Cada primavera, las cigüeñas blancas llenan los tejados de Cigoc, un pueblo croata tan unido a ellas que sus vecinos las consideran familia.
En la aldea croata de Cigoc, las cigüeñas no son solo visitantes, también son habitantes. Cada primavera, las cigüeñas blancas regresan de África para anidar en los tejados de las casas tradicionales de madera del pueblo, en un número tal que a menudo superan al de las personas que viven allí.
Este fenómeno ha valido a Cigoc el título de la primera 'aldea de las cigüeñas' de Europa, un reconocimiento que mantiene desde hace 32 años. A diferencia de la mayor parte del continente, donde las cigüeñas suelen construir sus nidos en árboles, acantilados o cerca de la costa, aquí se han integrado directamente en la vida del pueblo.
"Aquí, las cigüeñas construyen sus nidos en los tejados de los graneros y de las casas, a diferencia de otros lugares de Europa, donde se encuentran sobre todo en bosques de robles, en acantilados, junto al mar", explica Davor Anzil, empleado del Centro de Información de Cigoc. "Aquí viven en contacto estrecho y en convivencia con las personas".
Un humedal que alimenta a las aves
Cigoc se encuentra en el parque natural Lonjsko Polje, a unos 90 kilómetros al sureste de Zagreb, la mayor zona de humedal protegida de Croacia. El rico ecosistema del parque alberga hasta 250 especies de aves, más de dos tercios de todas las registradas en Croacia, incluidas las cigüeñas blancas y negras.
Esa abundancia de alimento está estrechamente relacionada con el éxito reproductor de las cigüeñas. Los humedales cercanos ofrecen muchas ranas, peces, serpientes e insectos, lo que permite que las parejas de Cigoc saquen adelante una media de tres o cuatro pollos por nido, aproximadamente el doble de la media europea, de uno o dos.
Menos gente, menos cigüeñas
A medida que envejece la población de Cigoc y los vecinos más jóvenes se marchan a las ciudades, también ha disminuido el número de cigüeñas que anidan allí, mientras las tierras de cultivo que antes se utilizaban para buscar alimento quedan abandonadas.
Aun así, los habitantes que permanecen en el pueblo no tienen intención de molestar a sus vecinas emplumadas. "Las cigüeñas estaban aquí antes que yo, y no veo cómo podría quitar nunca su nido o ahuyentarlas cuando siguen regresando", afirma el jubilado Marijan Belosevic. "Es su costumbre, y tengo mucho respeto por la naturaleza".
La condición de Cigoc como 'aldea de las cigüeñas' sigue siendo motivo de orgullo local y un recordatorio de que, en este rincón de Croacia, las personas y las aves han aprendido a compartir tejado.