Los sectores más duros del régimen iraní presentan el memorando con EE.UU. como un triunfo estratégico. Sin embargo, en este 2026, el presidente Donald Trump desmiente la existencia de un fondo multimillonario de reconstrucción y advierte de que reanudará los bombardeos si no cumplen.
El sector más duro del régimen iraní presenta el acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán como la prueba de que Teherán ha resistido más que Washington, y no como una concesión, pese a que siguen abiertas las dudas sobre hasta qué punto los Guardianes de la Revolución (IRGC) impusieron sus condiciones.
El comandante de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución, Esmail Qaani, hizo el lunes por la noche su primera aparición pública en meses para hablar del acuerdo y declaró a la televisión estatal iraní que el estrecho de Bab al Mandeb "está completamente en manos de los chicos de Hezbolá, los hutíes en Yemen e incluso algunos camaradas e hijos de la resistencia que no son yemeníes".
El comentario sobre Bab al Mandeb, que une el mar Rojo con el golfo de Adén, sonó como una advertencia de que la red regional de Teherán conserva capacidad de presión sobre otra ruta marítima global incluso cuando se levanta el bloqueo de Ormuz.
La Fuerza Quds, el brazo de inteligencia y guerra asimétrica de los Guardianes de la Revolución, es la principal arquitecta del llamado Eje de la Resistencia, una red de grupos armados en todo Oriente Medio que incluye a Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y milicias chiíes en Irak, a las que Teherán financia, arma y dirige.
Mientras tanto, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), con sede en Washington, sostiene desde hace meses que el alto mando de los Guardianes, Ahmad Vahidi, y su círculo más próximo han utilizado el supuesto control de Irán sobre Ormuz para afianzar el poder interno del cuerpo, incluso frente a rivales como el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y para marcar la postura negociadora general del país.
Según estas valoraciones, Vahidi se ha enfrentado directamente al liderazgo político iraní, que presionaba para lograr un acuerdo rápido que pusiera fin a la guerra y reabriese las rutas marítimas bloqueadas con la esperanza de reanimar la economía, mientras que los Guardianes de la Revolución, que controlan la presencia militar de Irán en el estrecho de Ormuz, se resistieron y se impusieron en cada episodio de desacuerdo.
"Guerra híbrida a gran escala"
Para los sectores más duros del régimen, el memorando se presentará previsiblemente ante la opinión pública como una victoria estratégica, la prueba de que la República Islámica ha sobrevivido a la guerra y ha obligado a Washington a negociar. Esa lectura, sin embargo, no se comparte por igual en todo el espectro político iraní.
Ebrahim Rezaei, portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, calificó el memorando de "desequilibrado" y afirmó que no se habían respetado todas las líneas rojas de Irán.
"Estamos en una guerra híbrida a gran escala y debemos aprovechar esta oportunidad para hacernos más fuertes", afirmó en una entrevista televisada.
La reacción llega en un momento delicado, mientras Irán prepara los funerales oficiales del fallecido ayatolá Alí Jamenei, muerto en los bombardeos aéreos estadounidenses e israelíes con los que se abrió la guerra el 28 de febrero.
Se espera que los medios estatales subrayen que el documento no incluye disposiciones sobre cambio de régimen, reforma política ni el sistema de Gobierno interno de Irán, y que centren la atención en las cláusulas que obligan a ambas partes a respetar la soberanía del otro.
El alivio de las sanciones, la reanudación de las exportaciones de petróleo, la liberación de activos congelados y la reapertura del tráfico marítimo se presentarán previsiblemente como la prueba de que Irán ha arrancado importantes concesiones económicas sin ceder en su estructura política.
Los medios estatales iraníes ya han informado de que tres petroleros iraníes con un total de 5 millones de barriles de crudo atravesaron el estrecho de Ormuz después de que Trump anunciara el levantamiento del bloqueo naval estadounidense.
"Cualquier acuerdo fracasará a la larga"
Incluso entre los sectores más duros, el apoyo al acuerdo no se ha traducido en confianza hacia Washington.
Hossein Shariatmadari, director del diario ultraconservador 'Kayhan', criticó a los negociadores iraníes por no haber publicado ellos mismos el memorando, lo que obligó a los iraníes a conocer su contenido a través de los medios estadounidenses, y pidió que el Parlamento lo revise antes de que siga adelante.
El acuerdo complica también la posición de los dirigentes opositores en el exilio que confiaban en que una presión prolongada debilitara o derribara a la República Islámica.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, salió al paso de esas expectativas de forma directa. "Trump nunca dijo que su objetivo fuera colocar a Reza Pahlavi como nuevo líder de Irán", afirmó. "Lo que queremos es que pongan fin a su programa nuclear".
Pahlavi, la figura opositora más destacada en el extranjero, rechazó de plano el acuerdo.
"Cualquier acuerdo con este régimen fracasará a la larga", declaró a 'ITV News'. "Nunca se le puede confiar nada. Seguirá chantajeando al mundo, a los valientes e inocentes iraníes y propagando el terror y la inestabilidad en la región y a escala internacional".
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por su parte, ha insistido en que el acuerdo marco, que debe ir seguido de sesenta días de nuevas negociaciones para diseñar un pacto definitivo entre las dos partes, no es más que un memorando de entendimiento.
"Y si no me gusta, volveremos a dispararles, a soltar bombas sobre sus cabezas", afirmó Trump. Se espera ahora que el acuerdo se firme no en Ginebra sino en el hotel Bürgenstock, en Suiza, un lugar utilizado a menudo para la diplomacia de alto nivel.
Trump ha lanzado nuevos mensajes contradictorios. Junto al presidente egipcio Abdel Fatah el Sisi, negó las informaciones que apuntaban a que el acuerdo incluía un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Irán.
"Eso es falso", dijo. "No vamos a invertir ni diez centavos", insistió, reiterando que el acuerdo seguía siendo condicional. "Si no se comportan, volveremos a soltar bombas justo en medio de sus cabezas", añadió Trump.
Las autoridades israelíes han criticado abiertamente la precipitación con la que se ha cerrado el acuerdo y advierten de que podría reforzar la posición de Teherán, una postura que probablemente pesará en la supervivencia del pacto durante la ventana de negociación de sesenta días que ahora se abre.