La medida amplía la restricción de las bases de Rota y Morón, en Andalucía, a cualquier contingente militar que estuviese destinado hacia la guerra iraní, ya extendida por todo Oriente Próximo y la región del Golfo. EE.UU. no considera necesaria la colaboración de España para seguir con la guerra.
El Gobierno de España impedirá el uso de la totalidad de su espacio aéreo a cualquier avión militar de Estados Unidos vinculado al conflicto iraní o destinado hacia esta zona, ampliando así su decisión anterior de restringir las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) con este fin.
Así lo ha confirmado José Manuel Albares, ministro de Exteriores, en los micrófonos de 'Rac 1' este lunes por la mañana tras unas informaciones publicadas por el diario 'El País'. "El objetivo es no hacer nada que permitiera escalar esta guerra. Simplemente, lo que hemos hecho es no permitir su uso por este conflicto".
El ministro socialista ha asegurado que existe un "flujo informativo" con Washington al respecto de este conflicto al considerarla "una guerra unilateral que viola el derecho internacional", pero ha matizado que las relaciones con Estados Unidos siguen vigentes: "No hay ningún indicio de una ruptura de relaciones diplomáticas. Tenemos una relación absolutamente normal con el embajador estadounidense".
Margarita Robles, su homóloga en Defensa, también ha confirmado las intenciones del Gobierno de Sánchez, llegando incluso a apuntar que ya se habría comunicado dicho veto en privado.
"Esto se dejó perfectamente claro a las fuerzas armadas estadounidenses desde el principio. Por lo tanto, ni las bases están autorizadas ni, por supuesto, está autorizado el uso del espacio aéreo español para ninguna acción relacionada con la guerra en Irán", ha declarado ante la prensa este lunes. "Creo que todos conocen la postura de España. Es muy clara", ha afirmado la ministra, calificando la guerra como "profundamente ilegal e injusta".
Sánchez, posicionado junto al primer ministro canadiense, Mark Carney, como la voz más crítica en Occidente contra las políticas de Donald Trump, fue el primer actor europeo en poner en duda la legalidad de los ataques estadounidenses e israelíes contra territorio iraní, que ha provocado un auge de los precios energéticos en todo el mundo tras paralizar el comercio marítimo de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
Este conflicto bélico ha provocado dimisiones en la cúpula de inteligencia estadounidense, una pérdida de popularidad del presidente republicano incluso entre las bases de su partido y el enquistamiento de una operación militar que el propio Trump aseguro que duraría "entre dos y tres semanas" pero que ya se ha alargado un mes desde los bombardeos por todo el país, que provocaron el descabezamiento de parte de los líderes de la teocracía persa y el asesinato de civiles en Irán o Líbano.
Washington resta importancia al veto español: "No necesitamos su ayuda"
La Casa Blanca rebajó este lunes el alcance del cierre del espacio aéreo español a los aviones estadounidenses implicados en la guerra contra Irán y trasladó, en declaraciones al diario 'ABC', que no considera necesaria la colaboración de España para continuar con la ofensiva. Un alto cargo de la Administración subrayó que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos están "cumpliendo o superando" sus objetivos en el marco de la Operación Furia Épica, por lo que, afirmó, no requieren apoyo adicional.
La respuesta estadounidense llega tras una serie de decisiones adoptadas por el Gobierno de Pedro Sánchez que han tensado la relación bilateral en pocos días. En la capital estadounidense, estas medidas se interpretan más como un gesto político de distanciamiento que como una limitación operativa real. El Pentágono ha evitado valorar directamente la situación y ha remitido la interlocución a la Casa Blanca, que insiste en que la marcha de la operación no depende de España.
La Administración Trump ha aprovechado el episodio para reforzar su discurso sobre la falta de implicación de algunos aliados europeos, situando a España dentro de ese grupo en un contexto especialmente delicado en Oriente Próximo. Las críticas han trascendido también el ámbito institucional: voces cercanas al entorno del presidente, como Katie Miller, reprocharon la decisión española con mensajes que evidencian el creciente malestar en sectores próximos a Washington.