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La pesca de grandes buques extranjeros asfixia a la pesca tradicional en Senegal

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Por Valérie Gauriat  & Euronews
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Witness   -   Derechos de autor  euronews

El desarrollo de la prosperidad y la prevención de la inmigración ilegal son algunos de los temas que figuran en el orden del día de la cumbre de febrero entre la Unión Europea y la Unión Africana.

En esta edición de Euronews-WITNESS, la reportera de Euronews, Valérie Gauriat, nos lleva a Senegal para ver cómo estos dos temas están intrínsecamente relacionados. La periodista viajó a Saint-Louis, un lugar de gran importancia para la pesca, donde la comunidad está luchando contra el agotamiento de los recursos. Mientras muchos consideran al acuerdo de pesca entre la Unión Europea y Senegal, como una gran amenaza para su medio de vida, la crisis empuja a decenas de jóvenes a emigrar, de manera ilegal, a Europa.

Mientras viajaba en coche desde Dakar, la capital de Senegal, hasta la ciudad costera de Saint-Louis, a cuatros horas de viaje por carretera, Valérie Gauriat no pudo evitar sonreír al recordar viejos tiempos. A su memoria, volvían las experiencias vividas en su anterior visita, hace unos 20 años. Ahora, como entonces, llegaba a un reconocido lugar de interés turístico, pero también de pesca.

Decenas de coloridas embarcaciones, a la orilla de las soleadas playas de arena blanca de la costa atlántica. Decenas de tripulaciones compuestas por orgullosos pescadores ‘lebou’, los más reputados de Senegal, descargando cajas llenas hasta los topes de pescado. Mujeres seguidas por sendas de niños alegres, luchando por conseguir su parte de las capturas, para procesarla o venderla en la zona.

Escenas de otro mundo, y de otra época

Carcomida por la erosión y cubierta de basura, las arenas de la franja de Barbarie han sido abandonadas por los barcos de pesca, que ahora desembarcan sus capturas en las orillas del río Senegal.

La agitación sigue presente. Pero el regocijo que había presenciado hace tanto tiempo, ha sido sustituido por la ira. "¡El pescado está podrido! Los barcos extranjeros están contaminando nuestro mar. ¡Mire esto!", gritaba una vendedora de pescado, agitando ante la cámara de la reportera, varios peces de aspecto lamentable. "Nos iremos tal y como hemos venido, sin nada", exclamaba otra de las vendedoras de pescado, mostrando a la periodista los cubos vacíos que se llevaría de vuelta a casa.

Culpan a los extranjeros del agotamiento de los recursos. "Sus barcos dificultan la pesca, contaminan el mar y capturan todo lo que solíamos pescar", indica Kala, capitán de un barco pesquero, antes de subir a su embarcación junto al resto de la tripulación.

Moustapha Dieng, pescador jubilado y héroe local, que dirige dos sindicatos de pescadores que se dedican a la pesca tradicional, presenciaba la escena.

Tras arremeter contra las prácticas ilegales de muchos barcos chinos que operan en la zona, se enfurece aún más por lo que considera “efectos nefastos del acuerdo de pesca entre la Unión Europea y Senegal, que permite a los barcos europeos pescar atún y merluza, más allá de la zona de 6 millas náuticas (unos 12 kilómetros), reservada a la pesca tradicional”.

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Típicas embarcaciones destinadas a la pesca tradicional en Saint-Louis, Senegal.Euronews

"Los europeos que pescan atún tienen que comprar alevines para utilizarlos como cebo vivo. Se trata de alevines que debemos dejar que crezcan para que puedan repoblar los mares. Los barcos que pescan merluza, son embarcaciones de pesca de arrastre de fondo y, eso… ¡está prohibido en Europa! Estos acuerdos diezman la pesca y crean una competencia desleal para la pesca tradicional", señala Moustapha Dieng, mientras el grupo de pescadores que está al lado asiente unánimemente.

Un día después de su primer encuentro, Valérie Gauriat vuelve a encontrarse con el capitán Kala, justo después de su regreso a tierra tras la pesca. Su mirada, como la del resto de tripulantes, destila cansancio.

