El panel de expertos creado tras el apagón del 28 de abril de 2025 concluye que el colapso fue resultado de varios fallos técnicos simultáneos, no de una causa única. La red tardó 12 horas en recuperarse en Portugal y 16 horas en España.
El 28 de abril de 2025 era un día cualquiera de primavera en España. Temperaturas suaves, sol abundante y generación fotovoltaica en niveles habituales para esa época del año. Nada en los datos de la mañana anticipaba lo que ocurriría horas después.
Desde las 9:00, la producción de renovables fue creciendo. España exportaba 5 gigavatios a sus vecinos y los precios en el mercado diario habían caído. A las 12:33, la red colapsó.
Lo que ocurrió entre medias es lo que lleva meses investigando un panel de 49 expertos convocados por ENTSO-E, el organismo que agrupa a los operadores de red europeos. Su informe final, publicado el 20 de marzo de 2026 (PDF), es el documento técnico más exhaustivo elaborado hasta ahora sobre el incidente.
Abarca más de 400 páginas, recoge datos de decenas de generadores, distribuidoras y operadores, y llega a una conclusión que no admite simplificaciones: el apagón no tuvo una sola causa. Fue la suma de varios fallos que se retroalimentaron en menos de 90 segundos.
El origen del apagón, inestabilidad en la generación renovable
La mañana del 28 de abril, la tensión en la red de 400 kilovoltios comenzó a mostrar variaciones desde las 10:30. No eran alarmantes, pero el sistema ya llevaba horas en una situación delicada. Los operadores detectaron dos episodios de oscilaciones en el semiperiodo anterior al colapso:
- Uno a las 12:03, de naturaleza local y relacionado con la inestabilidad de algunos generadores de tecnología inversora.
- El segundo entre las 12:19 y las 12:22, una oscilación de área que afectó a toda la red continental europea.
Para amortiguar esas oscilaciones, los operadores tomaron varias decisiones, reducir exportaciones a Francia, reconectar líneas internas en el sur, cambiar el modo de operación del enlace de corriente continua entre España y Francia, que, aunque eficaces para estabilizar las frecuencias, contribuyeron a elevar la tensión en la Península.
A las 12:32, la red parecía estabilizada. No había oscilaciones relevantes. La tensión estaba por debajo de 420 kilovoltios. Cuarenta y cinco segundos después, todo se había derrumbado.
La cascada: 2,5 gigavatios perdidos en menos de dos minutos
El informe reconstruye el colapso con precisión de milisegundos. A las 12:32:00, la tensión comenzó a subir en varios nodos de la red española. En paralelo, la producción de grandes instalaciones de energías renovables, con potencia superior a 5 megavatio, bajó unos 500 megavatios en menos de un minuto.
Esa reducción de potencia activa, en plantas que operaban con factor de potencia fijo, arrastró también la potencia reactiva que esos generadores absorbían de la red. Resultado: la tensión subió todavía más.
A las 12:32:57, un transformador en una subestación de la zona de Granada disparó su protección de sobretensión. Ese transformador estaba inyectando 355 megavatios en la red. Su desconexión fue el detonante visible de la cascada, aunque el informe deja claro que el sistema ya estaba al límite antes de ese momento.
Lo que vino después ocurrió en segundos. A las 12:33:16, dos subestaciones en la zona de Badajoz perdieron 727 megavatios de fotovoltaica y termosolar. A las 12:33:17, otros 928 megavatios cayeron en Segovia, Huelva, Sevilla y Cáceres. En total, más de 2,5 gigavatios desaparecieron de la red en menos de dos minutos. Las protecciones de defensa del sistema se activaron, pero no pudieron detener la cascada.
A las 12:33:19, la red ibérica perdió el sincronismo con el sistema continental europeo. A las 12:33:21, las líneas de alta tensión entre Francia y España se desconectaron automáticamente por los dispositivos de protección, lo que impidió que el problema se propagara al resto de Europa. A las 12:33:23, los últimos enlaces de corriente continua que aún funcionaban también se cortaron. El sistema eléctrico de España y Portugal había colapsado por completo.
