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La doble dificultad para las personas con necesidades especiales en Siria

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Por Yousef Gharibi
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La doble dificultad para las personas con necesidades especiales en Siria
Derechos de autor  Center for disabled in Syria.

La vida de las personas con discapacidad en Siria nunca ha sido fácil, pero la guerra ha aumentado los retos a los que se enfrentan. Al ver su difícil situación, Iman Abdul-Razik, directora del centro Amalouna (esperanza), decidió actuar. Abrió un lugar que ofrece ese apoyo que tanto necesitan. “Las personas con discapacidad están marginadas tanto en sus hogares como en la escuela”

“Las personas con discapacidad están marginadas tanto en sus hogares como en la escuela
Iman Abdul-Razik
directora del centro Amalouna

“Primero trabajamos en la modificación de su comportamiento y en el apoyo psicológico”, explica la directora, que espera poder llegar a otros niveles: “Actualmente, con nuestro plan de estudios, estamos trabajando en la categoría A, es decir, el primer nivel. Espero llegar al segundo nivel. Espero que los niños lleguen a etapas avanzadas porque ninguna escuela recibe a personas con necesidades especiales. Espero poder trabajar en la rehabilitación y la formación de los mayores de 15 años para que se incorporen al mercado laboral más adelante”.

Iman creó el centro con la ayuda de amigos que viven en el extranjero. Ahora funciona al máximo de su capacidad, acoge a 35 estudiantes y ofrece oportunidades de trabajo a formadores con discapacidad.

“Tenemos voluntarios con necesidades especiales en el centro. Los elegí porque tienen un motivo humanitario. Me decidí por ellos porque experimentan el mismo sufrimiento que los niños.Los niños están ahora marginados, y estos formadores ya han vivido eso, tienen capacidades y energías ocultas. Esperemos que beneficien a nuestros niños con ello. Le pido a Dios que tenga éxito”, cuenta la directora.

Aunque se calcula que el 29% de la población del noroeste de Siria tiene algún tipo de discapacidad, según ACNUR, la respuesta a su situación por parte de la sociedad en general y de las organizaciones humanitarias ha sido limitada.

Rama Al Haji es formadora en el centro: “En el pasado, mi sociedad me rechazaba por ser sorda, pero ahora estoy empoderada y quiero enseñar a los niños el lenguaje de signos, la escritura y los números para que puedan hacerse fuertes y enfrentarse a la sociedad en la que vivimos”.

La esperanza, que el centro ha tomado como nombre, motiva a su personal a seguir proporcionando el tipo de apoyo que rara vez está disponible en una zona de guerra.