'Euronews' hace un repaso con humor a los términos, personajes y rituales imprescindibles de las fiestas de San Fermín, para que ningún forastero se quede con cara de cabezudo en Pamplona.
Cada 7 de julio, Pamplona deja de ser una ciudad tranquila del norte para convertirse en un idioma aparte. Se habla de encierros, de peñas, de charangas y de 'txistularis' con la misma naturalidad con la que en cualquier otro sitio se habla del tiempo, y quien llega de fuera sin vocabulario previo corre el riesgo de pasarse nueve días asintiendo sin entender nada. Para evitarlo, aquí va un pequeño manual de supervivencia lingüística, pañuelico en mano.
El uniforme (no, no es opcional)
Como cualquier fiesta que se precie, usted ha de ir con el uniforme reglamentario si quiere formar parte de un evento de este calibre. Vayamos por partes, que esto consta de una par de piezas:
- 'Pañuelico': El pañuelo rojo que 'abraza' el cuello de medio millón de personas durante una semana. Hay una regla no escrita, casi religiosa: no se ata hasta que el cohete del chupinazo estalla en el cielo. Ponérselo antes es la versión sanferminera de silbar en un teatro. Le aseguramos que no será lo único rojo que decore su cuerpo.
- Camiseta blanca: Admire y aproveche a hacerse una foto antes de salir de casa porque es la última vez que va a ver el blanco prístino sobre su cuerpo. Tan pronto como ponga un pie en la calle, las probabilidades de que acabe manchada del peor tinto que alguien ha podido comprar en el supermercado es del 99%. Si quiere rematar, vaya con unos pantalones blancos. Aunque estos es probable que acaben negro ceniza de las veces que se va a sentar en el suelo.
- Faja: El cinturón rojo que remata el uniforme blanco. Cumple una función estética, desde luego, pero también una muy práctica para quien lleva encima más almuerzo y más vino o kalimotxo de los recomendables: sujeta lo que haya que sujetar.
- Gafas de natación: Este elemento no es obligatorio 'per se', en ningún lado va a encontrarlo como parte del uniforme oficial de las fiestas. Pero cuando le caiga por cuarta vez cerveza o vino en la cara y tenga que secárselo como el que se quita las legañas de buena mañana, se acordará de esta humilde guía y del caballero que firma estas líneas.
- Mozo/a: Técnicamente se le llama a los que corren cualquiera de los siete encierros que conforman las fiestas de Navarra. En la práctica, cualquiera vestido de blanco y rojo que se pasea por Pamplona esos días, corra o no corra, aunque su mayor hazaña deportiva haya sido llegar de pie hasta el almuerzo o esprintar para subirse al último bus del día.
El calendario, que se cumple a rajatabla
- Chupinazo: El cohete que se lanza desde el balcón del Ayuntamiento a las 12:00 del 6 de julio y que oficialmente arranca la fiesta. Lo que no dice ningún cartel es que la fiesta, extraoficialmente, ya lleva un rato empezada en las calles de alrededor.
- '¡Gora San Fermín!': El grito que sigue al chupinazo, al patrón y, sospechosamente, también al primer tapón de champán que sale volando. 'Gora' es 'viva' en Euskera. Camino al A1 de euskaldún.
- Encierro: Los 849 metros de calle empedrada que recorren los toros, y quien se atreva a acompañarlos, cada mañana a las ocho en punto. Dura poco más de dos minutos, pero en la memoria de quien los corre se estira hasta convertirse en la historia que contará el resto del año.
- 'Pobre de mí': El cántico con el que Pamplona se despide de sus propias fiestas a medianoche del 14 de julio, pañuelico en alto, en la Plaza Consistorial. Es, probablemente, el único momento del año en que una ciudad entera admite en voz alta que la fiesta se ha acabado y que hay que volver a la vida normal.
- Ya falta menos: La frase que el alcalde suelta desde el balcón justo después del 'Pobre de mí', y que resume mejor que cualquier discurso el espíritu sanferminero: la fiesta termina, pero la cuenta atrás para la siguiente empieza esa misma noche.
Los oficios menos fotografiados
- Pastor: Quien camina detrás de los toros con una vara de fresno o avellano, vigilando que la manada no se disperse. Su trabajo empieza antes de que nadie más se haya levantado y termina cuando ya todo el mundo está celebrando que ha terminado.
- Doblador: El mozo con capote que espera a los toros dentro de la plaza para ayudarles a entrar en el corral. Es el último eslabón del encierro y el más ignorado por las cámaras, que para entonces ya están enfocando a los corredores tirados en el suelo.
- Gaitero/txistulari: Los músicos de gaita y txistu que amenizan procesiones, desfiles y actos institucionales. Su banda sonora es tan constante durante esos días que, pasada la primera semana de agosto, cualquier pamplonica jura seguir oyéndola de fondo.
- Comparsa de Gigantes y Cabezudos: El desfile de figuras de cartón piedra que representan los cuatro continentes, acompañadas de los Cabezudos y de los Zaldikos, esas figuras con forma de caballo cuyo nombre, en euskera, significa exactamente eso. Es la versión sanferminera del terror infantil bien entendido: los niños huyen de los Cabezudos entre risas y gritos, y vuelven a por más al día siguiente. Ya con esta sección debería usted tener el A2 de euskera camino al B1. ¿Duolingo, quién te conoce?
La logística de aguantar nueve días
- Peña: La cuadrilla organizada, con sede propia (usualmente un bajo o un garaje), camiseta o pañuelo distintivo y, casi siempre, una relación complicada con el sueño. Desfilan juntas, cantan juntas y, sospechosamente, también pasan la resaca juntas.
- Charanga/'txaranga': El grupo de viento y percusión que convierte cualquier calle en pista de baile a cualquier hora del día. No hay pausa para comer que no termine en corro alrededor de una charanga.
- Almuercico: La comida en cuadrilla que marca el verdadero ritmo de las fiestas: antes del chupinazo el primer día, y después del encierro el resto de las jornadas. Es, en la práctica, el verdadero desayuno de los Sanfermines, aunque llegue a media mañana y con más contundencia que cualquier desayuno normal. Y, como debe ser, regado con el tinto del supermercado más barato.
- Villavesa: El nombre popular de los autobuses urbanos de Pamplona, que dan título al "encierrico de la Villavesa" con el que se cierran las fiestas el 15 de julio. Un pequeño homenaje festivo al transporte público que, durante nueve días, ha visto de todo, desde familias camino a sus primeras fiestas hasta jóvenes en posiciones dignas de yoga con más alcohol que sangre en el cuerpo.
- Riau-Riau: ese desfile municipal al ritmo del 'Vals de Astráin' que mezcla protocolo y protesta a partes iguales, lo cierto es que el vocabulario sanferminero cambia poco de un año a otro. Lo que sí cambia es quién lo aprende por primera vez cada julio, pañuelico en mano y sin saber todavía que, dentro de nueve días, también él dirá aquello de "ya falta menos".