Newsletter Newsletters Events Eventos Podcasts Videos Africanews
Loader
Encuéntranos
Publicidad

España refuerza su defensa silenciosa: la apuesta por la reserva voluntaria en lugar de la 'mili'

Miembros de la Legión, desfilando
Miembros de la Legión, desfilando Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Cristian Caraballo & Euronews en español
Publicado Ultima actualización
Compartir Comentarios
Compartir Close Button

España no recupera la mili obligatoria, pero refuerza su estructura de defensa sin llamar a reclutas y a través de reservas voluntarios. También se están desarrollando programas que mejoran la formación técnica. Es una forma de preparar al país para posibles contingencias, priorizando la eficiencia.

Desde el Ministerio de Defensa español insisten en que "en España no va a haber servicio militar ni está previsto que lo haya". Sin embargo, voces del entorno de las Fuerzas Armadas consideran que este tipo de programas pueden resultar útiles en caso de conflicto. No como sustituto del Ejército profesional, subrayan, sino como mecanismo para crear reservas que permitan cubrir bajas y reforzar la Defensa nacional. "No se trata de crear soldados para hoy, sino de tener reservas para mañana", explican.

César Pintado, profesor del CISDE, subraya el riesgo de convertir una eventual mili en "una cantera de soldados baratos y con poca formación". Según él, España aún no tiene un sistema de reserva realmente eficaz:

  • Reservistas de Especial Disponibilidad: 11.000 efectivos, con un coste mensual cercano a 8 millones de euros, pero sin plan de activaciones efectivo.
  • Reservistas Voluntarios: unos 3.000, con poca formación militar y edad media elevada.

Tampoco dentro de las Fuerzas Armadas hay entusiasmo por gestionar grandes volúmenes de personal. "El último reemplazo fue de unos 50.000 efectivos en 2001; una década antes podían llegar a 200.000. Vestir, alojar, alimentar e instruir a contingentes así probablemente colapsaría a las unidades", recuerda Pintado.

Como alternativa, propone una vía gradual basada en incentivos:

  • Aumentar la retribución de tropa y marinería al menos un 30%.
  • Crear cupos de reserva con los mismos criterios de selección y formación que el personal profesional.
  • Permitir distintas salidas: no renovación, permanencia en la reserva o incorporación a unidades en caso de necesidad.

"Esto daría margen tanto al Ejército como al propio interesado para valorar sus opciones", asegura Pintado.

Christian Villanueva, director de la revista 'Ejércitos', coincide en que el camino realista pasa por una reforma integral de la Reserva Voluntaria. Considera que el modelo actual "no sirve apenas para nada" y necesita revisión profunda si se quiere reforzar la defensa sin volver a esquemas del pasado.

El jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el almirante general Teodoro López Calderón, ha dejado claro que España no volverá al servicio militar obligatorio. En su lugar, subraya la importancia de fortalecer la reserva voluntaria, ampliando su número y aprovechando competencias del ámbito civil que complementen al Ejército profesional. Según López Calderón, un aumento progresivo del voluntariado sería "de gran utilidad" para mejorar la capacidad defensiva del país en un entorno internacional cada vez más incierto.

Las Fuerzas Armadas tienen previsto incrementar su plantilla en 7.500 efectivos entre 2025 y 2029, con el objetivo de superar los 130.000 militares en 2035, lo que refuerza la estrategia de disponer de un Ejército profesional sólido complementado por un sistema de reservas funcional y eficiente. En la última convocatoria para el año 2026 se autoriza la activación del siguiente número máximo de efectivos:

  1. Ejército de Tierra: Un máximo de 1.700 efectivos.
  2. Armada: Un máximo de 800 efectivos.
  3. Ejército del Aire y del Espacio: Un máximo de 750 efectivos.
  4. UCO,s ajenas a la estructura de los Ejércitos y de la Armada: Un máximo de 1.850 efectivos.

La opinión pública española sigue, no obstante, más dividida que en otros países. Un estudio de YouGov revela que el 42% de los españoles vería con buenos ojos la vuelta del servicio militar obligatorio. El porcentaje es inferior al registrado en Francia (68%), Alemania (58%) o Italia (49%), pero muestra que existe un respaldo social nada desdeñable, especialmente entre votantes conservadores y personas de mayor edad.

Mientras el Gobierno rechaza explícitamente recuperar la 'mili', el presidente Pedro Sánchez llegó a calificarla como "una pérdida de tiempo", en España empiezan a proliferar iniciativas privadas con ecos castrenses. Campamentos de verano con estética y disciplina militar movilizan ya a más de 2.000 jóvenes cada año y concentran alrededor del 5% de la facturación del sector, un fenómeno prácticamente inexistente hace una década.

Profesionalización e incentivos

Desde la experiencia acumulada a ambos lados del proceso de transformación de las Fuerzas Armadas, César Pintado, profesor del CISDE (Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa), vincula el rechazo social al servicio militar obligatorio a la memoria aún muy presente de su último modelo. "A falta de una nueva propuesta, la referencia inevitable sigue siendo la antigua 'mili", señala, un sistema que, subraya, "no era sostenible ni social ni operativamente".

