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La explotación y los abusos detrás de "un placer tan inocente y sano" como comer una fresa

La temporada de recogida de la fresa en Huelva comienza a finales de enero y se extiende hasta marzo.
La temporada de recogida de la fresa en Huelva comienza a finales de enero y se extiende hasta marzo.   -   Derechos de autor  Photo by Oliver Hale on Unsplash
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"Aquí estoy con una fresa y pensando qué fuerte que un placer tan inocente y tan sano tenga detrás tanta explotación, tantos abusos y la vulneración de derechos de tantísimas mujeres", afirma la actriz española Alba Flores, una de las protagonistas de la serie La Casa de Papel, mientras sujeta el fruto rojo en la mano.

El vídeo, al que se han unido otros muchos artistas españoles, forma parte de la campaña #ComeConDerechos lanzada por el colectivo de las Jornaleras de Huelva en Lucha en plena temporada de la fresa para valerse del creciente auge de la alimentación saludable como marco de denuncia de la explotación laboral de la que son objeto.

"Queremos aprovechar el 'boom' de concienciación sobre la alimentación, la forma de consumir y la forma de alimentarnos", explica a Euronews Ana Pinto, portavoz de Jornaleras de Huelva en Lucha.

A su juicio, ha llegado el momento de que movimientos como el vegetarianismo, el veganismo o el agroecologismo pongan encima de la mesa los derechos humanos.

España es el principal productor europeo de frutas y verduras. En Huelva, al sur del país, el cultivo de fresas genera unos 500 millones de euros de ingresos anuales.

Pero el sector del "oro rojo" está altamente feminizado y racializado, apunta Pinto, lo que, asegura, une al cóctel de abusos propios de la actividad, el racismo y el machismo.

El informe EUxploitation publicado por la ONG italiana Terra! define "el modelo Huelva" como una práctica profundamente discriminatoria observada en estos campos: los empleadores incluyen entre los requisitos de selección de las jornaleras que sean madres. "El vínculo con un hijo en su país de origen es una garantía para el empleador de que se respetará la cláusula de retorno al hogar", señala la investigación.

Pinto confirma que los que contratan las prefieren sin papeles, viviendo en chabolas y pagándoles la mitad de lo que pagarían a las jornaleras del pueblo. Al final todas acaban siendo precarias. Las que llegan porque se tienen que someter a esas condiciones laborales y las que ya estaban allí porque ven reducida al mínimo la oferta de puestos de trabajo.

"La vida cada vez es más dificil, hay menos trabajo, el paro es una miseria y además nos han subido el impuesto del sello agrícola de unos 97 a 127 euros con la subida del salario mínimo", relata Pinto. "La gente tiene que emigrar de los pueblos, la vida es muy precaria, acabamos hipotecando a nuestros abuelos, y también deriva en que entre la gente de aquí se están creando unos discursos de odio muy fuertes contra la población migrante, con el discurso de robo de trabajo", lamenta.

Esta es la realidad que hay detrás de una fresa de Huelva.

Una situación que tan solo ha empeorado durante la pandemia. Pinto habla de trabajadoras que no consiguen llegar a sus puestos de trabajo porque ya no pueden compartir coche, de miedo al contagio de la COVID-19 con constantes brotes encubiertos por los empleadores y de presiones a los trabajadores para que se tomen la baja voluntaria, a pesar de que esto les impide solicitar el paro.

Euronews viajó al sur de España el pasado mes de julio en el marco de la investigación Trabajadores Invisibles y allí recogió los testimonios de más de 20 antiguos y actuales recolectores de fruta en Huelva.

Muchos dijeron que no se les daban mascarillas ni guantes para evitar el contagio de la COVID-19. Todos se quejaron de las horas no pagadas, las duras condiciones de trabajo y la fuerte presión para recoger grandes volúmenes de fruta.

José Antonio Brazo, representante sindical de la SAT en Huelva, explicó entonces que los que no eran lo suficientemente productivos recibían un castigo: "Es medieval. Si no se cobra la cantidad solicitada, hay castigos de uno, dos o tres días en los que te quedas en casa sin pagar. Así que, en esos días, no puedes llevar dinero a casa".

Pero lo que ocurre en Huelva no es una situación única en el continente, E(U)xploitation recorre el sur de Europa enumerando casos de graves abusos laborales, desde la recolección del tomate y del espárrago en Italia hasta la recogida de la fresa en Grecia.

El problema es la dificultad para encontrar testimonios que puedan poner rostro a los abusos. "Yo perdí mi trabajo, por eso doy la cara", apostilla Ana Pintos y reconoce que muchas de sus compañeras no pueden permitirselo: "si protestas no vas a trabajar más".