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Las protestas no cesan en Birmania a pesar de las restricciones y represiones del Ejército

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Por Euronews en español con EFE
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Las protestas no cesan en Birmania a pesar de las restricciones y represiones del Ejército
Derechos de autor  Aung-Shine/AP
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Continúan en Birmania las manifestaciones contra la junta militar que desde el pasado día uno controla el país.

Las calles de Rangún fueron este sábado escenario de nuevas protestas, dos semanas después del golpe de Estado y a pesar de la prohibición expresa de celebrar este tipo de concentraciones.

Las movilizaciones tuvieron lugar también en ciudades como Mandalay o Naypyidaw, exigiendo la puesta en libertad de Aung San Suu Kyi y la restitución de la democracia.

Desde el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se exigía también este viernes la liberación tanto de la líder birmana como del presidente Win Myint y otros altos cargos, condenando también la detención de activistas y periodistas a lo largo de estos días.

"Seamos claros: el uso indiscriminado de armas, letales o no letales, contra manifestantes pacíficos es inaceptable", condenaba la alta comisionada adjunta de la ONU para los Derechos Humanos, Nada Al-Nashif. "Más violencia contra el pueblo de Myanmar no hará más que agravar la ilegitimidad del golpe y la culpabilidad de sus dirigentes".

Más de 300 personas han sido detenidas a lo largo de las dos últimas semanas y numerosos manifestantes han resultado heridos. Las protestas no tienen lugar sólo en las calles, y las redes sociales se han convertido en el mejor vehículo de denuncia a lo largo de estos días, burlando el intento por parte de la junta militar de controlar internet con el bloqueo de páginas como Facebook o Twitter. Muchos usuarios burlan estas restricciones gracias a programas VPN, que permiten acceder a internet a través de servidores fuera del país.

El Gobierno militar, encabezado el general Min Aung Hlaing, justifica la toma de poder por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que la Liga Nacional para la Democracia, el partido liderado por Suu Kyi, arrasó, como ya hizo en 2015.