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Una regulación sobre sumergibles como el Titán ayudaría a evitar otra trágica implosión

Esta foto facilitada por OceanGate Expeditions muestra la nave sumergible llamada Titan utilizada para visitar los restos del Titanic.
Esta foto facilitada por OceanGate Expeditions muestra la nave sumergible llamada Titan utilizada para visitar los restos del Titanic. Derechos de autor AP/OceanGate Expeditions
Derechos de autor AP/OceanGate Expeditions
Por Juan Carlos de Santos
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Expertos señalan que es necesaria la implementación de protocolos y normas que eviten que dispositivos como el Titán escapen a las regulaciones nacionales cuando están en aguas internacionales.

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La implosión del submarino turístico Titán es todo un desafío para la seguridad de este tipo de naves en aguas internacionales donde la regulación es mínima, según los expertos. En general en alta mar los sumergibles no están sometidos a ningún conjunto de normas o reglamentos.

"No hay una norma que diga lo mismo en las profundidades oceánicas, porque una vez que te alejas más de 12 millas, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, básicamente estás en aguas internacionales" señala Salvatore Mercogliano, profesor asociado de Historia en la Universidad de Campbell. Quien también apunta que lo que hay que hacer es regularlo.

"En aguas internacionales normalmente los barcos están regulados. Los barcos tienen que entrar y salir del puerto. Tienen que estar registrados en los países y tienen que estar clasificados. Pero un sumergible que se lanza desde la parte trasera de un buque no". El también profesor adjunto en la Academia de la Marina Mercante de EE.UU., añade que "esa es la zona gris, el tipo de ambigüedad en la que operaba OceanGate".

Como una empresa estadounidense con sede en los Estados Unidos, creo que estaban obligados a cumplir con la ley de EE.UU.
Thomas Schoenbaum
Profesor de Derecho de la Universidad de Washington

Una ambigüedad con la por ejemplo la empresa no había registrado el aparato. Sin embargo, según el profesor Thomas Schoenbaum, es "falso" que OceanGate no estuviera obligada a cumplir con la ley estadounidense: "Presumiblemente pensaron que no necesitaban cumplir con ninguna regulación porque estaban usando el sumergible en aguas internacionales más allá de la jurisdicción de cualquier Estado".

Thomas Schoenbaum es profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Washington y expone qué dicen las leyes en Estados Unidos, el lugar en el que está afincada la sede de OceanGate: "En la legislación de EE.UU. hay una Ley de Seguridad de Buques de Pasajeros de 1993, que tiene unas normas". El experto en Derecho Marítimo apunta: "Y la regulación más importante es que el sumergible debería haber sido certificado para la seguridad antes de la aventura comercial".

¿Si hubiera una regulación que habría pasado?

Lo primero de todo, habría que ver cómo está la máquina. Es decir, se hubieran hecho evaluaciones de los componentes. Además, el vehículo no estaba registrado. Si hubiera una regulación la nave tendría que cumplir una certificación.

"Creo que, si hubiera habido normas y sociedades de certificación, creo que habría una inspección mucho más enérgica de este sumergible", destaca Salvatore Mercogliano.

Lo segundo, si hubiera una normativa como la que rige los viajes de turismo espaciales habría una evaluación de los componentes. Uno de las causas que se ponen sobre la mesa en este caso es el de la fatiga de los materiales del sumergible. Si hubiera una normativa que examinase el sumergible, igual no hubiera podido realizar tantas inmersiones

Lo que realmente necesitaba era una inspección enérgica y una comprobación periódica
Salvatore Mercogliano
Profesor Adjunto de Academia de Marina Mercante de Estados Unidos

Schoenbaum señala: "Es necesario una sociedad de clasificación independiente que examine la embarcación y determine de antemano antes de que emprenda cualquier transporte de pasajeros". La idea de este organismo independiente es la de "realizar una investigación de seguridad, incluida la fatiga del metal", señala el profesor de Derecho de la Universidad de Washington. "Esta habría sido detectada, creo, por un examen independiente que no habrían permitido que la nave se utilizara sin modificaciones", precisa el profesor de Derecho.

