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Un proyecto para proteger a los agricultores italianos

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Un proyecto para proteger a los agricultores italianos
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"Hasta ayer, cuando estaba trabajando tenia que obedecer. Cualesquiera que fueran las órdenes que me dieran, no puedo comentarlas. En este momento, en cambio, tengo la posibilidad de opinar, de pedir que se respeten los acuerdos; así que me he convertido en un sujeto ac tivo, no pasivo".

Es la voz de Lucia Pompigna y estamos en la llanura italiana de Metaponto, en Basilicata. Aquí, hace aproximadamente un mes, se confiscaron 14 granjas porque trabajadores como Lucía fueron tratados como ciudadanos de segunda clase en vez de como trabajadores con derechos.

IAMM es a la vez el acrónimo de "Soy un hombre" y la expresión "Vamos" en napolitano.

Este proyecto da a 50 mujeres trabajadoras como Lucía, productoras locales, distribuidoras y cadenas minoristas, la oportunidad de trabajar juntas respetando plenamente tanto los derechos como las necesidades comerciales.

"IAMM es el primer intento en Italia de construir una cadena de suministro transparente que sea ético en cada paso, desde la producción hasta la distribución y el consumo. Se trata de una cadena de suministro que tiene como objetivo la distribución justa del valor añadido que se determine, precios justos para los consumidores, producción de alta calidad, pleno respeto de los derechos. Esta es la comida ética para nosotros y esta es la cadena de suministro ética para nosotros", asegura Gianni Fabbris, cofundador del proyecto.

Un racimo de uvas cuesta al consumidor final 4 o 5 veces más que su coste de producción. Pero los grandes minoristas pagan cada vez menos a los productores, que se ven obligados a recortar costes, desgraciadamente empezando por el salario de los trabajadores. En cambio, las mujeres que participan en este proyecto ya no están obligadas que trabajar hasta 12 horas por unos 40 euros. Tienen contratos regulares y no trabajan más de 6 horas y media.

"No hablamos de ganancias porque somos una cooperativa. Trabajamos con los costes. Una vez que estemos satisfechos con todos los costes, vemos si podemos si poder hacer que las granjas sobrevivan. El beneficio no es un concepto para nosotros", asegura Vincenzo Santoro, de Aba Bio.

Lucia Pompigna reflexiona acerca de cómo ha cambiado su situación: "Ahora sé que hay un grupo de gente a mi alrededor que me apoya, algo que antes antes sentía menos. Porque desafortunadamente las trabajadoras tienen miedo, no te dan apoyo. Hay muy pocos que me han apoyado. Sufrí porque fueron castigados por estar a mi lado, porque ya no les dejaban trabajar."

Ella nunca dejó de luchar por sus derechos y al final ganó.