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Los 3 escenarios posibles para Trump sobre Groenlandia

Dondal Trump firmando un acuerdo en la Casa Blanca (ARCHIVO)
Dondal Trump firmando un acuerdo en la Casa Blanca (ARCHIVO) Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
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Por Jesús Maturana
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Trump ha puesto a Groenlandia en el centro del tablero geopolítico. Tras las amenazas veladas y la oferta de 700.000 millones de dólares, Washington maneja tres vías: compra, invasión o acuerdos de explotación. La isla guarda el 10% de las reservas mundiales de tierras raras sin explotar.

Después de su exitosa maniobra en Venezuela y la presión creciente sobre Cuba, con Marco Rubio como presidente por mandato de Trump, EE.UU. está manejando distintos frentes como son Irán o bien un avance sobre la preciada isla norteuropea Groenlandia.

Pero, ¿cuáles son las alternativas reales que tiene Trump sobre Groenlandia? El presidente estadounidense tiene tres opciones: la compra, la toma militar o un acuerdo de explotación.

La compra más cara de la historia (y más complicada)

No sería la primera vez que Estados Unidos intenta hacerse con Groenlandia comprándola, pero hasta ahora siempre sin éxito. En 1946, Harry Truman llegó a ofrecer 100 millones de dólares en oro. Esta vez, según fuentes próximas a la Casa Blanca citadas por 'NBC News', la cifra ronda los 700.000 millones de dólares.

El problema es que ese dinero no basta. Para cualquier adquisición, Trump necesitaría la aprobación de la Cámara de Representantes, algo complicado cuando encuentra resistencia incluso en su propio partido. También requeriría un tratado internacional aprobado por el Senado, donde se repite el mismo escenario de oposición. Y luego está el asunto de explicar a los contribuyentes por qué se gasta semejante cantidad en lo que muchos perciben como una isla cubierta de hielo.

Pero el obstáculo real no es político. Groenlandia no está en venta. Lo ha dicho con claridad el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen: "Groenlandia no está a la venta. Groenlandia no quiere ser parte de EE.UU., elegimos Dinamarca y elegimos la UE". La ministra de Asuntos Exteriores groenlandesa, Vivian Motzfeldt, ha reiterado la misma postura, destacando que la isla no desea ser propiedad, estar gobernada ni integrarse en Estados Unidos. Ante esta negativa, Trump ha redoblado las amenazas en lugar de retirarla.

La opción militar: técnicamente fácil, políticamente insostenible

Desde el punto de vista técnico, una acción militar resultaría sencilla. Groenlandia tiene unos 56.000 habitantes y carece de Ejército propio. Dinamarca se encarga de su defensa, pero con recursos limitados para cubrir un territorio tan extenso.

Ruth Ferrero, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, señala que ni siquiera haría falta una invasión masiva: "Con que salieran los soldados de Estados Unidos que están en la estación estadounidense de Pituffik, sería suficiente para el control, al menos de la población de la isla".

Sin embargo, Washington ya dispone de amplios márgenes de actuación militar gracias al acuerdo firmado con Dinamarca en 1951. Este tratado permite a Estados Unidos construir bases, desplegar soldados y controlar operaciones aéreas y marítimas sin violar la soberanía danesa. Es decir, ya tiene lo que necesitaría desde el punto de vista de seguridad tradicional.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido que cualquier acción militar destruiría 80 años de vínculos de seguridad transatlánticos. Emmanuel Macron, por su parte, calificó las consecuencias como "sin precedentes" si la soberanía de un aliado europeo se viera comprometida. Dinamarca ha reforzado discretamente su presencia militar en la isla.

El verdadero objetivo: tierras raras y competencia con China

Lo que está en juego va más allá del control territorial. Ferrero explica que hay que entender qué significa Seguridad Nacional para la administración Trump, un concepto que no se queda sólo en el control militar de Groenlandia. La clave está en la competencia sistémica con China por el dominio de recursos naturales y rutas marítimas que el deshielo está abriendo.

