La violencia ligada a las manifestaciones contra la crisis económica deja al menos 35 fallecidos y se extiende a más de 250 localidades en 27 provincias, según varios activistas de los derechos humanos.
El número de muertos por la violencia relacionada con las protestas en Irán ha aumentado a al menos 35 personas, según informaron este martes activistas de derechos humanos. La cifra fue difundida por la Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, que también señaló que más de 1.200 personas han sido detenidas desde el inicio de las manifestaciones.
Las protestas se han extendido a más de 250 localidades repartidas en 27 de las 31 provincias del país. De acuerdo con la agencia semioficial Fars, unos 250 agentes de Policía y 45 miembros de la fuerza Basij, un cuerpo integrado por voluntarios, resultaron heridos durante los disturbios registrados hasta la noche del lunes.
Las movilizaciones comenzaron de forma pacífica el domingo 28 de diciembre y estuvieron motivadas inicialmente por el descontento social ante el aumento de la inflación y la fuerte devaluación del rial frente al dólar estadounidense, que ha perdido alrededor del 80% de su valor en comparación con el año pasado.
Irán atraviesa una grave crisis económica como consecuencia del endurecimiento de las sanciones internacionales y de la falta de perspectivas de crecimiento a corto plazo. La inflación anual oficial se sitúa en torno al 42%, la de los alimentos supera el 70% y algunos productos básicos han registrado incrementos de precio superiores al 110%, según distintos informes.
Ante esta situación, las autoridades han anunciado la concesión de subsidios a los consumidores para mitigar el impacto de la subida de precios. Además, el lunes el Banco Central inició la implantación de un tipo de cambio unificado para las divisas extranjeras, principalmente el dólar y el euro, tras años de aplicar un cambio preferencial para determinados bienes como alimentos y medicamentos.
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, afirmó el sábado que "los alborotadores deben ser puestos en su lugar", una declaración interpretada como un respaldo a una respuesta más contundente de las fuerzas de seguridad frente a las protestas.