De hecho, la empresa ha sido criticada por el uso de componentes comerciales para el desarrollo del sumergible.

"El problema es que se trata de un diseño muy innovador, con nueva tecnología y nuevos materiales. Realmente estaba ampliando los límites de la inmersión profunda y, por tanto, planteaba desafíos. Y lo que realmente necesitaba era una inspección enérgica y una comprobación periódica", apunta el profesor adjunto en la Academia de la Marina Mercante de EE.UU. , Salvatore Mercogliano.

¿Qué protocolos cumple el turismo espacial?

Hay una cuestión común entre los viajes al espacio o al fondo del mar. Son lugares inexplorados por el ser humano. Para viajar al espacio las empresas de turismo de viajes espaciales tienen que cumplir con unos estrictos estándares establecidos por la Administración Federal de Aviación en los Estados Unidos y la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea.

Las normas incluyen el uso de sistemas redundantes para lanzamiento, reingreso y otros sistemas críticos, así como pruebas rigurosas para todos los componentes y el personal involucrado.

¿Qué pasa con la exención de responsabilidad que firmaron los pasajeros del Titán?

Podrían demandar por daños y perjuicios en los Estados Unidos, pero debido a las renuncias, no serían capaces de recuperar los daños en los tribunales de EE.UU.
Thomas Schoenbaum
Profesor de Derecho de la Universidad de Wahington

OceanGate hizo que los tres pasajeros firmaran una exención de responsabilidad. "Esto es muy extraordinario. Esto no sería legal en un buque de pasajeros o en casos de buques de pasajes o cruceros", destaca Schoenbaum que añade "Hay jurisprudencia en Estados Unidos que apoyaría estas renuncias de responsabilidad. Y eso significa que los tres pasajeros, sus Estados podrían demandar por daños y perjuicios en los Estados Unidos, pero debido a las renuncias, no serían capaces de recuperar los daños en los tribunales de EE.UU."

Según el profesor el Congreso de Estados Unidos e incluso la Organización Marítima Internacional (OMI) deberían tomar medidas para invalidar las exenciones de responsabilidad para el turismo de aventura.  Esto daría un incentivo, dice, a los operadores para asegurarse de que "es seguro".

"Nunca se puede eludir la responsabilidad cuando se trata del funcionamiento seguro de un buque. Así que aunque estos pasajeros firmaran una renuncia, si el buque no era seguro, no se puede renunciar a ese derecho", apunta Salvatore Mercogliano. "Creo que es muy difícil ir en contra de la compañía porque en realidad no ha infringido ninguna ley", añade el profesor adjunto en la Academia de la Marina Mercante de EE.UU.

¿Todo estaba hecho para eludir las regulaciones?

"Creo que la conclusión a la que se llegará tras la investigación es que la elusión de la normativa por parte de OceanGate no era coherente con la ley, con la ley estadounidense", señala Schoenbaum. "Quizás era coherente con la ley internacional, pero no con la ley estadounidense y quizás tampoco con la ley canadiense" subraya el profesor

Aunque fue construido en los Estados Unidos por una empresa estadounidense. La empresa operadora era una empresa de Bahamas. "Bahamas no tiene ningún requisito reglamentario", recuerda Schoenbaum. "Este es el problema con respecto a este buque que se utilizó para tratar de evadir cualquier reglamento de seguridad", añade el experto en Derecho Marítimo.

¿Titán marca el fin de este tipo de aventuras marítimas?

Tras esta tragedia queda demostrado que la certificación es la única vía de supervivencia de un turismo de aventura que ha navegado en aguas grises y turbias.

"Si la industria prospera, sólo prosperará si es segura y se percibe como segura. Y por eso creo que la regulación internacional no afectará a la industria. Hará que la industria sea más popular y hará posible que la gente se dedique a esto con seguridad", apunta Schoenbaum.

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Sin embargo, aumentará el coste para las empresas. Con la regulación les resultará más caro participar en el turismo marino de aventura. "Tendrán que gastar dinero para asegurarse de que sus viajes son seguros y de que las embarcaciones que utilizan también lo son", apunta el experto en Derecho Marítimo.

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