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Los jardines verticales refrescan las ciudades de forma práctica y bella

Un jardín vertical en la pared de un edificio
Un jardín vertical en la pared de un edificio Derechos de autor  Paisajismo Urbano
Derechos de autor Paisajismo Urbano
Por Angela Symons
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El experto en jardines verticales Ignacio Solano lleva años estudiando ecosistemas tropicales desde Colombia hasta Madagascar.

Los jardines verticales se desarrollaron por primera vez en Europa, pero América Latina ha tomado el concepto y lo ha aplicado a gran escala.

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"En Europa es normal que las grandes capitales tengan uno, dos o tres jardines verticales importantes", explica a Euronews Earth el botánico español Ignacio Solano. "Si se compara con Buenos Aires, allí hay cientos de jardines verticales. Ciudad de México tiene cientos. Ciudad de Guatemala tiene cientos".

Desde que el botánico francés Patrick Blanc impulsó el concepto en la década de 1980, Europa ha dado algunos ejemplos llamativos. El Bosco Verticale de Milán, un par de rascacielos residenciales cuyas terrazas albergan más de 21.000 árboles y arbustos, fija casi 20.000 kilogramos de carbono al año y hoy sirve de refugio a 20 especies de aves.

Mientras las capitales europeas se preparan para otro verano de olas de calor abrasadoras, aprovechar esta herencia puede ser una de las herramientas más prácticas para proteger a la ciudadanía.

Las investigaciones muestran que los jardines verticales pueden reducir de forma significativa la temperatura de las fachadas, disminuir la absorción de calor y mejorar el confort térmico en las zonas urbanas densamente pobladas.

Los muros verdes, una categoría más amplia que abarca desde los sistemas hidropónicos sin sustrato de Solano hasta las simples trepadoras enraizadas en el suelo, también filtran las partículas en suspensión, absorben dióxido de carbono y ofrecen hábitat a aves e insectos, lo que refuerza la biodiversidad urbana en lugares donde el espacio para parques tradicionales es limitado.

Solano, a través de su empresa Paisajismo Urbano, con sede en Alicante, contribuye a desmontar ideas erróneas sobre la tecnología de los jardines verticales mientras enseña a otros a reverdecer sus ciudades. Calcula que hasta la fecha ha ayudado a instalar cerca de un millón de metros cuadrados de jardines verticales en todo el mundo.

Llevar la sabiduría de la selva tropical a las ciudades de todo el mundo

Formado como biólogo, Solano lleva más de 14 años investigando ecosistemas tropicales en selvas que van desde el Chocó colombiano hasta las islas de Madagascar y Reunión, estudiando cómo crecen e interactúan las plantas en estado salvaje.

Escoger las especies adecuadas para un jardín vertical es esencial y requiere una cualificación muy especializada. Hay que tener en cuenta desde la altitud y el clima de la ciudad hasta la orientación del edificio. Las plantas deben agruparse según su capacidad de adaptación y sus necesidades nutricionales. Esto se debe a que normalmente crecen sin suelo, alimentadas con agua rica en nutrientes que se distribuye mediante un sistema hidropónico.

El resultado, sostiene Solano, produce tres veces más oxígeno y crece tres veces más rápido que una zona verde convencional a ras de suelo: "En realidad lo que hacemos es crear un biofiltro en las ciudades".

Las versiones modernas del sistema, añade, prácticamente no consumen agua y solo requieren una visita de mantenimiento al año.

"No hace falta ser botánico, arquitecto o ingeniero" para instalar un jardín vertical

La empresa de Solano lleva más de dos décadas desarrollando metodologías de selección de especies y tecnología para jardines verticales, conocimientos que comparte a través de su franquicia en Ciudad de Guatemala, By Botanik.

Ha impartido cursos intensivos con los que forma a alumnos de todo el continente americano no solo en las técnicas botánicas, sino también en el modelo de negocio completo, desde las ventas y los contratos hasta la selección de especies.

Los cursos están diseñados para ser deliberadamente accesibles: "No hace falta ser botánico, arquitecto ni ingeniero", asegura Solano, solo hacen falta entusiasmo y ganas de aprender.

En un plazo de cinco días, afirma Solano, los participantes son capaces de identificar especies por familia, origen y ubicación óptima en un muro. De unos 100 alumnos por promoción, explica, 85 suelen acabar desarrollando proyectos reales.

Editor de vídeo • Denis Loctier

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