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Lukashenko sigue culpando a Occidente mientras las manifestaciones se suceden en Bielorrusia

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Lukashenko sigue culpando a Occidente mientras las manifestaciones se suceden en Bielorrusia
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Aleksander Lukashenko sigue señalando a Occidente. El presidente de Bielorrusia volvió a acusar este viernes a la OTAN de estar llevando a cabo "planes agresivos" para derrocar a su Gobierno. El mandatario se mantiene firme en su posición de contrarrestar dicha presión exterior con el despliegue de tropas en sus fronteras con Lituania y Polonia.

"Nuestros militares informan de que las tropas inglesas de la OTAN han desplegado sus fuerzas para ejercicios militares justo en nuestra frontera", decía este viernes el mandatario en una nueva aparición pública. "¿Qué se supone que debo hacer?. Desplegué mis unidades en la frontera también, puse a la mitad del ejército en alerta máxima", se defendía Lukashenko.

Desde la vecina Lituania, mientras, advierten al líder bielorruso de las pésimas consecuencias que una guerra fría acarrearía para ambos y especialmente para Bielorrusia. Vilna responde así a la anunciada intención de Lukashenko de redirigir todos los flujos comerciales procedentes de puertos lituanos, y recuerda que hacer eso obligaría a Bielorrusia a tener que encontrar rutas alternativas a través de Letonia, Rusia o Ucrania. Una solución que les llevaría mucho tiempo y dinero.

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"Es demasiado pronto para considerar sanciones económicas a Bielorrusia, ya que pensamos que el pueblo de la nación no debe ser castigado", decía el ministro de Economía e Innovación de Lituania, Rimantas Sinkevicius. "El castigo debe ir dirigido a los políticos y actores que no están garantizando ciertos derechos humanos y entendimientos democráticos en este país".

Mientras tanto, las manifestaciones no cesan. Este viernes, docenas de mujeres se dieron cita en la Plaza de la Independencia de Minsk contra la renacida represión policial durante las protestas contra el Gobierno de Lukashenko.

De nuevo pudieron presenciarse varias detenciones que van sumándose a las más de 7000 que han tenido lugar desde el pasado 9 de agosto, fecha de inicio de un movimiento social que parece lejos de diluirse y cuyas consecuencias diplomáticas y políticas siguen siendo impredecibles.