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"La guerra de nuestros días" es el drama de la inmigración denuncia el papa desde Chipre

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Por Feyrouz  con EFE/AFP/AP
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El papa con unos migrantes en la iglesia de la Santa Cruz, en Chipre
El papa con unos migrantes en la iglesia de la Santa Cruz, en Chipre   -   Derechos de autor  Alessandra Tarantino/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved

Lo ha dicho por activa y por pasiva y lo ha vuelto a repetir con otras palabras.

El papa Francisco ha denunciado una vez más el drama de la inmigración y esta vez, en Nicosia, la capital de Chipre, no ha dudado en declarar que "es la guerra de nuestros días" y los "campos" en el norte de África "son como los campos de concentración del nazismo o soviéticos."

"Hermanos y hermanas, está ocurriendo hoy; en las costas vecinas, hay puentes de esclavitud. He visto algunos testimonios filmados de esto, con lugares de tortura, de venta de personas. Y digo esto porque es responsablidad mía ayudar a abrir los ojos".

El papa también recordó a las víctimas mortales de esta 'guerra': " todos los que se han quedado en el camino" en "este mar que se ha convertido en un cementerio"; y a los que "empezaron este trayecto en condiciones durísimas y aún ni han llegado".

Y lo recalcó en la Iglesia de la Santa Cruz, ante migrantes que huyeron de Sri Lanka, Camerún, Irak y Congo. Y las heridas son profundas como confirma el testimonio de un iraquí que detalló su periplo ante el papa y ante todos los presentes, entre ellos Pierbattista Pizzaballa, actual patriarca latino de Jerusalén de cuya jurisdicción eclesiástica depende Chipre.

"He tenido que huir de la violencia, las bombas, los cuchillos, el hambre y el dolor. Me han obligado a recorrer carreteras polvorientas, me han empujado dentro de camiones, me han escondido en maleteros de coches, me han arrojado a embarcaciones de fortuna, me han engañado, explotado, olvidado, negado", denunciaba Rozh, un joven iraquí.

Pero la esperanza de una vida mejor prevalece como proclamó la adolescente Mariamie, procedente de la República Democrática del Congo.

"Sueño con ser la mejor de mi clase y con ser médico. Y sueño con ser bienvenida en todas partes, aquí en la iglesia, en las aulas y en las tiendas".

Para predicar con el ejemplo, Francisco va a acoger en Roma a unos cincuenta migrantes llegados a Chipre, el país que más refugiados recibe en comparación con su población. Su traslado y acogida ha sido posible gracias a un acuerdo entre la Secretaría de Estado, las autoridades chipriotas, la sección de migrantes del Vaticano y la Comunidad de San Egidio.

Las 50 personas que irán a Roma se encuentran en dos campos de refugiados de Chipre y son de varias nacionalidades. Muchos de ellos proceden de la llamada línea verde, que divide la isla desde la invasión turca en 1974, lo que indica que llegan desde Turquía a la autodenominada República Turca del Norte de Chipre con la esperanza de poder así entrar en suelo de la Unión Europea cruzando esta línea de demarcación entre el norte y el sur de la isla.

El presidente de Chipre, Nikos Anastasiadis, agradeció al papa Francisco este gesto, que calificó de altamente "simbólico" de cara a la necesidad de revisar la política migratoria de la Unión Europea.

En abril de 2016 el papa ya había sorprendió al mundo al llevarse de Lesbos al Vaticano a una docena de sirios, miembros de tres familias, en un gesto con el que respondía a la pasividad que demostraba Europa a la hora de reubicar a los refugiados atrapados, en este caso, en las islas griegas.