Groenlandia alberga aproximadamente 36 millones de toneladas de tierras raras, lo que la convierte en la segunda mayor reserva después de China. Según un estudio del Servicio Geológico de Dinamarca de 2023, la isla posee capacidad para suministrar 27 de las 34 "materias primas críticas" identificadas por la Comisión Europea. Entre ellas destacan el neodimio, el praseodimio, el disprosio y el terbio, elementos esenciales para fabricar imanes permanentes de alta potencia, baterías de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, sistemas de defensa antimisiles y tecnología militar avanzada.

China controla cerca del 90% del suministro global de tierras raras y, según datos del USGS, representó el 70% de las importaciones estadounidenses de estos compuestos entre 2020 y 2023. Para Washington, Groenlandia representa una oportunidad de reducir esa dependencia en un momento donde la rivalidad tecnológica define el equilibrio de poder global.

Trump ha vinculado directamente el control de Groenlandia con su proyecto de defensa antimisiles "Cúpula Dorada", señalando que la incorporación del territorio a la esfera norteamericana "es vital para la 'Cúpula Dorada'", el sistema inspirado en la Cúpula de Hierro israelí.

La tercera vía: acuerdos de explotación

El tercer escenario posible sería una cesión voluntaria de autorizaciones de explotación minera por parte de Dinamarca y Groenlandia. Esta opción requeriría el consentimiento de la población local, especialmente de los inuit, que representan el 88% de los habitantes.

Históricamente, este pueblo se ha resistido a las explotaciones mineras para proteger su medio ambiente. Pero después de semanas de presión y amenazas, algunos analistas especulan que la población podría ceder.

De hecho, tras la reunión entre delegaciones de Washington, Dinamarca y Groenlandia celebrada esta semana, se ha formado un grupo de trabajo para "encontrar un punto intermedio entre las necesidades de seguridad de EE.UU. y las líneas rojas de Dinamarca", dejando de lado temporalmente la cuestión de la anexión.

El ministro danés Lars Løkke Rasmussen ha dejado claro que "las ideas que no respeten la integridad territorial de Dinamarca y la soberanía del pueblo groenlandés son totalmente inaceptables". Pero ha abierto la puerta a negociaciones en materia de defensa y cooperación.

La realidad tras el discurso: infraestructura inexistente

Más allá de la retórica geopolítica, existe un problema práctico que pocas veces se menciona. Groenlandia tiene apenas 150 kilómetros de carreteras, concentradas dentro de asentamientos, sin conectividad terrestre entre ciudades. No hay ferrocarriles, y la isla solo cuenta con dos minas activas: una de anortosita y otra de oro.

Las tierras raras groenlandesas suelen estar encerradas en un tipo complejo de roca llamado eudialita. Nadie ha desarrollado un proceso rentable para extraer estos minerales de ese tipo de formación geológica. Los proyectos con mayor potencial, como Tanbreez, requieren inversiones de casi 250 millones de euros solo para su puesta en marcha, sin contar la infraestructura logística necesaria.

Anthony Marchese, analista citado por Fortune, resume la situación: "Si vas a Groenlandia por sus minerales, hablas de miles de millones de dólares y un tiempo extremadamente largo". El clima extremo obliga a que cualquier maquinaria minera hiberne durante seis meses al año en el norte de la isla, haciendo que la rentabilidad sea, en palabras de algunos expertos, una "ilusión óptica".

¿Qué pasa ahora?

Trump ha sido claro: "Me encantaría llegar a un acuerdo con ellos. Pero de una forma u otra, nos quedaremos con Groenlandia". Ha vinculado la anexión a la seguridad de la OTAN, argumentando que si Estados Unidos no toma el control, "Rusia o China lo harán, algo que no va a pasar".

Los cinco partidos del Parlamento groenlandés firmaron un comunicado conjunto rechazando cualquier anexión. Su mensaje fue contundente: "No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses. El futuro de Groenlandia debe ser decidido por los groenlandeses".

En Nuuk, la capital, los residentes observan con inquietud. Un taxista inuit lo resumió sin rodeos al ser entrevistado por 'CNN': "Es un estúpido. Trump cree que es un hombre grande, pero nosotros pensamos que es pequeño".

La tensión está servida. Las reuniones entre delegaciones continúan, pero las posiciones parecen inamovibles. Lo que empezó como una propuesta controvertida se ha convertido en una crisis diplomática entre aliados históricos de la OTAN, con implicaciones que van mucho más allá del Ártico.

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