Los ingresos de centros de datos del fabricante de chips subieron un 117% hasta 89.000 millones de dólares y prevé 108.000 millones el próximo trimestre, ambos por encima de lo que anticipaba Wall Street, sin incluir ventas a China.
Nvidia anunció el miércoles unos ingresos trimestrales de 96.200 millones de dólares (82.400 millones de euros), superando con holgura los 92.200 millones de dólares (79.000 millones de euros) que esperaba Wall Street, mientras que su consejero delegado, Jensen Huang, sostuvo que la inteligencia artificial había alcanzado un punto de inflexión y avanzó para el próximo trimestre unos ingresos de 108.000 millones de dólares (92.500 millones de euros), de nuevo por encima de las previsiones.
"La inteligencia artificial ha llegado a su punto de inflexión", dijo Huang en un comunicado. "Está haciendo trabajos útiles. Sus 'tokens' son productivos y rentables. Ahora, la capacidad de cálculo es ingresos y la demanda se acelera".
Los días en que Nvidia presenta sus resultados trimestrales tienen una importancia desproporcionada para la empresa más valiosa del mundo.
Con una capitalización bursátil superior a 5 billones de dólares (4,3 billones de euros), vale más que el PIB de Japón, la cuarta mayor economía del planeta.
Las acciones cayeron un 1,8 % en las operaciones posteriores al cierre poco después de la publicación de las cuentas. El título ya había terminado la sesión ordinaria con un descenso del 1,6 %.
Sin embargo, cada trimestre se repite un extraño ritual, Nvidia supera las expectativas y el valor cae igualmente. Ocurrió tras el buen dato del primer trimestre de este año, cuando las acciones retrocedieron cerca de un 5 % en los días posteriores.
Ese patrón ha generado una dinámica en la que la compañía necesita batir de forma clara un consenso ya de por sí optimista, o presentar unas previsiones más sólidas de lo esperado, para lograr que el precio de la acción suba.
El problema de la concentración
La principal preocupación en torno a Nvidia no es si puede crecer, sino más bien para quién está creciendo.
La empresa sigue obteniendo la mayor parte de sus ingresos de Amazon, Google y Microsoft, cada una de las cuales está diseñando ya sus propios chips para reducir su dependencia de Nvidia. Las nuevas revelaciones muestran con precisión hasta qué punto persiste esa dependencia.
Por ello, las valoraciones de Jensen Huang sobre la evolución de la demanda hasta 2027 tienen más peso que cualquier cifra aislada. La cuestión se ha vuelto más acuciante desde julio, cuando los mercados retrocedieron ante las dudas de que las enormes inversiones en inteligencia artificial lleguen a generar retornos proporcionales.
La respuesta de Nvidia ha sido colaborar en la financiación de esa expansión. Solo este mes ha articulado, junto con seis gestoras de activos de Wall Street, un fondo de capital de 500.000 millones de dólares (428.000 millones de euros) para proyectos de centros de datos y, de forma separada, ha comprometido hasta 105.000 millones de dólares (90.000 millones de euros) para respaldar un centro de datos de OpenAI en el condado de Pike, en Ohio, con una capacidad inicial de 4,25 gigavatios y la opción de añadir otros 3,75.
El camino por delante
Washington prohibió en abril de 2025 la venta del chip H20 diseñado para China, dio marcha atrás y desde entonces Nvidia ha recibido autorización para suministrar el más potente H200 a clientes chinos sometidos a examen previo.
Han aparecido informaciones sobre grandes asignaciones para ByteDance y Tencent, aunque Pekín está animando a las empresas nacionales a limitar sus compras y a dar prioridad a las alternativas desarrolladas en casa.
El crecimiento actual de Nvidia está impulsado por sus chips Blackwell, la generación de procesadores que alimenta hoy la mayoría de los centros de datos de inteligencia artificial. Su sucesor, conocido como Vera Rubin, está previsto que empiece a enviarse en la segunda mitad del año.
Nvidia tiene la tradición de bautizar sus arquitecturas de chips con nombres de científicos y generaciones anteriores incluyen Ampere, en honor al físico André Marie Ampère, Hopper, por la informática Grace Hopper, y el actual chip Blackwell, dedicado al matemático David Blackwell.
Vera Rubin mantiene esa línea. Fue una astrónoma estadounidense cuyas observaciones sobre la rotación de las galaxias ofrecieron algunas de las primeras pruebas sólidas de la existencia de la materia oscura, la masa invisible que se considera que compone buena parte del universo. Murió en 2016 y es ampliamente reconocida como alguien que fue ignorada por el Nobel en vida.
La compañía ha señalado una cartera de pedidos que, según afirma, asciende a alrededor de 1 billón de dólares (857.000 millones de euros) entre 2026 y 2027, aunque esa cifra procede de sus propios comentarios y no de una información financiera verificada de forma independiente.
Una semana cargada de factores clave
Los datos conocidos el miércoles no ofrecieron alivio en materia de inflación.
El índice de gasto personal en consumo, el indicador preferido de la Reserva Federal, subió un 0,2 % en julio frente al 0,1 % esperado, lo que dejó la tasa anual en el 3,7 % en lugar de moderarse hasta el 3,6 % previsto. Los precios subyacentes se mantuvieron en el 3,3 % interanual, por encima del objetivo del 2 % de la Fed por 65º mes consecutivo.
El Comité Federal de Mercado Abierto mantuvo los tipos entre el 3,50 % y el 3,75 % en julio, con tres presidentes regionales de la Fed que se desmarcaron a favor de una subida de un cuarto de punto.
Los mercados sitúan actualmente en torno al 40 % la probabilidad de una subida en septiembre.
La atención se desplaza ahora a Jackson Hole, donde el presidente de la Fed, Kevin Warsh, pronunciará su discurso principal el viernes por la mañana, el primero desde que asumió el cargo en mayo, 19 días antes de la próxima decisión sobre tipos. Isabel Schnabel, del BCE, participará en una mesa redonda esa misma tarde.
Las bolsas estadounidenses atravesaron el miércoles una sesión tranquila después de que los datos mostraran que la inflación del mes pasado fue ligeramente superior a lo que esperaban los economistas.
El S&P 500 retrocedió menos de un 0,1 % y se mantiene cerca del máximo histórico que marcó a principios de mes. El Dow Jones Industrial Average bajó un 0,2 % y el Nasdaq Composite cedió un 0,1 %.
Los rendimientos de la deuda del Tesoro repuntaron ligeramente tras la actualización de la inflación, que mantiene a los operadores apostando en su mayoría por que la Reserva Federal volverá a subir el tipo de los fondos federales antes de que termine el año. Los precios del petróleo cayeron tras otra sesión volátil.