UniCredit aspira a controlar Commerzbank: Berlín abre la puerta a su 12,7 % y cambia el equilibrio para Italia, Alemania y la banca europea
El pulso entre UniCredit y Commerzbank entra en una fase decisiva. Tras casi dos años de enfrentamiento, el muro alemán empieza a mostrar las primeras grietas, según Bloomberg, algunos altos cargos del Gobierno alemán estarían dispuestos a discutir la venta a UniCredit del 12,7 % que el Estado alemán aún conserva, siempre que se alcance un acuerdo sobre la estrategia y el futuro del banco de Fráncfort. No es todavía una decisión oficial del Gobierno, pero la señal es relevante.
Si la operación llegara a buen puerto, UniCredit pasaría de la participación actual, de alrededor del 47,6 %, a más del 60 % de Commerzbank. Para Andrea Orcel sería un salto de calidad, dejaría de ser solo el primer accionista de un banco alemán al que ha intentado hacerse con el control entre fortísimas resistencias para convertirse en el accionista claramente dominante de una de las principales entidades del país.
Por qué ese 12,7 % es tan importante
A primera vista podría parecer una cuestión puramente contable, no lo es.
UniCredit ya ha alcanzado una posición cercana a la mayoría, tras la OPS concluida en julio, el banco italiano ha llegado al 47,59 % de Commerzbank, un porcentaje que equivale al 49,65 % de los derechos de voto si se tienen en cuenta las acciones propias del banco alemán.
Pero superar el 50 %, y sobre todo rebasar el 60 %, hace que el control sea mucho más sólido.
Significa poder acudir a las próximas juntas con un margen mayor, reduciendo la dependencia de los demás accionistas. Y significa disponer de una posición negociadora completamente distinta frente al consejo de supervisión, la dirección y los representantes de los trabajadores.
No por casualidad, incluso con la participación actual UniCredit pretende alterar los equilibrios de poder en Commerzbank. El objetivo real es poder ejercer una influencia decisiva sobre la orientación estratégica del banco.
La participación alemana es, por tanto, la última gran pieza que puede convertir una conquista accionarial en un control pleno y más estable.
Qué ganaría UniCredit
La primera ventaja es la escala.
Los bancos europeos tienen hoy que afrontar inversiones cada vez más costosas en tecnología, ciberseguridad, inteligencia artificial, pagos digitales y gestión de datos. Una entidad más grande puede repartir estos costes sobre una base de clientes e ingresos más amplia.
Para UniCredit, Commerzbank supone además reforzar aún más su presencia en Alemania, un mercado en el que el grupo está presente desde hace años a través de HVB, HypoVereinsbank.
Pero hay otro aspecto fundamental, las sinergias.
UniCredit afirma que puede actuar sobre los costes y mejorar la eficiencia de Commerzbank. Según Reuters, el plan de Orcel aspira a reducir la base de costes del banco alemán en unos 1.300 millones de euros, manteniendo inicialmente separada Commerzbank de la filial alemana de UniCredit.
Es la misma receta que ha contribuido a la transformación de UniCredit en los últimos años, menos niveles directivos, reducción de estructuras duplicadas y mayor atención a las actividades capaces de generar ingresos.
La lógica es sencilla, si dos bancos realizan determinadas funciones por separado pero pueden compartirlas o hacerlas más eficientes, el grupo más grande puede ahorrar.
Hay además un beneficio estratégico aún más amplio. UniCredit podría construir un grupo verdaderamente europeo, con una fuerte presencia simultánea en Italia, Alemania y en los demás mercados en los que opera. Es precisamente la dirección que el Banco Central Europeo defiende desde hace tiempo, bancos más grandes, diversificados y capaces de operar más allá de las fronteras nacionales.
El precio a pagar, Commerzbank no es un banco italiano con una sede en Fráncfort
Y es aquí donde empiezan las dificultades.
