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La paradoja de las arañas: vitales para el planeta, pero ausentes en las políticas de conservación

Casi el 90 % de los insectos y arácnidos en EEUU carece de categoría de protección, según revela un nuevo estudio.
Casi el 90% de los insectos y arácnidos carece de estatus de conservación en Estados Unidos, según revela un nuevo estudio. Derechos de autor  Canva
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Por Angela Symons
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A pesar de ser fundamentales en la cadena alimentaria y para el equilibrio de los ecosistemas, casi el 90% de los arácnidos e insectos en Estados Unidos carece de una categoría que facilite su protección, según revela un nuevo estudio.

Los pequeños invertebrados que tanto nos incomodan son vitales para la salud del planeta, pero no siempre es fácil recabar apoyos para protegerlos. Los insectos y arácnidos, como las arañas, los escorpiones y los opiliones (conocidos como arañas patilargas), "no suelen recibir la misma atención" que "animales más carismáticos y populares, como los leones y los osos panda", explica Laura Figueroa, profesora adjunta de conservación ambiental en la Universidad de Massachusetts Amherst, en Estados Unidos.

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En 2017 parecía que esta percepción empezaba a cambiar. Un estudio publicado en la revista científica 'PLOS One' reveló un descenso del 75% en la biomasa de insectos voladores a lo largo de un periodo de 27 años en 63 reservas naturales de Alemania.

La noticia sobre un inminente "apocalipsis de los insectos" copó titulares en todo el mundo, desencadenó una oleada de estudios similares y dio impulso a los programas de seguimiento y a las iniciativas de protección. Pero casi una década después, ¿ha servido de algo?

A partir de la alarma global provocada por estos descensos, Figueroa y su estudiante de posgrado, Wes Walsh, se propusieron investigar la situación de los insectos y arácnidos en Norteamérica, con resultados preocupantes.

"Simplemente no tenemos ni idea de cómo les va"

Ambos recopilaron las evaluaciones de conservación de las 99.312 especies conocidas de insectos y arácnidos de Norteamérica, al norte de México. Se quedaron asombrados por la falta de información disponible.

"Casi el 90%, el 88,5% para ser precisos, de las especies de insectos y arácnidos no tiene ningún estatus de conservación", afirma Figueroa, autora principal de un artículo publicado el 2 de marzo en la revista científica 'PNAS'. "Simplemente no tenemos ni idea de cómo les va. Se sabe muy poco sobre las necesidades de conservación de la mayoría de los insectos y arácnidos en Norteamérica".

Entre las pocas medidas de protección existentes, las mariposas y las libélulas acaparan una parte desproporcionada, junto con especies acuáticas clave para vigilar la calidad del agua, como efímeras, plecópteros y tricópteros.

"Los arácnidos, en particular, están prácticamente ausentes de las políticas de conservación, la mayoría de los estados ni siquiera protege una sola especie", señala Walsh, autor principal del estudio.

Los investigadores también constataron que los estados dependientes de industrias extractivas como la minería y los combustibles fósiles eran menos propensos a proteger tanto a los insectos como a los arácnidos.

Por qué son importantes las arañas

Las arañas suelen ser demonizadas como depredadores, pero solo una fracción mínima de las especies de arácnidos es realmente peligrosa para los seres humanos, unas 25 o 30 de más de 50.000, y aún menos causan daños graves de forma habitual.

Sin embargo, sus dotes como depredadoras son indispensables para controlar las poblaciones de insectos. Mantienen a raya a las moscas, los mosquitos, los pulgones y otras plagas agrícolas. Y como presas, a su vez, son una fuente de alimento esencial para aves, lagartos y otros depredadores, y transmiten energía a lo largo de la cadena trófica.

Su presencia, o su ausencia, es también un indicador temprano clave del estado de salud de los ecosistemas y, sin ellas, el desequilibrio resultante podría tener efectos en cascada desastrosos. Las poblaciones de plagas podrían dispararse, los cultivos se resentirían y ecosistemas enteros podrían desestabilizarse.

"Los insectos y los arácnidos son fundamentales para la sociedad humana", afirma Figueroa. "Ayudan en la polinización y en el control biológico de plagas, pueden servir como indicadores de la calidad del aire y del agua, y están profundamente arraigados en muchas culturas de todo el mundo".

"Los insectos y los arácnidos son mucho más que objetos de miedo", señala Walsh, que lleva tatuada una araña en el brazo. "Tenemos que valorarlos por su importancia ecológica y eso empieza por recopilar más datos y considerarlos dignos de ser protegidos".

¿Pueden los insectos aprovechar las lecciones de la conservación de las aves?

En la actualidad, la protección de insectos y arácnidos está muy fragmentada, varía enormemente entre los distintos estados de Estados Unidos y parece estar influida por la industria local. A la vista del éxito de la conservación de las aves, Figueroa subraya la importancia de la unidad.

"Las investigaciones muestran que se logran los mejores resultados de conservación cuando se unen coaliciones amplias y diversas", afirma. "En el caso de las aves, fueron los cazadores, los observadores de aves, las organizaciones sin ánimo de lucro y muchos otros colectivos los que se unieron para alcanzar un objetivo común".

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