Francia sufrió una afectación marginal: unos 7 megavatios de carga perdida y una central nuclear que disparó sus protecciones. El resto de Europa no registró perturbaciones significativas.
Las causas: un sistema mal preparado para gestionar tanta energía renovable
El panel de expertos identificó varios factores que, combinados, hicieron posible el colapso. Ninguno, por sí solo, habría bastado para provocarlo.
El primero tiene que ver con cómo operaban las renovables ese día. Las instalaciones de energía solar y eólica funcionaban con factor de potencia fijo, lo que significa que no respondían a las variaciones de tensión de la red. Cuando la tensión empezó a subir, esos generadores no absorbieron reactiva adicional para compensarla; al contrario, la reducción de su potencia activa redujo también su absorción de reactiva, agravando el problema.
El segundo factor afecta a las centrales convencionales. El informe señala que varios generadores síncronos grandes, los que sí tienen capacidad dinámica de control de tensión, no estaban cumpliendo con los valores de referencia de potencia reactiva que establece el procedimiento de operación aplicable en España. En concreto, más del 25% de las muestras horarias estaban por debajo del umbral requerido. El marco regulatorio vigente no establecía consecuencias económicas por este incumplimiento.
El tercero tiene que ver con los reactores en derivación, que son los elementos que absorben energía reactiva de la red para bajar la tensión. En España, su conexión y desconexión se hace de forma manual, lo que requiere tiempo de decisión y ejecución. En la mañana del 28 de abril, varios reactores habían sido desconectados previamente para compensar las bajas tensiones durante los episodios de oscilación. Cuando la tensión empezó a subir con rapidez, no estaban disponibles con la inmediatez necesaria.
El cuarto factor es estructural: la red española de 400 kilovoltios opera con un rango de tensión permitido más amplio que el del resto de Europa. Eso hace que el margen entre la tensión máxima de operación y el umbral al que los generadores pueden desconectarse sea muy pequeño, o directamente inexistente en algunos casos. Cuando la tensión superó ciertos niveles, las protecciones de sobretensión de numerosas instalaciones, algunas con umbrales por debajo de lo exigido por la normativa, comenzaron a actuar de forma encadenada.
El panel también detectó que el diseño de las redes locales de generación, las que agrupan varias instalaciones detrás de un mismo punto de conexión con la red de transporte, no estaba adaptado a las necesidades del sistema, lo que contribuyó a que algunas de esas instalaciones se desconectaran incluso cuando la tensión en el punto de conexión estaba dentro del rango permitido.
La recuperación y las lecciones para el futuro
La restauración comenzó en cuanto se produjo el colapso. Los operadores de red de España (Red Eléctrica), Portugal (REN) y Francia (RTE) activaron sus planes de reposición. Portugal recuperó el suministro a las 00:22 del 29 de abril, 12 horas después del apagón. España lo hizo a las 4:00, 16 horas después. El proceso se apoyó en interconexiones con Francia y Marruecos y en el arranque en negro de algunas centrales.
El informe clasifica el incidente como nivel 3 en la escala ICS, el máximo previsto en la regulación europea, y formula un conjunto de recomendaciones dirigidas a gestores de red, reguladores y fabricantes de equipos.
Entre las recomendaciones más relevantes figuran:
- Revisar los requisitos de provisión de potencia reactiva por parte de las renovables.
- Establecer criterios de comportamiento dinámico para todos los generadores.
- Automatizar el control de los reactores en derivación.
- Revisar los umbrales de desconexión por sobretensión en todas las instalaciones
- Evaluar si el rango de operación de tensión específico de la red española es compatible con una mayor penetración de energía renovable.
El panel subraya que el sistema de defensa funcionó correctamente en lo que respecta al aislamiento del problema: las líneas entre España y Francia se desconectaron a tiempo y el apagón no se propagó al continente.
Pero también señala que ese mismo sistema de defensa no fue capaz de interrumpir la cascada interna una vez iniciada. El informe no lo dice en estos términos, pero la lectura es clara: la red estaba diseñada para un mix energético diferente al que tenía ese día.