UniCredit puede trasladar a Commerzbank su propio modelo organizativo, pero no puede sencillamente borrar el modelo alemán.
Commerzbank tiene una historia, una red de relaciones con las empresas y, sobre todo, un papel importante en la financiación de las pequeñas y medianas compañías alemanas. Su modelo está más ligado a la relación con la clientela, mientras que UniCredit ha desarrollado una organización más estandarizada y orientada a la búsqueda de eficiencia.
Ahí se hace evidente este posible "choque cultural", el modelo de Orcel ha generado fuertes mejoras en la rentabilidad de UniCredit, pero trasladarlo a Commerzbank podría resultar mucho más complejo.
También el BCE, aunque en principio inclinado a no oponerse a la operación, ha advertido de que la integración será compleja y potencialmente larga, con diferencias culturales y tensiones derivadas del carácter hostil de la OPA. La decisión definitiva sobre la autorización se espera entre septiembre y octubre.
Para UniCredit, por tanto, el problema ya no será solo comprar Commerzbank. Será demostrar que sabe gestionarla.
Por qué Alemania ha resistido tanto
La pregunta central es por qué se ha opuesto Berlín si la operación puede reforzar a un banco europeo.
La respuesta es sobre todo política y económica.
Commerzbank no se percibe en Alemania como un banco cualquiera. Es una de las entidades más importantes del país, con sede en Fráncfort, una amplia red de clientes y un papel significativo en la concesión de crédito a las empresas.
El Gobierno alemán ha reiterado que quiere proteger a los empleados, a las pequeñas y medianas empresas del país y a Fráncfort como plaza financiera. Cuando UniCredit cerró la OPS en julio, Berlín llegó a calificar de nuevo como "inaceptable" el enfoque agresivo y hostil del banco italiano.
Existe además el temor de que una banca controlada desde Italia tome sus decisiones estratégicas en Milán y no en Fráncfort.
Es el viejo problema de los campeones nacionales, en teoría el mercado europeo es único, pero en la práctica los Estados siguen considerando a los grandes bancos como piezas de su propia infraestructura económica.
La cuestión es especialmente delicada para Alemania porque Commerzbank está estrechamente ligada a la financiación del Mittelstand, esa amplia red de pequeñas y medianas empresas que constituye un componente esencial de la economía alemana.
De ahí la exigencia de Berlín de contar con garantías sobre la estrategia futura.
La posición alemana, sin embargo, está cambiando
Y este es el aspecto más interesante de la fase actual.
En junio, Berlín había dejado claro que no quería vender su 12,7 % a UniCredit.
Ahora, según Bloomberg, algunos miembros del Gobierno estarían en cambio dispuestos a discutir una venta, siempre que antes se acuerde una estrategia compartida entre UniCredit y Commerzbank. La posición oficial de Berlín, no obstante, no se ha modificado formalmente.
Mientras tanto, Commerzbank también ha cambiado de actitud.
A finales de julio, el presidente del consejo de supervisión, Jens Weidmann, reconoció que la correlación de fuerzas es ya evidente y se declaró dispuesto a entablar un diálogo constructivo con UniCredit.
Y en agosto comenzaron los primeros contactos formales tra Andrea Orcel y la consejera delegada de Commerzbank Bettina Orlopp, centrados precisamente en las consecuencias del futuro cambio de control, incluidos los aspectos contables, jurídicos y de gestión del riesgo.
En otras palabras, la batalla podría transformarse poco a poco en una negociación.
La paradoja europea, todos quieren bancos más grandes pero nadie quiere perder el suyo
Y es aquí donde el caso UniCredit Commerzbank pasa a ser mucho más importante que una simple operación financiera.
El BCE defiende abiertamente desde hace tiempo la necesidad de una mayor integración bancaria europea. Según la institución, el sistema financiero de la zona del euro sigue siendo demasiado fragmentado, alrededor del 80 % de los préstamos bancarios se conceden a familias y empresas en el país de origen de la entidad y menos del 2 % de los depósitos se mantiene al otro lado de la frontera.
