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Matricidios en España: los crímenes excepcionales que revelan fallos estructurales

La gente se reúne en la Plaza del Castillo con motivo del Día Internacional de la Mujer, en Pamplona, ​​norte de España, el viernes 8 de marzo de 2024.
La gente se reúne en la Plaza del Castillo con motivo del Día Internacional de la Mujer, en Pamplona, ​​norte de España, el viernes 8 de marzo de 2024. Derechos de autor  AP
Derechos de autor AP
Por Christina Thykjaer
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Dos asesinatos recientes en Tenerife y Algeciras han vuelto a poner el foco sobre el matricidio en España, una violencia extrema y poco visible que ocurre casi siempre dentro del ámbito familiar.

En apenas una semana, dos asesinatos dentro del ámbito familiar han vuelto a situar en primer plano una violencia extrema y poco visible en España: el matricidio. En Tenerife, la Guardia Civil detuvo a principios de febrero a un hombre acusado de haber asesinado a su madre, una mujer de más de 80 años, en el interior de su vivienda. Días antes, en Algeciras, una mujer de 75 años fue hallada muerta tras una agresión con arma blanca y la Policía señaló a su hijo como presunto autor.

Dos casos distintos, en lugares diferentes, pero con un mismo patrón: madres asesinadas presuntamente por sus propios hijos dentro del ámbito familiar. No son hechos aislados. El año pasado, al menos una decena de mujeres murieron en circunstancias similares en España. Ocurrió en municipios grandes y pequeños, casi siempre dentro de viviendas familiares, sin denuncias previas y lejos del foco de la violencia de género tal y como se contabiliza oficialmente.

Son casos que irrumpen con fuerza en los titulares y desaparecen con la misma rapidez del debate público. No encajan en las categorías habituales, no cuentan con un registro específico y rara vez se analizan de forma conjunta. El resultado es una violencia real, pero fragmentada, explicada suceso a suceso, sin una lectura global.

"Cada caso es único", comenta a 'Euronews' la psicóloga forense Ruth Pérez Enríquez. "Ojalá tuviéramos un perfil para poder valorar el riesgo, pero no lo tenemos", añade.

Un fenómeno poco frecuente, pero profundamente perturbador

El término técnico es 'matricidio': el asesinato -o intento de asesinato- de una madre a manos de su hijo o hija. Pese a la crudeza de los casos recientes, los expertos coinciden en que no se trata de un fenómeno frecuente ni de una violencia en aumento.

"No es un delito habitual", subraya Pérez Enríquez. "Lo que ocurre es que son asesinatos extremadamente llamativos, muy crueles, y por eso generan tanta alarma social. Y añade una clave central para entender su impacto: "El matricidio es especialmente perturbador porque rompe el vínculo más importante que tenemos en la vida: el de la madre que te ha dado la vida".

A lo largo de 2025 y comienzos de 2026, los medios han informado de este tipo de crímenes en lugares como Barakaldo, Irún, Soria, Turís, Colmenar Viejo, Torelló, Vilagarcía de Arousa o Las Palmas de Gran Canaria. En la mayoría de los casos, las víctimas eran mujeres de edad avanzada que convivían con sus hijos adultos.

Madres cuidadoras, hogares cerrados

En muchos de estos casos se repite un mismo contexto: madres mayores que ejercen como principales -y a veces únicas- cuidadoras de hijos adultos con dependencia económica, problemas de salud mental o graves dificultades de autonomía.

Son hogares cerrados, con poca supervisión externa y una carga emocional acumulada durante años. La convivencia prolongada, el aislamiento y la falta de apoyos convierten el espacio doméstico en un entorno de tensión constante. A ello se suma, según los expertos, un déficit estructural en la atención a la salud mental y en los sistemas de seguimiento.

"Fallan muchas cosas", explica a 'Euronews' Pérez Enríquez. "Faltan recursos, falta personal especializado y falta control. Muchas personas con enfermedades mentales graves dejan la medicación porque les sienta mal o porque no hay un seguimiento adecuado, y cuando eso ocurre los síntomas reaparecen".

La saturación del sistema sanitario y judicial agrava el problema. "En los juzgados y en los equipos forenses no se da abasto. Necesitamos más profesionales formados para detectar, evaluar y acompañar estos casos antes de que la violencia escale", añade.

La violencia que precede al crimen

Antes de llegar al extremo del homicidio, en muchos casos existe una violencia previa que rara vez trasciende. Según el Informe sobre Violencia Filio-Parental en España, elaborado por la Fundación Amigo, en 2023 se registraron 4.416 denuncias por agresiones de hijos a sus progenitores.

Los especialistas advierten, sin embargo, de que solo una parte de los casos llega a denunciarse. Muchas madres callan por miedo, por vergüenza o por no querer perjudicar a sus hijos. Esta violencia puede manifestarse durante años en forma de insultos, amenazas, control, intimidación o agresiones físicas.

No todos estos episodios terminan en homicidio, pero sí dibujan un contexto de vulnerabilidad extrema que suele permanecer oculto dentro del ámbito familiar.

El peso de la enfermedad mental

Desde el punto de vista forense, el patrón más habitual en los matricidios no es el del crimen planificado ni el de la venganza, sino el de la enfermedad mental grave. "En la mayoría de los casos nos encontramos con hombres que padecen trastornos psicóticos, como la esquizofrenia", explica Pérez Enríquez. "Son enfermedades que alteran la percepción de la realidad y hacen que la persona no sea plenamente consciente de sus actos".

La psicóloga desmonta uno de los prejuicios más extendidos: "No es cierto que en la mayoría de los casos haya antecedentes de abuso por parte de la madre. Existe esa idea de que 'algo le habría hecho', pero no se sostiene en la práctica forense".

Lo que sí aparece con frecuencia son conflictos cotidianos derivados de la convivencia: discusiones por dinero, normas en casa, control de la medicación o situaciones de sobrecarga emocional. "En un brote psicótico o en un ataque de rabia, puede producirse el crimen. No hablamos de psicopatía ni de maldad", añade.

Al mismo tiempo, subraya que "la inmensa mayoría de las personas con enfermedades mentales no cometen este tipo de crímenes ni ningún otro". El problema, concluye, no es su frecuencia, sino que "cuando ocurren, ya se ha fallado antes en muchos niveles".

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