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Directora de cine afgana relata su huida de Kabul

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Por Reuters
Directora de cine afgana relata su huida de Kabul
Directora de cine afgana relata su huida de Kabul   -   Derechos de autor  Thomson Reuters 2021
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Por Margaryta Chornokondratenko

KIEV, 18 ago – Sahraa Karimi llevaba casi tres horas esperando en la fila para sacar dinero de un banco de Kabul el domingo, cuando el director del banco se acercó y la instó a marcharse, con el sonido de los disparos resonando en la distancia.

Karimi, directora de cine afgana y primera mujer en dirigir la Organización del Cine Afgano, gestionada por el Estado, decidió en el acto huir junto a sus hermanos y a sus sobrinas de Afganistán, aun sabiendo que el aeropuerto de Kabul era un caos.

En un hotel de Kiev, en Ucrania, contó a Reuters su huida, que, según ella, se produjo con la ayuda de los gobiernos turco y ucraniano.

“Me llevé a mi familia. Dejo mi casa, dejo mi automóvil, dejo mi dinero, dejo todo lo que tengo”, dijo.

La joven de 36 años ha dado la voz de alarma sobre el regreso del régimen talibán, afirmando que estrangularía la industria cinematográfica y los derechos de las mujeres.

“No apoyan el arte, no valoran la cultura y nunca apoyarán este tipo de cosas”, dijo Karimi. “Y tienen miedo de las mujeres educadas e independientes”, dijo, añadiendo que los talibanes querían que las mujeres estuvieran “ocultas e invisibles”.

Los talibanes dicen que respetarán los derechos de las mujeres en el marco de la ley islámica, mientras un alto dirigente talibán ha dicho que su papel lo decidirá un consejo de eruditos islámicos.

Tras salir del banco y no poder encontrar un taxi para volver a casa, Karimi empezó a correr por las calles. La directora, cuya película “Hava, Maryam, Ayesha” se presentó en el festival de cine de Venecia en 2019, se filmó a sí misma mientras corría, en un video publicado en Instagram con más de 1,3 millones de visitas.

Karimi y su familia debían salir en un vuelo que evacuaba a ciudadanos ucranianos, dijo, pero mientras miles de afganos se agolpaban en el aeropuerto con la esperanza de escapar, el acceso a su vuelo se cortó y partió sin ellos.

“El momento en que perdimos el primer avión fue el más triste de mi vida, porque pensé: ‘Bueno, ya no podemos irnos, nos quedamos’”, dijo, y añadió que le preocupaba que los talibanes tuvieran como objetivo a su familia y no a ella.

Quería que sus sobrinas vivieran en un país en el que “te dan libertad y tienes tu educación. Como ser humano deberías tener un valor, pero bajo las reglas de los talibanes, bueno, vives, pero una vida miserable”.

Esta semana circularon imágenes en las redes sociales de afganos corriendo hacia un avión militar estadounidense y aferrándose a su costado.

“Mucha gente llegó al aeropuerto y simplemente, ya sabes, (estaban) como abrazando (al) avión, sólo para llevarlos. Estaban tan desesperados”, dijo Karimi.

Tras perder el primer avión, Karimi volvió a ponerse en contacto con los funcionarios que la ayudaban. Le dijeron que se apartara de la multitud y, horas después, unos funcionarios a los que no identificó llevaron a su familia a otra parte del aeropuerto, desde donde ella y su familia embarcaron en un vuelo turco con destino a Ucrania.