Hacer este pequeño cambio en tu rutina diaria podría tener un impacto tan grande como el del reciclaje y contribuir significativamente al cuidado del planeta.
¿Y si pudieras hacer un cambio en tu estilo de vida respetuoso con el clima que no te costara nada, te ahorrara dinero y mejorara tu salud? Parece una decisión evidente, pero hay una pequeña pega: puedes experimentar molestias temporales.
"Darse una ducha fría no es precisamente agradable, pero es un pequeño cambio que hacer", afirma la psicóloga, la doctora Lena Glaser, que señala que tiene un impacto comparable al del reciclaje.
A menudo, adoptar hábitos más ecológicos se percibe como renunciar a algo, ya sea conducir, volar o comer carne. O puede implicar gastar dinero, por ejemplo invirtiendo en paneles solares o en un coche eléctrico.
Como las políticas climáticas que vigilan el estilo de vida suelen encontrarse con resistencia, Glaser se propuso averiguar si pequeños cambios gratificantes, que encajen en la vida cotidiana, son más efectivos para lograr transformaciones duraderas.
"La gente se acostumbra poco a poco": las molestias temporales pueden traducirse en beneficios de salud a largo plazo
"Cuando las personas ven un beneficio personal al cambiar su comportamiento y no sienten que renuncian a algo o que se están perdiendo algo, se sienten más motivadas a mantener ese cambio", explica Glaser.
Utilizando las duchas frías como estudio de caso, Glaser pidió a 719 participantes de entre 18 y 65 años que bajaran la temperatura de la ducha durante 12 semanas, hasta ponerla tan fría como permitiera su ducha. Para participar, tenían que gozar de buena salud y no ducharse ya con agua fría.
Es evidente que algunos participantes sintieron que estaban renunciando a algo: varios abandonaron durante las dos primeras semanas. Pero a partir de ahí la tasa de abandono disminuyó. "Eso sugiere que la gente se va acostumbrando poco a poco", señala Glaser, aunque apunta que no se tuvo en cuenta la orientación medioambiental previa de los participantes.
Los participantes dijeron sentirse más despiertos y renovados inmediatamente después de una ducha fría. Algunos también se sentían orgullosos de haberse obligado a hacer algo incómodo. Quienes se mantuvieron en el estudio relataron una mejora a largo plazo de su salud física y mental.
Aunque los estudios sobre los beneficios de la inmersión en agua fría siguen siendo limitados, las ventajas terapéuticas se relatan ampliamente de forma anecdótica y esta práctica cuenta con un enorme número de seguidores en todo el mundo.
Sus partidarios mencionan a menudo beneficios como una mejora del estado de ánimo, más energía, mayor alerta, menos inflamación, reducción del dolor muscular y un sistema inmunitario fortalecido.
En el caso de los participantes en el estudio de Glaser, estas mejoras subjetivas parecieron tener consecuencias prácticas: de media tomaron un 31% menos de días de baja que el grupo de control.
Cómo las duchas frías pueden reducir tus emisiones y las facturas del hogar
Resulta menos tentador quedarse mucho tiempo bajo una ducha fría. Eso significa que probablemente uses menos agua. Si a eso se suma la energía que se ahorra al no calentar tanta agua, se verán reflejados ahorros en las facturas de suministros, al tiempo que se reducen las emisiones.
En una ducha de 40 litros, de unos tres o cuatro minutos, bajar la temperatura del agua de 40°C a 15°C ahorra 1,3 kWh de energía. Es aproximadamente la energía necesaria para poner una lavadora o cargar el teléfono 100 veces.
Durante las 12 semanas del estudio, los participantes redujeron sus emisiones de CO2 en 15 kilogramos por persona, aproximadamente el equivalente a las emisiones de recorrer 100 kilómetros en coche.
Si aún no estás convencido, hay una buena noticia: Glaser afirma que incluso pequeños cambios en la temperatura del agua pueden tener un efecto positivo. Propone empezar poco a poco y poner a prueba tus límites, exigiéndote un poco más cada vez.
"El agua no tiene por qué estar igual de fría todos los días. No nos sentimos igual de valientes todos los días, y está bien", dice Glaser. "Es importante escuchar a tu cuerpo y prestar atención a cómo te sientes. Pero a veces merece la pena exigirse un poco".