Prever El Niño con un año de antelación ayudaría a las comunidades y a los responsables de tomar decisiones a prepararse mejor ante sus impactos.
El episodio de El Niño de este año podría quedar "literalmente fuera de los gráficos de seguimiento", ha advertido la agencia meteorológica de la ONU, que alerta de que sus impactos se prolongarán hasta 2027.
Este fenómeno meteorológico natural, que suele aparecer cada dos a siete años, sigue intensificándose en el Pacífico, donde está provocando fenómenos meteorológicos extremos en el Corredor Seco de Centroamérica, que se extiende de México a Panamá, y pone en peligro los arrecifes de coral y los bosques.
"El actual episodio de El Niño podría ser sin precedentes en intensidad", señaló a la prensa en Ginebra a comienzos de esta semana la secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Celeste Saulo. "Esto tendrá consecuencias de gran alcance para los patrones meteorológicos de todo el mundo".
El secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, Tom Fletcher, describió El Niño como una "bola de demolición" de calor extremo, sequía e inundaciones, y advirtió de que acarreará "consecuencias humanitarias enormes".
Pero las comunidades y quienes toman decisiones podrían estar pronto mejor preparadas para hacer frente a la furia de El Niño, y de su contraparte más fría, La Niña, gracias a un nuevo avance.
¿Podemos prever futuros episodios de El Niño?
Investigadores de la agencia nacional de ciencia de Australia, CSIRO, y de la Universidad de Melbourne acaban de identificar las condiciones que permiten prever algunos episodios de El Niño y La Niña con hasta un año de antelación.
Los episodios de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), como El Niño y La Niña, suelen alcanzar su punto máximo en torno a diciembre y normalmente pueden preverse con confianza con unos seis meses de antelación. Anticiparlos antes ha sido durante mucho tiempo un reto.
Sin embargo, tras analizar más de 7.500 previsiones históricas de ENSO a partir de modelos climáticos desarrollados en nueve países, los científicos descubrieron que saber si el Pacífico se encuentra en un estado de El Niño, de La Niña o neutral cuando se inicia una previsión puede ofrecer pistas valiosas sobre la fiabilidad que tendrá ese pronóstico 12 meses más tarde.
El estudio, publicado en la revista Science Advances (fuente en inglés), constató que las previsiones iniciadas en condiciones de La Niña arrojaban sistemáticamente buenos resultados incluso al predecir episodios de ENSO con un año de antelación, mientras que las previsiones que partían de condiciones neutras eran mucho menos fiables.
La coautora, la doctora Mandy Freund, de la Universidad de Melbourne e investigadora del Australian Research Council Centre of Excellence for 21st Century Weather, afirma que las conclusiones ofrecen una nueva forma de evaluar la confianza en los pronósticos climáticos a largo plazo.
"Sabemos desde hace tiempo que las condiciones de partida influyen en el rendimiento de los modelos de previsión, pero nuestro estudio muestra realmente hasta qué punto pueden ser drásticas esas diferencias de rendimiento", explicó la autora principal, la doctora Nandini Ramesh.
"Lo emocionante de nuestros resultados es que podemos utilizar esa información. Podemos identificar qué previsiones merecen mayor confianza y, potencialmente, alertar al público sobre episodios de El Niño mucho antes".
Este avance podría ayudar a mejorar la forma en que se comunican las alertas tempranas. No obstante, la doctora Ramesh, investigadora sénior en CSIRO, señaló que el equipo aún está "a unos cuantos pasos" de aplicar estas conclusiones a los modelos que utilizan las agencias de predicción.
"Pero estos resultados ofrecen la perspectiva de poder comunicar alertas tempranas para futuros episodios", añadió.
¿Cómo puede prepararse el mundo para El Niño?
El Niño es un fenómeno natural, lo que significa que no se puede detener. Sin embargo, unas previsiones más amplias darán a los países más tiempo para prepararse.
"La clave es gestionar el agua y prepararse para los cambios en dónde y cuándo se producen las precipitaciones", explica Davide Faranda, director de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS).
Por ejemplo, señala Faranda, los gobiernos pueden almacenar y distribuir el agua con más cuidado, controlar mejor el uso de los embalses y de las aguas subterráneas, ajustar los calendarios agrícolas y las prácticas de riego, y preparar a las comunidades para las sequías o las inundaciones.
Los agricultores también pueden reducir sus pérdidas cambiando las fechas de siembra, regando en las horas más frescas del día, almacenando agua antes de las sequías y tomando medidas para proteger sus cultivos y su ganado del calor extremo.
Combatir el cambio climático también podría ayudar a limitar los daños futuros. Aunque los episodios de El Niño pueden aumentar la temperatura media mundial en alrededor de 0,2°C, suficiente para desencadenar una destrucción generalizada, la quema de combustibles fósiles ha añadido mucho más calor a la atmósfera.
Los impactos de El Niño se ven por tanto agravados por un mundo que ya se está calentando. Esto explica que 2025 fuera el tercer año más cálido desde que hay registros, más caluroso que el año de El Niño de 2016, pese al efecto de enfriamiento natural asociado a un episodio de La Niña.
"No podemos eliminar El Niño mediante la mitigación del clima", afirma Faranda, "pero sí podemos reducir la medida en que el cambio climático vuelve más graves sus consecuencias".