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Predicar con el ejemplo: políticos europeos que se han saltado las restricciones

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Por Pablo Ramiro
El primer ministro británico, Boris Johnson, monta en bicicleta mientras asiste a un mercado de alimentos y bebidas del Reino Unido instalado en Downing Street, en Londres
El primer ministro británico, Boris Johnson, monta en bicicleta mientras asiste a un mercado de alimentos y bebidas del Reino Unido instalado en Downing Street, en Londres   -   Derechos de autor  Frank Augstein/Copyright 2021 The Associated Press. All rights reserved

Mientras los ciudadanos británicos pasaban unas fiestas más que austeras, con un confinamiento muy severo en comparación con muchos de su vecinos europeos, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, disfrutaba de buen queso, embutido y el mejor vino en una fiesta en Downing Street. Era 29 de diciembre de 2020 y, por aquel entonces, el premier veía la pandemia como un catarro que solo afectaba a las personas mayores. Tuvo que pasar por el hospital para cambiar de opinión.

Este tipo de acciones, según el asesor de comunicación y director de la consultoría Ideograma, Antoni Gutiérrez-Rubí, “afecta a su ejemplaridad y, por ende, a su reputación como líderes. La ejemplaridad y la coherencia en la vida privada son deseables, convenientes”. Dos atributos, explica el expero, que “en la vida pública (y en la responsabilidad política), además, son exigibles”. Sin embargo, el de Johnson no es un caso aislado.

“¡Soy el alcalde de Badalona!”

Sin embargo, Alex Pastor, ex alcalde de Badalona, aludía a su cargo para tratar de evitar una sanción cuando le pararon por saltarse las restricciones. “¡Soy el alcalde de Badalona!", gritaba en mayo del año pasado Pastor, cuando los Mossos de Esquadra le detenían por conducir, con mucha más tasa de alcohol en sangre de la permitida, por el centro de Barcelona, en el momento más álgido de la pandemia y con todo el país confinado. El alcalde socialista pasó una noche en el calabozo de la comisaría, que debió servirle para recapacitar; dimitió al día siguiente.

Para Gutiérrez-Rubí, hay algo incuestionable que se les pide a los políticos: “que se merezcan nuestra confianza, que nos la devuelvan en forma de credibilidad y servicio. Exigimos políticos ejemplares. Siempre. Y esto ocurre, principalmente, porque quienes ostentan cargos públicos tienen mayores niveles de responsabilidad”.

Otro caso preocupante fue el de Dominic Cummings, mano derecha y principal asesor de Johnson, que condujo junto a su mujer, desde Londres hasta su ciudad natal, Durham, pese a que ambos presentaban síntomas claros de Covid-19. Sucedió en marzo de 2020 y, como a Pastor, a Cummings esta acción le costó el cargo.

“Lo siento mucho”

La jovencísima Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, también tuvo un pequeño desliz hace unos días. Después de tener contacto directo con un paciente de Covid-19, fue vista en una discoteca.

Aunque si se tiene la pauta completa de vacunación (Marin no las tiene),las autoridades del país no obligan a hacer cuarentena cuando se ha estado en contacto con un positivo, sí recomiendan un test de antígenos y evitar las aglomeraciones. Marin de 36 años, pidió disculpas, "debería haber tenido mejor criterio el sábado por la noche y haber comprobado las instrucciones que había recibido por segunda vez", dijo la primera minsitra, “lo siento mucho”, concluyó.

“Predicar agua y beber vino”

El primer ministro de la República Checa, Andrej Babis, pidió la dimisión del ministro de Sanidad, Roman Prymula, después de que el segundo acudiese a un restaurante cuando los establecimiento debían permanecer cerrados y funcionar solo con pedidos a domicilo.

Prymula se negó a dimitir y aseguró que se trataba de una reunión de trabajo con el Jaroslav Faltinek, líder parlamentario que, además, pertenece al partido del primer ministro. "Aquí no se puede predicar agua y beber vino", decía Babis al ministro de Sanidad. Mientras tanto Prymula, médico epidemiólogo, se excusaba asegurando que estaban solos y con ciertas medidas de seguridad.

“Les observamos, vigilamos y juzgamos” explica Gutiérrez-Rubí. “La ejemplaridad”, continúa el experto, “se ha convertido en una demanda ciudadana ineludible y, en consonancia, en una aptitud muy bien tasada en toda construcción de liderazgo”.

Orgía y drogas en plena pandemia

József Szájer dió en 2020 uno de los titulares más llamativos de aquel año. Acudió a una orgía gay, en plena pandemia, con drogas en la mochila, siendo eurodiputado y una de las figuras clave del partido conservador y antiLGTBI del primer ministro húngaro Viktor Orbán.

Sin embargo, las contradicciones intrínsecas a aquel asunto hicieron que el foco no se centrase tanto en el hecho de que Szájer se saltase las restricciones, como en la violación de principios que supuso para su partido. "Lo que ha hecho József Szájer no es compatible con los valores de nuestra comunidad política”, explicaba a la prensa un dolido Orbán. El abandono de Szájer fue casi instantáneo.

Otro miembro del Parlamento Europeo que perdió su cargo fue el comisario de comercio europeo, el irlandés Phil Hogan, acusado de viajar a la República de Irlanda, participar en una cena en un club de golf con más de 80 personas y moverse por condados con medidas de confinamiento. Hogan se disculpó con los irlandeses y acabó dimitiendo por las presiones del Gobierno de coalición de su país.

“Ante la falta de ejemplaridad, aunque la ciudadanía se tome con igual seriedad y responsabilidad las restricciones, lo hará con más enojo, puesto que van a sentir que ellos deben cumplir, pero no lo hacen destacados miembros del Gobierno”, concluye Gutiérrez-Rubí .