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COVID-19: La lucha de una italiana por poder dar 'el último adiós'

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COVID-19: La lucha de una italiana por poder dar 'el último adiós'
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Tras el confinamiento del pasado mes marzo en Italia, los hospitales aplicaron duras restricciones para contener la propagación del virus. La consecuencia fue muy dolorosa emocionalmente. Miles de ancianos murieron solos en sus camas de hospital, sin el consuelo de una palabra o una caricia de sus familiares. La lucha de una mujer en Padua que no se pudo despedir de su padre ha cambiado la situación.

"Si nuestro sufrimiento puede ayudar a otros a no experimentar el mismo sufrimiento desgarrador, no será en vano y aliviará nuestras heridas, que no sabría cómo aliviar de otra manera", explica Maurizia Dalla Volta.

Maurizia Dalla Vota y su hermana, Alessandra, perdieron a su padre a finales de agosto. Tenía 92 años y era uno de los cardiólogos más reconocidos de Italia. Debido a las restricciones por la COVID-19, no pudieron acompañarle en sus últimos momentos.

"El mismo día que mi padre se estaba muriendo en soledad, hubo un picnic en Cortina con 500 invitados, uno de ellos dio positivo y por lo tanto tuvieron que hacer la prueba del hisopo a todos los demás", lamenta Maurizia.

Un paseo de cinco minutos separa la casa de Maurizia y Alessandra del hospital donde falleció su progenitor. El centro médico está al final de la calle. Tras lo ocurrido, Maurizia inició una intensa comunicación con la administración del hospital para que se cambiara la reglamentación, una petición desesperada que ha tenido respuesta:

"Se debe implementar un reglamento en nuestro hospital, imponiendo que en algunas condiciones específicas, como el riesgo de muerte, los parientes siempre deben poder visitar a sus seres queridos mientras están vivos", confirma Luciano Flor - Director General del Hospital de Padua.

Maurizia está librando su batalla no sólo por los pacientes y sus familiares, sino también por las enfermeras y los médicos, convertidos a su pesar en el único punto de contacto entre ellos en uno de los momentos más difíciles de sus vidas:

"Tienen que escuchar despedidas de corazón, palabras dramáticas, lágrimas, se les pide: 'por favor, denle una última caricia de nuestra parte'. Son como ángeles, hacen todo para aliviar el sufrimiento psicológico de todos, pero a costa de asumirlo ellos mismos", sentencia Maurizia.

Dalla Volta reclama para sí misma y para todos un retorno a "valores humanos" básicos que la pandemia apartó de un manotazo.