Pintado recuerda que aquel servicio militar se caracterizaba por una escasa operatividad, consecuencia directa de una formación limitada y de la dificultad para emplear a los reclutas en misiones reales. "No había tiempo suficiente para aprender a manejar sistemas complejos", apunta. A ello se añadía un coste económico significativo para las familias, ya que "la paga no cubría ni siquiera los desplazamientos", así como una creciente sensibilidad social ante accidentes, denuncias de abusos o situaciones de arbitrariedad. En los años noventa, añade, tampoco existía una conciencia clara de Defensa: "Parecía imposible que España participara en una guerra". La ausencia de compensaciones, becas, incentivos fiscales o ventajas en transporte, y el elevado coste en tiempo, trabajo y recursos para gestionar grandes contingentes temporales terminaron, en su opinión, por condenar aquel modelo.

Con ese recuerdo aún vigente, Pintado considera "muy difícil vender el producto" a las generaciones que vivieron la 'mili', mientras que los jóvenes que han crecido sin esa obligación "tampoco admitirían de buen grado una nueva carga". No obstante, matiza que el problema actual de las Fuerzas Armadas no es la falta de vocaciones. "Hoy no hay escasez de candidatos ni en cantidad ni en calidad", afirma, lo que demuestra que el servicio puede resultar atractivo para jóvenes sin estudios superiores si ofrece condiciones adecuadas.

Entre esas condiciones, el profesor del CISDE menciona una retribución "al menos digna", oportunidades reales de empleo estable, salidas laborales claras y beneficios a largo plazo, como pensiones, becas o ventajas en oposiciones y vivienda protegida. En este sentido, cita ejemplos europeos. "Bélgica ha convocado 500 plazas para una 'mili' voluntaria de 12 meses con sueldos de unos 2.000 euros mensuales, con el compromiso posterior de pasar a la reserva durante diez años", explica. Alemania, añade, sigue una fórmula similar con un servicio voluntario incentivado que permite después incorporarse al Ejército profesional.

Un militar español, durante el desfile de las FF.AA. en Madrid.
Un militar español, durante el desfile de las FF.AA. en Madrid. AP Photo

La 'mili', frente a una sociedad que no la reconoce como propia

Desde una lectura sociopolítica y estratégica del debate, Christian Villanueva López, director de la revista 'Ejércitos', sitúa el rechazo al servicio militar obligatorio en una combinación de factores históricos, institucionales y culturales que van más allá de la mera organización de las Fuerzas Armadas. "La 'mili' arrastra un muy mal recuerdo colectivo", señala, asociada a una pérdida de tiempo, a abusos y a prácticas arbitrarias que siguen pesando en la memoria social.

A ese legado se suma, según Villanueva, un problema de legitimidad institucional. "A los Gobiernos les resulta mucho más fácil reclutar cuando gozan de una alta legitimidad", apunta, una condición que considera ausente en la España actual, marcada por la confrontación política y los casos de corrupción. En ese contexto, sostiene, resulta difícil exigir un sacrificio personal de carácter obligatorio.

El director de 'Ejércitos' subraya también el cambio de valores de las últimas décadas. "Los jóvenes son hoy mucho más reacios a defender a su país, al menos por las armas", afirma, en una sociedad donde la idea de servicio nacional ha perdido centralidad. Esa actitud se ve reforzada, añade, por la escasa percepción de amenaza. "Se cree que la amenaza rusa no nos afecta y las amenazas no compartidas se tienden a menospreciar", explica.

En cuanto a los posibles apoyos sociales a una eventual recuperación del servicio obligatorio, Villanueva considera que existen diferencias claras por edad e ideología, con la presencia de sectores nostálgicos de la 'mili'. Sin embargo, advierte de que el verdadero debate no está tanto en identificar segmentos más proclives como en resolver su encaje legal y político. "La Constitución es clara: todos los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España", recuerda, lo que implicaría que un servicio militar obligatorio debería plantearse de forma universal, "incluyendo también a las mujeres", un aspecto especialmente sensible en el actual contexto político.

Desde el punto de vista militar, Villanueva cuestiona además la eficacia de una 'mili' universal en el escenario actual. Aunque reconoce que los campos de batalla contemporáneos demandan más mano de obra que hace una o dos décadas, insiste en que esa masa debe estar debidamente formada y entrenada. "No vale con reclutas con pocos conocimientos que pasen unos meses por el SMO y no aporten valor añadido", advierte. Para un país como España, que ha invertido durante años en la profesionalización de sus Fuerzas Armadas, una vuelta a la conscripción generalizada supondría, a su juicio, "un retroceso" y una detracción de recursos que deberían destinarse a prioridades como la adquisición de material o el sostenimiento de capacidades.

Campamentos, disciplina y estética militar: el auge de iniciativas civiles

Mientras el Estado descarta recuperar la 'mili', proliferan en España iniciativas privadas con ecos castrenses. Campamentos de verano con estética militar, programas de disciplina y formación básica en supervivencia, primeros auxilios o defensa personal movilizan ya a miles de jóvenes cada año, especialmente en comunidades como Madrid, Castilla-La Mancha o la Comunidad Valenciana. En algunos casos, los instructores proceden o siguen vinculados al Ejército, y los participantes se autodenominan cadetes durante estancias de una o dos semanas.

