El Niño dio un impulso explosivo al huracán del Pacífico, pero el cambio climático tuvo un impacto aún mayor, según los científicos.
Un nuevo estudio ha concluido que el cambio climático y El Niño se combinaron para potenciar el explosivo fortalecimiento del huracán Polo del mes pasado, que ha sido la tormenta de categoría 5 de mayor duración que haya surcado el Pacífico.
El calentamiento global provocado por la quema de carbón, petróleo y gas ha sido el mayor de los dos responsables, sumando casi 10 km/h a una intensidad ya monstruosa, según un estudio conjunto publicado el 14 de octubre por científicos de World Weather Attribution y Climate Central. El Niño aportó algo menos, unos 8 km/h, indicó una coautora del estudio.
El cambio climático ha hecho que las condiciones que alimentaron el huracán fueran 23 veces más probables, mientras que El Niño, el calentamiento natural y temporal de partes del Pacífico, las ha hecho 14 veces más probables, según el estudio. Todo tiene que ver con unas aguas a 31,2°C que llegaron a estar hasta 2°C por encima de lo normal, apunta el trabajo.
Este año, marcado por un El Niño extremadamente intenso, se han batido récords de fuerza y duración de las tormentas en el Pacífico. Polo ha establecido el récord de tiempo como huracán de categoría 5 en el Pacífico, con dos días y medio.
"El Niño va y viene, pero el cambio climático solo va a peor"
“El Niño y el cambio climático han hecho que este huracán fuera más intenso de lo que habría sido de otro modo, pero el efecto del cambio climático es incluso mayor que el de El Niño”, afirma la científica del clima y coautora del estudio Friederike Otto, que coordina el equipo científico internacional detrás de World Weather Attribution.
“El Niño va y viene, pero el cambio climático solo va a peor. Eso significa que ahora cada huracán que se forme en el Pacífico oriental lleva al menos esta señal del cambio climático que lo hace más fuerte. Y mientras sigamos quemando combustibles fósiles, esa señal no hará más que aumentar”, añade Otto.
Los investigadores han comprobado que, incluso sin el cambio climático y El Niño, Polo habría sido igualmente una tormenta monstruosa. Pero cada kilómetro por hora adicional en la velocidad del viento puede aumentar de forma drástica los daños.
Las claves del rápido fortalecimiento de Polo
Aunque el huracán Polo terminó debilitándose de forma considerable antes de impactar en una zona poco poblada de México, los científicos siguen fascinados por cómo pasó de tormenta tropical a huracán de categoría 5, la máxima en la escala, en unas 24 horas.
El estudio ayuda a poner en perspectiva los distintos peligros atmosféricos, explica Kristina Dahl, científica del clima y vicepresidenta de ciencia en Climate Central, una organización sin ánimo de lucro de ciencia y periodismo con sede en Nueva Jersey.
“Es un recordatorio contundente de que, aunque El Niño está redistribuyendo ahora los riesgos en todo el planeta y cambiando los lugares donde está habiendo inundaciones y sequedad, la señal verdaderamente dominante detrás de todo esto sigue siendo el cambio climático”, señala.
El trabajo se ha centrado en el agua cálida que alimenta las tormentas, utilizando una medida de hasta qué punto pueden intensificarse. Pero no ha analizado la cizalladura del viento en niveles altos, donde El Niño tiene un peso enorme. El Niño suele aumentar esos vientos en altura que acaban con las tormentas en el Atlántico. En cambio, en el Pacífico, debido a cambios en los patrones de viento, El Niño reduce los vientos que debilitan las tormentas.
Los dos grupos de investigadores midieron las condiciones de forma ligeramente distinta y emplearon técnicas diferentes, pero llegaron a la misma conclusión general, lo que aumenta su confianza en el resultado. Sin embargo, este análisis rápido aún no ha pasado por la revisión por pares, considerada el estándar de oro de la ciencia.
Para calcular el impacto del cambio climático en Polo, ambos equipos utilizaron el método científicamente aceptado de comparar lo ocurrido en nuestro mundo real, ya más cálido, con un mundo hipotético que no se ha calentado 1,4°C desde la era preindustrial.
Cómo interactúan El Niño y el cambio climático
El coautor del estudio Daniel Gilford, científico de Climate Central, explica que el proceso que han analizado se parece al comportamiento de los coches en una carretera. La cizalladura del viento asociada a El Niño puede actuar como un semáforo en rojo, como ocurre en el Atlántico, o como uno en verde, como en el Pacífico. En el Pacífico, ese semáforo en verde indica avance y, a continuación, el agua calentada tanto por el cambio climático como por El Niño funciona como un conductor que pisa a fondo el acelerador.
Brian Tang, científico atmosférico de la University at Albany que no participó en el estudio, reconoce que al principio le sorprendió que la investigación atribuyera al cambio climático la mayor influencia sobre Polo, “dado lo extremo que es este El Niño, pero desde una perspectiva a largo plazo quizá el resultado no sea tan sorprendente como pueda parecer”.
Pero otros tres científicos externos, Jeff Masters, de Yale Climate Connections, Michael Mann, de la Universidad de Pensilvania, y Carl Schreck, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, sostienen que el estudio subestima cuánto ha aportado el cambio climático a la fuerza de Polo. Masters señala el propio estudio de 2024 (fuente en inglés) de Gilford, que concluyó que el cambio climático añadió 30 km/h a los huracanes del Atlántico entre 2019 y 2023.
Gilford admite que el informe publicado este jueves podría estar subestimando ligeramente el impacto del cambio climático, pero asegura que ha tenido en cuenta otras condiciones y ha optado por un enfoque conservador.