote en este lugar sería un desastre. Lo que está pasando con Natalia y otros en una situación similar, dice, es "inevitable".

"La gente está neurótica, muy asustada, insatisfecha, el factor económico influye lo suyo, pues muchos se quedaron sin medios de vida. Lo que ocurre a Natalia es, por desgracia, trágico y triste, pero me parece que es inevitable. Si las autoridades no pueden tomar el control, estas cosas sucederán", augura.

Anastasia insta a las autoridades a que localicen a los propietarios de dachas procedentes de los principales focos de la pandemia en Rusia. Ella espera la llegada a su pueblo de muchos visitantes para las vacaciones de mayo, un peligro para aquellos que no tienen otro lugar al que ir.