El fenómeno no es exclusivo de España. En Dinamarca, la Guardia Nacional, un cuerpo de voluntarios civiles entrenados para emergencias y apoyo militar, vive un auge de reclutamiento sin precedentes desde la Guerra Fría. Solo en el primer trimestre se han inscrito más de 1.700 personas, muy por encima de los registros de años anteriores.

Con la guerra de Ucrania como telón de fondo, un aumento generalizado del gasto en defensa y las dudas sobre el compromiso futuro de Estados Unidos con la OTAN, Europa vuelve a mirar a los cuarteles. España, por ahora, se mantiene al margen. Pero el debate, como en otros países antes, empieza a abrirse paso.

La mirada de Europa

Además, el auge de iniciativas relacionadas con el servicio militar en Europa no se limita solo a Francia y Alemania. Croacia ha aprobado la reintroducción del servicio militar obligatorio a partir de 2026 como respuesta directa a las crecientes tensiones regionales y la percepción de amenaza rusa en el continente. Esto se suma a una tendencia más amplia en la Unión Europea y países vecinos: hasta nueve Estados miembros mantienen un sistema de conscripción en 2025, incluidos tradicionales defensores de la neutralidad como Noruega, Dinamarca, Suecia, Lituania, Letonia y otros países bálticos, todos ellos reforzando sus fuerzas y reservas ante la persistente incertidumbre geopolítica.

En Alemania, la reforma aprobada por el Parlamento contempla un híbrido entre voluntariado y obligatoriedad suavizada: todos los jóvenes de 18 años deberán registrarse y pasar exámenes médicos, aunque el servicio será inicialmente voluntario, con la posibilidad legal de activar una llamada selectiva si las cifras de voluntarios no satisfacen los objetivos defensivos. El objetivo oficial es incrementar considerablemente tanto la fuerza activa como la dotación de reservistas hacia 2035.

Dinamarca, por su parte, ha extendido recientemente la conscripción a mujeres, aumentando el periodo de servicio a hasta 11 meses, en un modelo que busca reforzar la preparación general de toda la población ante escenarios de emergencia.

Este impulso por recuperar o adaptar modelos de servicio, tanto obligatorios como voluntarios, está vinculado directamente a la percepción de riesgos crecientes en el entorno internacional, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania y las opiniones divergentes sobre el compromiso futuro de aliados tradicionales en la OTAN.

Opinión pública: apoyo limitado, pero no marginal

En España, la opinión pública sigue más dividida que en otros países europeos. Diversos sondeos sitúan en torno al 40% el porcentaje de ciudadanos que verían con buenos ojos algún tipo de regreso del servicio militar, una cifra inferior a la de Francia o Alemania, pero significativa. El apoyo es mayor entre personas de más edad y votantes conservadores, mientras que entre los jóvenes predomina el rechazo.

El deterioro del contexto internacional, la guerra en Ucrania y las dudas sobre el compromiso futuro de Estados Unidos con la OTAN han reabierto en Europa un debate que parecía enterrado: el del servicio militar. Mientras varios países reintroducen o reformulan fórmulas de conscripción o voluntariado armado, España mantiene cerrada la puerta a la mili y apuesta por reforzar su defensa a través de un Ejército profesional, mayor inversión y un sistema de reservas aún por redefinir

El servicio militar vuelve a ganar terreno en Europa, impulsado por el deterioro del contexto internacional y las dudas sobre la capacidad defensiva del continente. Ya son más de una decena los países que han reinstaurado o reforzado fórmulas de instrucción castrense, ya sea de manera obligatoria o voluntaria, mientras España mantiene cerrada la puerta al regreso de la antigua mili, suprimida hace casi 24 años.

El último país en sumarse a esta tendencia ha sido Francia, que acaba de aprobar un servicio militar voluntario y remunerado de 10 meses dirigido a jóvenes de entre 18 y 19 años. Antes lo hicieron Alemania y Bélgica. Berlín ha dado luz verde a un servicio voluntario de un año con una remuneración de hasta 2.600 euros brutos mensuales, mientras que Bélgica ofrece un modelo similar con sueldos de alrededor de 2.000 euros.

El abanico europeo es amplio. Chipre y Grecia mantienen el servicio obligatorio debido a las tensiones con Turquía; Austria y Estonia nunca lo han eliminado; y países como Italia, Rumanía o Bélgica estudian implantarlo o ampliarlo a partir de 2026. Alemania, además, ha introducido un elemento polémico: si no se alcanzan los objetivos de voluntarios, se recurrirá a un sorteo, una fórmula que algunos analistas definen como "voluntariado forzoso".

Ir a los atajos de accesibilidad
Compartir Comentarios

Noticias relacionadas

Europa prepara el envío de tropas a Ucrania y Sánchez sondea la posible contribución de España

Rechazo al servicio militar en Alemania: "No tengo ningún deseo de morir en la guerra"

Croacia sigue a otros países europeos y reintroduce un servicio militar básico obligatorio