"Nada, no hay nada", suspira. Había muchos barcos de pesca de arrastre no muy lejos de nosotros. Eran barcos españoles y chinos. Algunos están a apenas unas 3’5 millas náuticas (alrededor de 7 kilómetros), de la costa. Eso no está bien", indica el capitán Kala.

Tampoco está bien para Amina, una procesadora de pescado capturado por medio de la pesca tradicional, que se trasladó a Saint Louis con su familia, desde un pueblo pesquero devastado por la crisis; una localidad que se encuentra a seis horas de camino desde Saint Louis. Se mudaron en busca de una vida mejor. Pero… todo ha sido en vano.

"Salvo hoy, en dos meses no hemos podido procesar ningún tipo de pescado. Estamos muy cansados", afirma. "Si fuera por nosotros, buscaríamos ayuda contra estos barcos. Buscaríamos ayuda para que parasen su actividad y para que se hiciera todo lo posible para que pudiésemos conseguir pescado. Ya no quedan peces. Incluso enviamos a algunos de nuestros hijos en barcas a Europa. Algunos fueron a España, otros lo consiguieron y otros no", añade Amina.

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Mujeres encargadas de la venta de pescado en la localidad senegalesa de Saint-Louis.Euronews

"Un gesto de tristeza inunda su mirada. Tres de sus hijos han intentado llegar a las Islas Canarias en pequeñas embarcaciones de pesca. Solamente uno lo ha conseguido. Otro está desaparecido. Hace cuatro meses le informaron de que el tercero… había muerto en el mar.

Las autoridades de la Unión Europea con las que habló la periodista en Dakar, conocen muy bien las quejas de las comunidades pesqueras. Pero insisten en que el acuerdo pesquero apoya la sostenibilidad.

"Este acuerdo se basa en la existencia de un excedente de recursos. Si este excedente no existe, no puede aplicarse. El segundo punto importante es que la merluza y el atún, no son especies que pesquen los pescadores senegaleses que se dedican a la pesca tradicional. Por lo tanto, no hay competencia entre unos y otros", afirma.

Son argumentos que calman la ira de los pescadores de Saint Louis. Los jóvenes con los que se reúne la reportera se muestran inflexibles. "Una vez que se vende el pescado, no queda casi nada. No hay beneficios. Y no tenemos otro trabajo. Desde que nacemos solamente conocemos el mar, dependemos de él. Nadie se quedará aquí. ¡Todos nos iremos a España!", advierte un joven enfadado, de cuyas palabras, se hacen eco inmediatamente sus amigos.

Los programas financiados por la Unión Europea para ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo en el sector privado, pretenden ofrecer una alternativa al creciente número de adolescentes que intentan llegar a Europa. Abibou Ka ha contratado a varios de ellos, tras acogerlos como aprendices en su restaurante ‘Darou Salam’. Este empresario enérgico y de carácter afable está convencido de que los jóvenes pueden construirse un futuro en su propio país.

"Lo que queremos es transmitirles lo que tenemos. Queremos transmitirles la voluntad, la energía, para que puedan conseguir algo", asegura.

“Lo que quiero es que antes de que ‘Darou Salam’ celebre su décimo o decimoquinto aniversario, hayan salido del restaurante varios jóvenes convertidos en empresarios”, añade.

Un sueño que comparte Younouss, uno de sus protegidos y ayudante de cocina en el restaurante. Es uno de los muchos subsaharianos que intentaron llegar a Europa en barca, antes de ser atrapados por los guardacostas. Algo que, ahora, ve como un ‘golpe de suerte’.

"Tengo amigos que el año pasado naufragaron. Me afectó mucho", recuerda con tristeza. "Yo, no me arrepiento de que atraparan. Porque, ahora, tengo mi propia vida. Tengo planes, para crear un negocio propio", declara Younouss.

Crear un negocio propio sigue siendo una oportunidad que, todavía, parece reservada para unos pocos jóvenes en Saint Louis.

Precisamente por eso, el capitán Kala, un hombre robusto y que transmite calma, de unos treinta años de edad, cuenta a Valérie Gauriat que se aseguró de que todos sus hijos fueran a la escuela. Así, no quiere que sigan con la tradición familiar. NI, tampoco, que sigan el lema que escucha la periodista en ‘wolof’ y que se refiere a quienes sueñan con hacer la travesía a Europa: "Barça mba barzakh". Es decir: “Barcelona o… la muerte”.