El inusual eclipse solar de hoy entusiasma a los humanos, pero los animales afrontarán una oscuridad repentina y desconcertante en pleno día.
Cuando el día, de forma aparentemente inesperada, se convierte en noche, muchos animales pueden sentirse confundidos, desorientados o estresados, aunque, por suerte, solo durante unos minutos.
Los animales, tanto salvajes como domésticos, dependen de importantes señales ambientales, como la luz y la temperatura, para orientarse en su vida diaria. Cuando la luz disminuye y bajan las temperaturas, esas referencias cambian de repente.
Los científicos que han estudiado el comportamiento animal durante los eclipses tienen una idea bastante clara de lo que suele ocurrir, aunque no todos los animales reaccionan de la misma manera.
Cómo reaccionan las distintas especies ante los eclipses
Quienes observan un eclipse solar total suelen percibir un silencio repentino. Las aves que cantan durante todo el día a menudo dejan de hacerlo en cuanto cae la oscuridad, como si la tarde se adelantara varias horas. Los animales nocturnos, como los búhos, pueden hacer lo contrario y activarse, comportándose como si hubiera empezado el anochecer.
Muchos, desde mamíferos de zoo hasta abejas y otros insectos, interpretan la oscuridad repentina como la llegada de la noche. Se ha visto a elefantes dirigirse directamente a sus cobijos nocturnos, tomando el eclipse como la señal habitual de recogida. Otros muestran signos más evidentes de estrés: los gorilas han embestido los cristales de sus recintos y las jirafas han caminado de un lado a otro y se han balanceado.
Las mascotas también pueden inquietarse. Perros y gatos suelen caminar de un lado a otro, gemir o esconderse durante la totalidad, una reacción que algunos investigadores comparan con la respuesta de las mascotas a los fuegos artificiales o las tormentas.
La normalidad vuelve en cuestión de minutos
La oscuridad total en sí es breve, dura solo unos minutos. Cuando regresa la luz del sol, el comportamiento de los animales se restaura igual de rápido.
Las aves suelen romper a cantar y, según los testimonios, lo hacen incluso con más fuerza que en un amanecer normal. En poco tiempo, la mayoría de los animales retoma sus rutinas diurnas habituales, como si no hubiera ocurrido nada extraordinario.