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ICE: Así funciona la agencia que ejecuta las deportaciones masivas de Trump

Agente del ICE
Agente del ICE Derechos de autor  Web ICE
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Por Jesús Maturana
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El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas lidera la ofensiva migratoria más agresiva en décadas. Con 22.000 agentes, presupuesto millonario y nuevos poderes para entrar en domicilios, esta agencia federal se ha convertido en el brazo ejecutor de la política antiinmigración.

El año 2025 fue un año en el que Donald Trump duplicó la plantilla del ICE pasando de 10.000 a 22.000 efectivos, ello trajo consigo numerosas detenciones e incluso muertes que han movido al pueblo estadounidense y al mundo en este cuerpo, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos o ICE de sus siglas en inglés.

El ICE nació en 2002, después del 11-S, como parte de la respuesta al terrorismo. Hoy maneja unos 8.000 millones de dólares anuales repartidos entre tres divisiones principales:

  • La Oficina de Detención y Deportación (ERO) se encarga de hacer cumplir las leyes migratorias dentro y fuera de las fronteras.
  • La Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) va tras organizaciones criminales transnacionales.
  • La Oficina del Asesor Jurídico Principal (OPLA) litiga los casos de deportación ante los tribunales migratorios.

En teoría, el objetivo es combatir el crimen organizado y el terrorismo. En la práctica, desde enero de 2025, la agencia se ha volcado en perseguir a cualquier persona sospechosa de estar indocumentada.

Una de las medidas más criticadas es la que tomó la Administración al firmar un memorando que permite a los agentes entrar en viviendas sin orden judicial, esquivando la Cuarta Enmienda que protege contra registros arbitrarios. Antes, la mayoría de arrestos se hacían con órdenes administrativas, que no autorizan a entrar en domicilios privados. Ahora esa barrera legal ha caído.

Metodología oficial: Control Migratorio y combatir el crimen transnacional

Según información oficial del ICE, el funcionamiento del Servicio parte del ERO (Oficina de Detención y Deportación) que se encarga del control migratorio. Contrario a lo que podría pensarse, la mayor parte de su trabajo no ocurre en la frontera sino en el interior del país. Su método principal consiste en identificar extranjeros "prioritarios" que están encarcelados en prisiones federales, estatales y locales mediante datos biométricos y biográficos.

ERO coordina estrechamente con las Policías locales a través del programa 287(g), que delega autoridad migratoria a fuerzas del orden estatales y locales, dándoles capacitación y recursos tecnológicos para aplicar leyes migratorias en sus jurisdicciones. Tienen potestad para arrestar personas únicamente por su estatus migratorio ilegal, sin necesidad de cargos penales adicionales. También trabajan con INTERPOL y agregados internacionales para localizar extranjeros buscados por delitos en otros países que ahora están en Estados Unidos.

Otra pata del Servicio es el HSI (Investigaciones de Seguridad Nacional), enfocado en combatir el crimen transnacional. Investigan contrabando de narcóticos, trata de personas, violencia de pandillas, lavado de dinero, robo de propiedad intelectual y fraude aduanero. También se ocupan de ciberdelitos y explotación infantil, además de ser el mayor contribuidor a los equipos conjuntos antiterroristas liderados por el FBI.

Sin embargo, tras el aumento de efectivos de 2025, con un claro requisito impuesto por Donald Trump de ser "verdaderos patriotas", la agresividad de las acciones del ICE se ha vuelto más y más común. Hasta el punto de haber matado incluso a ciudadanos estadounidenses.

Métodos cada vez más agresivos

Las redadas siguen un patrón que se repite en Mineápolis, Los Ángeles, Chicago o Nueva York. Los agentes, muchos con el rostro cubierto por máscaras, localizan a sus objetivos en vecindarios, bloques de apartamentos, vehículos o incluso colegios. Detienen a la persona, la trasladan a centros de detención y, en muchos casos, la mantienen incomunicada durante días antes de deportarla.

La cifra oficial habla de 605.000 deportaciones entre enero y diciembre de 2025, con otros 65.000 inmigrantes retenidos. Pero hay otro dato: 1,9 millones de personas optaron por la "autodeportación voluntaria" ante la presión y las amenazas.

El uso de la fuerza ha escalado. Dos tiroteos mortales en Mineápolis en tres semanas, incluida la muerte de Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense, han disparado las alarmas.

El pasado sábado un ciudadano estadounidense que solo estaba grabando con su móvil fue tiroteado hasta la muerte tras intentar reducirlo entre siete agentes del ICE.

Los vídeos muestran a agentes enmascarados golpeando a detenidos con las culatas de sus armas antes de dispararles. La Constitución establece que las fuerzas del orden solo pueden usar fuerza letal si la persona representa un peligro grave, pero la Corte Suprema históricamente ha dado margen a los agentes que actúan en el momento.

Hay casos que han generado indignación particular. Cuatro menores fueron detenidos en Columbia Heights, Mineápolis, uno de ellos de apenas cinco años. El niño ecuatoriano y su padre, ambos solicitantes de asilo con residencia legal, acabaron en un centro de detención en Texas. El vicepresidente JD Vance defendió la actuación con un argumento que sonó a burla: "¿Qué iban a hacer? ¿Dejar que se congelara en la calle?".

Resistencia en las calles

La respuesta ciudadana ha pasado de las protestas tradicionales a la acción directa. Los "observadores del ICE" son voluntarios que documentan arrestos con sus móviles, siguen a los agentes en coches, hacen sonar silbatos y bocinas para advertir a la comunidad. Algunos preparan obstáculos caseros para ralentizar las operaciones o bailan en la vía pública para bloquear el paso de forma pacífica. Tocar a un agente durante una redada significa detención inmediata, así que la creatividad se ha vuelto una herramienta de resistencia.

Las grandes movilizaciones empezaron el verano pasado en Los Ángeles y obligaron a Trump a desplegar la Guardia Nacional. Luego vinieron Nueva York, Washington, Chicago, Portland. Algunos jueces prohibieron el uso de tropas, pero las decisiones se revocaron. Ahora Mineápolis vive su propia batalla, con el gobernador demócrata Tim Walz encabezando las críticas y una huelga general que reunió a miles de personas.

Greg Bovino se ha convertido en el rostro visible de esta maquinaria. Conocido como el "comandante en jefe general" de la Patrulla Fronteriza, dirige las operaciones más mediáticas sin ocultar su identidad.

Su estética militar y su corte de pelo le han valido comparaciones con oficiales nazis y con el personaje del coronel Lockjaw de la película "Una batalla tras otra". Bovino estuvo en Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Nueva Orleans y ahora en Mineápolis, siempre ante las cámaras, siempre imperturbable mientras activistas le gritan y tocan silbatos a centímetros de su cara.

Miles de padres, maestros y organizadores comunitarios buscan formación sobre qué pueden hacer legalmente al presenciar un arresto. La línea entre la vigilancia ciudadana y la obstrucción a la justicia es delgada, pero la gente la camina cada día. Mientras tanto, el ICE sigue presentándose como guardianes de la seguridad nacional en su página web, sin embargo, la realidad en las calles cuenta otra historia.

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