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Viena | Locos por los helados italianos desde el siglo XIX

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Por Carmen Menéndez
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Un heladero sirve una helado en Viena
Un heladero sirve una helado en Viena   -   Derechos de autor  Betsy Vereckey/AP2008
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Nos encontramos en Viena. Son las diez de la mañana y la heladería de Silvio Molin-Pradel recibe a sus primeros clientes. La familia de este heladero vende helados italianos en Viena desde 1886, cuando llegaron desde un valle de los Dolomitas.

"Venimos de Val di Zoldo, un valle en los Dolomitas. En los años 1880, allí había mucha pobreza y la gente tuvo que buscarse la vida", dice Silvio, que explica que su familia vendía helados en puestos ambulantes.

La población de la capital austríaca se aficionó a estos helados durante el Imperio Austrohúngaro. Al principio, solo era un privilegio de reyes, pero los pequeños vendedores italianos lo popularizaron. Silvio explica el secreto para fabricar un buen helado.

"Un buen helado italiano debe hacerse con productos naturales. Nosotros utilizamos leche ecológica. Compramos la leche, la mantequilla, la nata, el yogur y la fruta, que debe ser fresca, todos los días__", resume.

Hoy en día, Viena tiene la mayor densidad de heladerías de Europa, hay 367 para una población de 9 millones de habitantes. Cada austriaco consume de media unos ocho litros al año, dos más que los propios italianos.