El problema es evidente.
En Estados Unidos existen grandes bancos capaces de operar en un mercado de dimensión continental. En Europa, en cambio, el sector sigue organizado en gran medida a lo largo de fronteras nacionales.
Para el BCE, esto limita la capacidad de los bancos europeos para crecer, invertir y competir a escala global. El propio banco central ha subrayado que las fusiones transfronterizas permiten a las entidades diversificar riesgos, lograr economías de escala y apoyar mejor a la economía real.
Pero el caso Commerzbank demuestra lo difícil que es convertir este principio en realidad.
Alemania viene a decir sí a la competencia europea, pero no necesariamente a la venta de uno de sus bancos más importantes a un grupo extranjero.
Es una contradicción que el BCE ha señalado de forma explícita, según el vicepresidente Luis de Guindos, resulta difícil defender la integración europea y al mismo tiempo oponerse a operaciones concretas de carácter transfronterizo.
¿Y Italia? El sistema bancario avanza en la misma dirección
Italia también atraviesa una fase de fuerte consolidación.
El impulso hacia las integraciones va acompañado en todo caso de un intenso debate sobre el papel nacional de los bancos.
La operación más visible es la de Monte dei Paschi di Siena. Intesa Sanpaolo ha lanzado una oferta de unos 30.600 millones de euros por la totalidad de las acciones de MPS. Al mismo tiempo, se ha definido un acuerdo estructurado con el Grupo Unipol, que contempla la adquisición de la marca MPS y de una red de 635 sucursales. Este perímetro se propondrá posteriormente para su integración y fusión con BPER Banca, dando lugar a un nuevo polo bancario. Las autoridades de supervisión y la Autoridad Italiana de la Competencia (AGCM) han iniciado las correspondientes evaluaciones del expediente de la operación.
Entre tanto, Intesa sigue presentándose como uno de los grupos bancarios más rentables de Europa, en los primeros seis meses de 2026 ha logrado 5.600 millones de euros de beneficio neto y ha elevado el objetivo para el conjunto del año por encima de 10.000 millones.
El panorama que se dibuja es así el de un sector italiano cada vez más concentrado en torno a grandes grupos, mientras los bancos de tamaño medio buscan alianzas o se convierten en posibles objetivos de compra.
UniCredit, en cambio, está haciendo una apuesta distinta, en lugar de centrarse en otra gran operación italiana, intenta convertirse en un grupo aún más europeo.
Orcel ya lo había explicado, para UniCredit, al menos en esta fase, las ambiciones paneuropeas tienen prioridad sobre la consolidación en el mercado doméstico.
El verdadero reto, ¿nace por fin un banco europeo?
Esa es, en última instancia, la pregunta que va más allá del pulso entre Orcel y Merz.
Si UniCredit consigue culminar la operación sobre Commerzbank e integrarla con éxito, podría convertirse en uno de los casos más relevantes de consolidación bancaria transfronteriza en Europa en los últimos años.
Y podría demostrar que un banco italiano puede adquirir una gran entidad alemana, mantener una sólida identidad europea y crear valor gracias a las economías de escala.
Pero también puede ocurrir lo contrario.
Si la fusión acabara convirtiéndose en una larga guerra política, sindical y de gestión, con recortes contestados, pérdida de clientes y problemas de integración, se transformaría en la prueba de hasta qué punto siguen siendo fuertes las fronteras nacionales en el sistema bancario europeo.
Por eso la posible venta del 12,7 % en manos del Estado alemán vale mucho más que una mera participación accionarial.
Entre tanto, el BCE parece haber señalado ya cuál es la vía que prefiere, más integración, mayor tamaño y menos fragmentación. El caso Commerzbank mostrará si los gobiernos europeos están dispuestos a seguir ese camino.