Durante obras en el aeródromo naval de Nordholz, en el mar del Norte, trabajadores hallaron un blindado casi intacto de la Segunda Guerra Mundial, un cañón de asalto StuG III de 29 toneladas que llevaba 80 años oculto en la arena.
Según la Oficina Federal de Gestión de Bienes Inmuebles, en hallazgos de este tipo suelen aparecer solo restos aislados o piezas de vehículos. En este caso, sin embargo, los trabajadores se toparon con un Sturmgeschütz casi completamente conservado, un raro vestigio de los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial en el noroeste de Alemania.
En este caso se trata de un Sturmgeschütz del tipo StuG III, uno de los vehículos de cadenas más producidos por la Wehrmacht. A diferencia de los carros de combate clásicos, el vehículo no disponía de torre giratoria. El cañón estaba fijado hacia delante, de modo que para apuntar había que mover todo el vehículo.
En aquella época, el conglomerado armamentístico Rheinmetall fabricó más de 9.300 unidades, el cañón era muy apreciado. La producción se mantuvo hasta las últimas semanas de la guerra y no terminó hasta abril de 1945. Los Sturmgeschütz se empleaban sobre todo para combatir los carros de combate enemigos.
El vehículo hallado pertenecía a una brigada estacionada en Nordholz, desplegada principalmente en Francia. No está claro si el propio Sturmgeschütz llegó a entrar en combate allí, de momento no puede demostrarse de forma concluyente. Según los expertos, el vehículo estuvo operativo durante un periodo prolongado, a ello apuntan al menos 17 marcas blancas en el tubo del cañón. De acuerdo con los arqueólogos, estas señales se añadían probablemente por cada carro de combate enemigo destruido.
"Agobiante estrechez"
El vehículo se puede abrir sin dificultad, explicó el arqueólogo Andreas Hüser a la agencia dpa: "La vista del interior es muy impresionante". El asiento del conductor se ha conservado, al igual que los dispositivos de la pieza. "Es verdaderamente agobiante lo estrecho que es".
El Sturmgeschütz tenía una dotación de cuatro soldados. Mientras el conductor se sentaba en la parte delantera del vehículo, otro soldado manejaba el cañón. El comandante coordinaba la operación y daba la orden de fuego, y un cuarto hombre se encargaba de recargar el arma.
Según los arqueólogos, el Sturmgeschütz fue enterrado por los aliados poco después del final de la guerra junto con otros materiales militares. En las excavaciones también han aparecido restos de munición y pequeños fragmentos de granadas.
Como el vehículo yacía al borde de un talud, en arena seca, se ha conservado excepcionalmente bien. En varios puntos aún se aprecian restos de la pintura de camuflaje original, y partes del tren de rodaje parecen casi intactas pese a haber permanecido enterradas durante décadas.
En agosto está previsto trasladar el Sturmgeschütz a Munster, en la región de Lüneburger Heide, donde especialistas lo estabilizarán y restaurarán. Después se planea ceder el vehículo al Museo de Historia Militar de la Bundeswehr en Dresde, donde podrá ser visitado.