Más allá del grupo Wagner: ¿quiénes son los otros mercenarios de Rusia?

Esta fotografía sin fecha de archivo tomada por el ejército francés muestra a tres mercenarios rusos en Malí.
Esta fotografía sin fecha de archivo tomada por el ejército francés muestra a tres mercenarios rusos en Malí. Derechos de autor AP/AP
Por Joshua Askew
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El grupo de mercenarios Wager de Rusia a menudo acaparan titulares. Pero, ¿quiénes son los otros combatientes del país? ¿Y qué están haciendo?

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Todo el mundo ha oído hablar del grupo de mercenarios rusos Wagner, en gran parte gracias a su jefe, Yevgeny Prigozhin, al que le encanta figurar en los medios de comunicación y está obsesionado con la publicidad.

Pero hay otros grupos.

Muchos de los ricos y poderosos de Rusia poseen empresas militares privadas (PMC), y cada vez surgen más. Reclutan a una ecléctica mezcla de antiguas fuerzas especiales, presos, extremistas, vagabundos y adictos a la adrenalina que operan en todo el mundo.

Las élites "se han dado cuenta de que teniendo una PMC pueden obtener los beneficios del Kremlin", señala a Euronews Anton Shekhovtsov, director del Centro para la Integridad Democrática. "Porque si contribuyes al esfuerzo bélico [en Ucrania], serás recompensado".

Ramzan Kadyrov, leal a Putin y líder de la República de Chechenia, planea al parecer crear una PMC además de su grupo de "guerreros TikTok", conocidos por grabarse a sí mismos supuestamente luchando en Ucrania, aunque sigue habiendo dudas sobre la autenticidad de sus videos.

El gigante energético Gazprom también ha creado supuestamente dos ejércitos privados, conocidos como Fakel (antorcha) y Plamya (llama), encargados de proteger activos en el extranjero en lugares como Siria y Ucrania.

"Supuestamente sólo defienden oleoductos y gasoductos, aunque simplemente no lo sabemos", señala el Dr. Stephen Hall, profesor de política rusa en la Universidad de Bath.

Sin embargo, las empresas militares privadas no sólo pertenecen a las élites rusas.

El grupo mercenario Hermandad Ortodoxa, vinculado a la poderosa Iglesia Ortodoxa, al parecer está luchando en Ucrania para proteger a la Rusia cristiana de un Occidente decadente que ha secuestrado Kiev, dijo Hall a Euronews.

ENOT, por su parte, es un grupo de ultraderechistas y ultranacionalistas a sueldo que combaten en Ucrania desde 2014, cuando los separatistas apoyados por Rusia tomaron las armas en el este del país.

Aunque está motivado por un "imperialismo virulento" que considera que Ucrania pertenece a Rusia, Shekhovtsov cree que el grupo solo lucha porque ha podido "monetizar su ideología", obteniendo apoyo de empresas locales en las provincias separatistas.

"Sólo ganan dinero", afirmó, añadiendo que el Kremlin estaba más que feliz de "deshacerse" de estos extremistas violentos, evitando que causaran problemas en su país.

El fundador de ENOT, Igor Leonidovich Mangushev murió en febrero de un disparo "estilo ejecución" en la Ucrania ocupada por Rusia. Era conocido por ser un infame nacionalista que pronunció un discurso público mientras sujetaba lo que él aseguraba era el cráneo de un combatiente ucraniano.

En 2019 ENOT se disolvió, con Shekhovtsovck afirmando que Mangushev fue probablemente asesinado por los rusos.

Los grupos de mercenarios rusos están vinculados al Estado

A pesar de ser independientes, Hall afirmó que las empresas militares privadas sólo pueden existir con la bendición del Kremlin. De hecho, son ilegales según la legislación rusa, que prohíbe "reclutar, entrenar y financiar" a un mercenario.

