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Un millón y medio de niños perdieron a uno o dos de sus cuidadores debido a la COVID-19

Por Juan Carlos De Santos Pascual
Nacimiento de un bebé en Malawi
Nacimiento de un bebé en Malawi   -   Derechos de autor  Thoko Chikondi/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved.
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La revista The Lancet ha elaborado un estudio global sobre la otra pandemia, la de los niños que se han quedado sin padres o sin abuelos. Han perdido en unos meses a esos cuidadores que estaban a su lado antes de febrero o marzo DE 2020 cuando se declaró la pandemia de la COVID-19. En su estudio01253-8/fulltext) investigan no solo la pérdida de los progenitores, también de los abuelos. Muchos niños estaban al cuidado de un abuelo y lo han perdido, otros estaban al cuidado de sus padres y también los han perdido. Según la investigación, un millón y medio de niños ya no tienen a su padre, a su madre, a los dos o a alguno de sus abuelos.

“Necesitamos responder rápido, por cada 12 segundos un niño pierde a un cuidador por la COVID”, afirma en un comunicado una de las autoras del estudio, la profesora de la Universidad de Oxford y la Universidad de Ciudad del Cabo, Lucie Cluver.

Por eso los responsables del estudio han llamado la atención sobre estas cifras para que no queden en el olvido los cientos de miles de niños que se han quedado solos o han perdido el sustento de uno de sus cuidadores.

Sin embargo, las cifras que contempla el estudio son hasta abril de este año cuando la cifra de muertes ascendía a 3 millones en todo el planeta. Desde ese mes el mundo ha tenido que lamentar otro millón más de muertes, por lo que la cifra de niños que han perdido a sus cuidadores ha aumentado.

Reclaman ayudas para que estos niños no queden en el olvido

La orfandad seguirá ahí y no desaparecerá, aunque las vacunas ayuden a solventar la situación y el virus se haga menos letal. Así que sus autores advierten de que estos niños no queden en el olvido.

Antes de que se declarase la pandemia las cifras de huérfanos rondaban los 140 millones en todo el planeta. Sin embargo, no había modelos que explicasen cuántos menores se habían quedado sin cuidadores hasta la publicación de este estudio. La investigación extrae datos de 21 países en los que se presenta el 77% de los casos de muertes por COVID-19.

La metodología del estudio se inspiró en investigaciones anteriores sobre las tasas de orfandad asociadas a la epidemia del SIDA. Los investigadores no han tenido en cuenta a los abuelos que no formaban parte de la unidad familiar porque no ha sido posible, pero las cifras habrían sido mayores.

En un desglose más detallado el estudio determina que de ese millón y medio, alrededor de un millón habrían perdido a uno de sus progenitores. En la mayoría de los casos era el padre. De hecho, es cinco veces mayor la cifra de pérdida de padres que de madres, según la investigación. 92.000 niños perdieron a un abuelo que les cudidaba, y 428.000 más perdieron a un abuelo que no tenía la custodia pero que si residía con la familia del menor.

Esto significa que estos menores que perdieran a sus progenitores o abuelos corren el riesgo de sufrir efectos adversos profundos a corto y largo plazo en su salud, seguridad y bienestar. Pueden ser desde un mayor riesgo de enfermedades, suicidios, abusos físicos, violencia sexual hasta el riesgo de embarazo en la adolescencia. Por ello los responsables del estudio reclaman acciones urgentes para abordar el impacto de las muertes de los cuidadores en los niños dentro de los planes de respuesta a la pandemia.

El estudio se ha encontrado con la dificultad de determinar qué datos son de COVID, ya que muchos países no reportaron un buen número de casos respecto a la pandemia. En Brasil, por ejemplo, se estimó que el exceso de muertes al comienzo de la pandemia era entre un 33% y un 5% mayor que las muertes reportadas por COVID-19. Al desconocerse el verdadero alcance de estas cifras en los distintos países, el estudio podría llevar a subestimar a los niños en riesgo (es decir, los niños huérfanos o sin cuidadores) y a las subsiguientes deficiencias en la movilización de las ayudas necesarias.

¿En qué países los niños se han visto más afectados?

Dentro de los 21 países que han tenido en cuenta para el estudio los más afectados han sido los niños de Perú, Sudáfrica o México. Las cifras tienen en cuanta a cuantos niños han perdido uno o dos cuidadores:

  • Perú (1 niño por cada 100, con unos 98.975 niños afectados)
  • Sudáfrica (5 niños por cada 1,000, con unos 94.625 niños afectados)
  • México (3 niños por cada 1,000, con un total de 141.132 niños afectados)
  • Brasil (2 niños por cada 1,000, con un total de 130.363 niños afectados)
  • Colombia (2 niños por cada 1,000, con un total de 33.293 niños afectados)
  • Irán (más de 1 niño por cada 1,000, con un total de 40.996 niños afectados)
  • EEUU (más de 1 niño por cada 1,000, con un total de 113.708 niños afectados)
  • Rusia (1 niño por cada 1.000, con un total de 29.724 niños afectados)

Como esta investigación se ha limitado a las muertes relacionadas con la COVID-19 solo durante el último año, las estimaciones del equipo de Hills no tienen en cuenta a los niños que ya habían perdido a un ser querido antes de la pandemia.

En el continente africano, por ejemplo, las tasas de orfandad están muy asociadas a la epidemia de VIH/SIDA y es probable que algunos de los niños que perdieron a uno de sus padres a causa del COVID-19 ya habían perdido a otro padre o cuidador, lo que agrava aún más la situación para estos niños y aumenta la necesidad de un soporte más intensivo y adicional.

Los autores también permiten extraer datos de España donde 2.400 niños perdieron a uno o ambos padres y hasta6.200 han perdido a alguno de sus cuidadores, ya sea un progenitor o un abuelo que vivía con él en la misma unidad familiar.

Los autores llaman la atención sobre la elevada carga de trabajo de los sistemas públicos de salud en cuento al tema de la salud mental en estos tiempos, por eso recomiendan que es probable que los servicios de apoyo sean más factibles y eficaces cuando se aborden y ofrezcan en colaboración con las escuelas, las iglesias, los trabajadores sanitarios y las ONG.