Científicos militares chinos han descrito, en una publicación poco habitual, un sistema de microondas de alta potencia capaz de generar hasta 100 gigavatios, una cifra que multiplica por cien el umbral necesario para inutilizar satélites en órbita baja, como los satélites Starlink de Elon Musk.
Un equipo de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa (NUDT) ha publicado este mes en la revista 'High Power Laser and Particle Beams' los detalles de varios generadores de pulsos desarrollados por el Ejército chino en los últimos años.
Entre ellos destaca un dispositivo capaz de alcanzar los 100 gigavatios combinando múltiples generadores de pulso sincronizados, según explican los propios investigadores, encabezados por Zhang Jun. A modo de comparación, un microondas típico doméstico para calentar comida genera microondas con una potencia de 800 vatios, que son 0,0000008GW.
Para dimensionar la cifra: los expertos consideran que un pulso de apenas 1 gigavatio ya puede provocar interferencias graves o daños directos en la electrónica de un satélite de órbita baja. El sistema descrito por NUDT multiplicaría esa capacidad cien veces, aunque los autores del estudio apuntan que el diseño admite todavía más escalado.
La clave técnica, según el artículo, está en sincronizar varios módulos compactos de potencia pulsada en lugar de depender de un único generador, que se topa con límites de aislamiento eléctrico. Esa arquitectura modular permite, según los científicos, que cada unidad trabaje cerca de su rendimiento máximo sin comprometer el conjunto.
Por qué preocupa a las grandes constelaciones de satélites
El interés estratégico de esta tecnología no es nuevo. China ya había hecho pública en febrero, a través de otro estudio, la existencia de un dispositivo de 20 gigavatios desarrollado por el Instituto Noroccidental de Tecnología Nuclear, pensado explícitamente como posible herramienta para interrumpir redes de satélites como Starlink.
A diferencia de las armas cinéticas, que destruyen satélites por impacto y generan nubes de escombros peligrosas para cualquier nave en órbita, incluidas las del propio atacante, un arma de microondas actúa sobre la electrónica sin necesidad de contacto físico. Esto ofrece, al menos sobre el papel, una ventaja doble: bajo coste operativo frente al valor de las constelaciones que podría neutralizar, y un margen de ambigüedad sobre la autoría del ataque que las armas convencionales no permiten.
El propio equipo de NUDT reconoce en su artículo que el objetivo es lograr decenas de gigavatios de salida dentro de restricciones estrictas de espacio y peso, una condición imprescindible si el sistema debe integrarse en plataformas móviles o embarcadas.
Innovaciones adicionales y el contexto de la carrera armamentística
El estudio detalla también otras soluciones, como sistemas de estado sólido pensados para adaptarse a distintos entornos operativos, y un híbrido de condensadores de iones de litio capaz de activarse de forma instantánea a temperaturas de hasta -40ºC. Esta última mejora resulta relevante para las tropas de guerra electrónica que operen en condiciones invernales o polares, donde el frío extremo suele degradar el rendimiento de los sistemas de energía.
Los autores reconocen que China parte con ventaja frente a otras potencias en este campo concreto, y atribuyen esa posición a años de inversión sostenida en investigación de pulsos de alta potencia.
Otros países que quisieran igualar el ritmo chino se enfrentan, según el propio texto, a obstáculos como la pérdida de capacidad industrial, la reducción del gasto en I+D y las dificultades de acceso a materiales críticos, entre ellos las tierras raras.
Los próximos pasos de investigación, según el artículo, se centrarán en mejorar la precisión del control del haz de energía y en reducir tanto el tamaño como el coste de estos sistemas, dos condiciones necesarias para que la tecnología pase de los laboratorios a un despliegue más amplio.