"Siempre harán lo que les pida el Estado", indica a Euronews, señalando que muchas de ellas estaban profundamente entrelazadas con los servicios secretos rusos.

"La razón por la que el grupo Wagner es el mayor [grupo de mercenarios] es que tenía el mejor patrocinio, no sólo financiero, sino también protección política", añade Shekhovtsov. "ENOT no fue capaz de encontrar un grupo en la élite que les protegiera", sugiere que, por esa razón, fueron finalmente destruidos.

Para el Kremlin, estas fuerzas oscuras son útiles para "negar la verosimilitud", dice Hall.

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Permiten al Estado participar en actividades más sucias e imprecisas, que puede negar porque son técnicamente privadas. Además, los mercenarios están mucho menos regulados que los ejércitos convencionales, lo que les da un mayor margen de maniobra para incurrir en conductas delictivas.

Halls reconoce que a lo largo de su historia ha recurrido a soldados de fortuna, y afirma que Moscú se inspiró en el uso que Estados Unidos hizo en Irak del desaparecido grupo de mercenarios Blackwater, que adquirió notoriedad tras masacrar a civiles iraquíes en 2007.

"Eso dio una idea al Kremlin", prosigue.

A diferencia de las fuerzas armadas convencionales, los mercenarios han ayudado a enmascarar las pérdidas rusas en Ucrania, ya que rara vez figuran en los recuentos oficiales de bajas.

"El Kremlin no tiene que publicar las bajas de mercenarios en Ucrania", explica Hall. "Como aprendió la Unión Soviética durante la guerra afgana de los años 80, la sociedad se enfada cuando sus hijos regresan a casa en bolsas para cadáveres".

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Un ejemplo de esto es el grupo de mercenarios Patriot, ya que ofrece a Rusia un poderío militar sin ataduras.

Fundado en 2018, está controlado por el Ministerio de Defensa y está formado por muchos exmiembros de las fuerzas especiales rusas Spetsnaz, que ganan un sueldo "muy alto para la media rusa" 5.600 euros al mes, según Hall. Sin embargo, al parecer, no reciben pensiones ni prestaciones por lesiones.

Patriot es la respuesta militar rusa a la "creciente popularidad y poder de negociación" de Wager, un "pionero de todo el movimiento mercenario", dice Shekhovtsov.

Su efectividad en el campo de batalla aún está por verse, pero los mercenarios no han sido decisivos en la guerra hasta ahora, según el Instituto para el Estudio de la Guerra con sede en EE. UU.

'Grupos mafiosos peleando entre sí'

Los grupos de mercenarios están acaparando poder en Rusia. Algunos se dedican a actividades económicas, como la minería en África, lo que refuerza su posición.

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"Mientras no crucen las líneas rojas, el estado no tiene nada en contra porque les son de utilidad", señala Shekhovtsov a Euronews. "Pero si interfieren con las decisiones políticas, puede ser su fin".

Además asegura que el Kremlin sigue siendo lo suficientemente poderoso como para acabar con ellos si cruzan algún límite.

Sin embargo, puede que esto llegue a cambiar.

"Dependerá del curso de la guerra. Pero con cada derrota militar en el campo de batalla, el estado ruso comenzará a perder aún más su control sobre los diferentes grupos armados", explica Shekhovtsov.

Aunque Putin todavía mantiene el control, el último desafío del jefe de Wagern al Kremlin, Yevgeny Prigozhin, habría sido "inimaginable" hace tan solo un año.

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“Dentro del régimen están cada vez más preocupados por el futuro”, comenta Hall, señalando tanto las críticas a la guerra como a Putin por parte de Priogzhin y el líder checheno Kadyrov. "Al crear estos grupos militares privados, el Kremlin ha abierto un agujero negro. No están en deuda con el estado porque el estado no les está pagando".

"Si Putin pierde el poder, habrá guerra de poder. Estamos hablando de Game of Thrones pero con armas nucleares".

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