Los finalistas fueron evaluados en siete ámbitos, entre ellos la resiliencia frente al cambio climático, la gestión de residuos y la rapidez con la que recortan sus emisiones.
La próxima semana ocho ciudades europeas sabrán si sus esfuerzos por reducir las emisiones y hacer sitio a la naturaleza son suficientes para ganar uno de los principales galardones verdes de la Unión Europea (UE).
Los premios anuales European Green Capital and Green Leaf Awards reconocen a las ciudades que logran avances ambientales medibles al tiempo que mejoran la calidad de vida de sus residentes.
El pasado junio, un panel independiente redujo de 27 a ocho las candidatas que cumplían los requisitos, tras evaluarlas en aspectos que van desde la calidad del aire y del agua hasta la biodiversidad y sus esfuerzos por recortar emisiones.
Los ganadores se anunciarán la próxima semana, el 8 de octubre, en Guimarães, Portugal, Capital Verde 2026. Se eligen con más de un año de antelación, lo que da a las ciudades tiempo para preparar los proyectos, eventos y programas públicos que quieren desarrollar durante su año de título.
Cinco ciudades optan al título de Capital Verde: Aalborg, en Dinamarca, Bielsko-Biała, en Polonia, Košice, en Eslovaquia, Porto, en Portugal, y Zaragoza, en España.
Otras tres, Benidorm y Chiclana de la Frontera, en España, y Estarreja, en Portugal, han sido preseleccionadas para los premios Green Leaf, dirigidos a ciudades con menor población.
¿Cómo se evalúan las ciudades más verdes de Europa?
La UE puso en marcha el premio Green Capital para reconocer a las ciudades que avanzan de forma medible en la solución de problemas ambientales y mejoran la calidad de vida de sus residentes.
El premio principal está abierto a ciudades con más de 100.000 habitantes. Las ciudades más pequeñas, con poblaciones de entre 20.000 y 100.000 habitantes, compiten por el título Green Leaf.
El panel de expertos evaluó las candidatas en siete áreas, incluida la limpieza del aire y del agua, la protección de la naturaleza y las zonas verdes, la gestión de residuos y del ruido, la rapidez con la que reducen las emisiones y la forma en que se preparan frente a amenazas como el calor extremo y las inundaciones.
Cada finalista tiene puntos fuertes diferentes.
Zaragoza, por ejemplo, ha obtenido buena puntuación en biodiversidad y espacios verdes. La ciudad está conectando parques, riberas, humedales, arbolado urbano y áreas naturales del entorno en una sola red, diseñada para dar más margen de movimiento a la fauna y ayudar a reducir el riesgo de inundaciones.
Porto ha destacado por su gestión del agua, así como por sus preparativos ante un clima más cálido y menos predecible. En la última década, la ciudad ha trabajado para restaurar el cauce y las orillas del río Tinto, ha creado nuevos parques que retienen el agua de lluvia durante los aguaceros y ha empezado a reutilizar aguas residuales tratadas para el riego agrícola y la limpieza de calles.
La localidad turística de Benidorm, por su parte, ha recibido elogios por añadir mucha más vegetación a sus calles edificadas. Desde 2012 ha ampliado sus jardines públicos de 350.000 metros cuadrados a más de 1,5 millones y casi ha cuadruplicado su número de árboles. Hoy, el 92% de los residentes vive a menos de 300 metros de un espacio verde público.
Los finalistas presentarán sus planes ante un jurado internacional la próxima semana, los días 7 y 8 de octubre.
La ciudad ganadora del título de Capital Verde recibirá 600.000 euros para poner en práctica sus planes ambientales, mientras que las ganadoras de Green Leaf podrán disponer de 200.000 euros para proyectos verdes y actividades públicas.
¿Cómo se están adaptando las ciudades europeas a un clima más cálido?
Los cambios que la UE está reconociendo forman parte de un cambio de paradigma visible en ciudades de toda Europa. A medida que los veranos son más calurosos y los patrones meteorológicos más imprevisibles, los urbanistas están devolviendo espacio a los árboles, los parques y el agua.
En Barcelona, por ejemplo, algunas calles se han cerrado al tráfico de paso, mientras que otras se han convertido en parques y áreas peatonales.
Por su parte, en Milán, el Bosco Verticale (bosque vertical) ofrece un ejemplo, pequeño pero importante, de cómo las ciudades pueden añadir vegetación incluso donde apenas hay espacio para parques. Las dos torres residenciales albergan más de 21.000 árboles y arbustos en sus terrazas.
En Breda, en Países Bajos, la amplia implicación ciudadana ha transformado la ciudad desde el cambio de siglo. Las losas de hormigón se han sustituido por césped, parterres y árboles. Viviendas y colegios han añadido jardines en las azoteas.
Hoy, el 60% de la ciudad es espacio verde, fruto de más de una década de trabajo que permitió a Breda convertirse en la primera National Park City (ciudad parque nacional) de la UE en 2025.
Los Green Cities Awards no se limitan a añadir plantas a los edificios o las calles. Heilbronn, en Alemania, obtuvo el título de Capital Verde 2027 tras lograr una alta puntuación en calidad del aire y del agua, políticas de reducción del ruido y de los residuos, entre otros aspectos.
Cuando el jurado se reúna la próxima semana, evaluará hasta qué punto las ocho ciudades finalistas han convertido ideas similares en cambios a escala urbana.