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Pablo Iglesias se va, dejando una huella indeleble en la política española

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Por Rafael Cereceda con AFP
Pablo Iglesias en imagen de archivo, al convertirse en ministro y vicepresidente segundo del Gobierno
Pablo Iglesias en imagen de archivo, al convertirse en ministro y vicepresidente segundo del Gobierno   -   Derechos de autor  Manu Fernandez/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved.
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"Renuncio a todas mis funciones, dejo la política en el sentido de política partidista, de política institucional", para no ser "un obstáculo a una renovación del liderazgo que debe darse en nuestra fuerza política" ha dicho Pablo Iglesias la pasada noche tras la demoledora victoria del conservador Partido Popular en las elecciones regionales de Madrid.

El líder y fundador de Podemos acumula en menos de diez años una serie de victorias y derrotas inéditas y ha aportado un estilo político hasta entonces desconocido en el panorama político español, incluso en Europa.

Trajo aires nuevos en la estética, su icónica coleta y su barba, la vestimenta informal, pero también en la ética. Aportó una retórica distinta a la que manejaban el resto de líderes y una forma de entender la estrategia política que le ha llevado a renunciar a todo cuando era número tres del Gobierno nacional.

Con su larga melena recogida en una coleta o moño, este ex profesor de Ciencias Políticas de 42 años es uno de los principales rostros de la política española desde la creación en 2014 de la formación de izquierda Podemos, heredera del movimiento Indignados y de las masivas protestas contra la austeridad que ocuparon las calles en 2011.

Podemos y Pablo Iglesias consiguieron lo que parecía imposible: entrar en el Parlamento Europeo en 2014, meses después de registrarse como partido, con cinco escaños, como la cuarta fuerza política española.

Los que le miraban como un extraterrestre, comenzaron a ver a Pablo Iglesias como un adversario político a tener en cuenta.

Iglesias se incorporó al Gobierno en enero de 2020 como vicepresidente segundo del Gobierno presidido por el socialista Pedro Sánchez, pero sorprendió a todos en marzo cuando renunció a presentarse a las elecciones autonómicas en Madrid, en un intento de salvar a Podemos de una derrota en uno de sus bastiones.

Pero perdió la apuesta. A pesar de su presencia -o quizás debido a la animosidad que despierta en muchos de sus detractores- los partidos de izquierda no consiguieron vencer a la derecha, que lleva 26 años en el poder en la región.

El revés ha precipitado el final de la carrera política de Iglesias, que ya tenía previsto pasar el testigo al frente de Podemos a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.

"Cuando dejas de ser útil, tienes que saber retirarte", dijo mientras Podemos se situaba muy por detrás de Mas Madrid, formación rival en la izquierda de la izquierda.

Militante desde siempre

La política siempre ha corrido por las venas de Pablo Iglesias, nacido en Madrid el 17 de octubre de 1978 y bautizado por sus padres en honor a otro Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el siglo XIX.

Hijo de un abogado y un inspector de trabajo encarcelados durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), se afilió a las Juventudes Comunistas a los 14 años.

Este temprano activismo le llevó a interesarse por los movimientos antiglobalización y las nuevas formas de socialismo que surgían en América Latina.

A lo largo de una brillante carrera académica, Pablo Iglesias obtuvo una licenciatura en Derecho, un máster en Comunicación y un doctorado en Ciencias Políticas.

Dio clases en la Universidad Complutense de Madrid, donde conoció a los que serían el equipo fundador de Podemos como Juan Carlos Monedero o Santiago Alba Rico.

El "asalto" al Parlamento Europeo y al Gobierno de España

Con el puño en alto y coreando "Sí se puede", Iglesias y sus compañeros de Podemos entraron en el Parlamento Europeo en 2014 y en 2015, junto a los liberales de Ciudadanos, acabaron con el bipartidismo socialista/conservador español.

Denunciando con furia la austeridad y la corrupción de la "casta" política y económica, Podemos, cuyos diputados destacan en el ambiente silenciado de las Cortes por su aspecto, se convierte entonces en la tercera fuerza política española.

El sueño de Podemos de superar a los socialistas para representar a la izquierda alternativa fracasó.

Pero finalmente llegó a un acuerdo con su rival político a la izquierda para derrocar al conservador Mariano Rajoy en 2018 y formar el primer gobierno de coalición del país desde el fin de la dictadura franquista con los socialistas el año pasado.

En el Gobierno, había hecho del bloqueo de los alquileres o de la derogación de una reforma conservadora del mercado laboral sus principales caballos de batalla. Muchas de las medidas sociales aprobadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez han sido duramente negociadas por Podemos.

Carismático, Pablo Iglesias, que destaca en los debates televisados, ha sido el alma de la formación desde el principio, hasta el punto de que su rostro y su coleta aparecieron en las papeletas de las elecciones europeas de 2014.

Mansión con piscina

Un hiperliderazgo que rápidamente generó divisiones en el partido, que dirigió con su pareja, la ministra de Igualdad Irene Montero, como mano derecha.

Con ella, Pablo Iglesias, que se preciaba de haber crecido en el modesto barrio obrero de Vallecas, en Madrid, compró un chalet con piscina de más de 600.000 euros en el extrarradio de la capital, donde viven con sus tres hijos, lo que causó revuelo en el partido.

Apasionado y sincero para sus partidarios, demagogo para sus detractores, principalmente en la derecha española, que critican sus vínculos con Venezuela, hace tiempo que se le compara con Alexis Tsipras, el líder de la izquierda radical griega que gobernó de 2015 a 2019 mientras fustigaba la austeridad presupuestaria de Bruselas.

Su estilo político inédito provocó las reacciones más encontradas. Llegó a tener militantes de la derecha merodeando en torno a su domicilio y recibir amenazas junto a otros miembros del Gobierno.

En cualquier caso el breve paso de Iglesias ha marcado para siempre la política española con el fin del bipartidismo tradicional y convirtiendose en la prueba de que otra forma de hacer política es posible, aunque a un precio alto en términos de crispación del debate.