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Boris Johnson deja a su paso un rastro de escándalos en serie y encarnizados debates

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Por euronews
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El primer ministro británico Boris Johnson el pasado mes de agosto en Londres.
El primer ministro británico Boris Johnson el pasado mes de agosto en Londres.   -   Derechos de autor  Frank Augstein/AP

De Boris Johnson sus partidarios destacan su buen sentido del humor, dicen que es ingenioso y entretenido.

 En cambio sus críticos afirman que es un elitista, un intolerante, un mentiroso que practica el amiguismo. 

¿Y cómo ha sido su trabajo en Downing Street?

Llegó al cargo de primer ministro en julio de 2019, al frente de la campaña a favor del Brexit.

Con un Parlamento británico dividido, Johnson suspendió las sesiones durante cinco semanas, iniciativa que el Tribunal Supremo consideró "ilegal".

Luego fracasó en su intento de tramitar el texto revisado del acuerdo para la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), y probó suerte convocando unas elecciones anticipadas en diciembre de 2019, que otorgaron a los conservadores británicos una mayoría parlamentaria inédita desde los tiempos de Margaret Thatcher.

"Vamos unidos para mejorar, unidos para mejorar, uniendo a todo este increíble Reino Unido, Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, juntos", decía entonces Johnson tras su abrumadora victoria.

Seis semanas más tarde cerraba el acuerdo con Bruselas, y el 31 de enero de 2020, el Reino Unido abandonaba la Unión Europea, abriendo el periodo de transición para negociar los acuerdos comerciales.

No habían pasado ni dos meses, cuando estalla la pandemia del coronavirus. Boris Johnson contrae la enfermedad, es hospitalizado, y luego continúa trabajando desde casa.

Análisis | La semana en la que cayó Boris Johnson defenestrado por su Gobierno y su partido

Y los escándalos se suceden.

Primero con su antiguo asesor, Dominic Cummings, que abrió la caja de los truenos al denunciar que Johnson habría pedido donaciones secretas para pagar las obras de reforma de su residencia oficial. Sin embargo, una investigación concluyó que el primer ministro no infringió el Código Ministerial.

Más tarde, llegaron las fiestas en Downing Street con multas por incumplir las restricciones impuestas por el coronavirus, las primeras sanciones a un primer ministro británico en el ejercicio de su cargo.

Aunque la gota que colmó el vaso fue el caso Chris Pincher, un diputado conservador acusado de una agresión sexual a dos hombres, y que gozaba de la total confianza de Johnson. Una conducta "inapropiada" de la que el primer ministro aseguró "no tener constancia".

La suerte de Boris Johnson estaba echada, y las dimisiones de sus ministros se sucedían en cascada. 

Aunque pidió disculpas, era demasiado tarde, y no sólo perdió el apoyo de su grupo parlamentario sino la popularidad de la que gozaba.

El líder conservador pasaba de ser un preciado activo electoral a ser un lastre para los suyos. Johnson decía que "estaba triste por renunciar al mejor trabajo del mundo".

Un trabajo que se resistía a abandonar.