Un acoso psicológico para vengar un adulterio que termina en tragedia, así es 'El traje', ópera de jazz contemporánea basada en un relato de Can Themba y dirigida por Zoltán Balázs.
Esta adaptación singular la ha llevado a escena el fundador del teatro Maladype, Balázs Zoltán, que no solo dirige el montaje, sino que también es responsable del libreto, la escenografía y el movimiento escénico. El compositor del estreno absoluto en Hungría es Kovács Adrián.
La obra, que combina elementos del jazz con la tradición de la ópera clásica y se basa en una adaptación (Mothobi Mutloatse) y un libreto (Balázs Zoltán) inspirados en un relato de uno de los autores sudafricanos más conocidos de la literatura universal, se realiza en colaboración entre METTRIN y Maladype como espectáculo de apertura del Festival Internacional de Jazz Louis Armstrong.
Tras el estreno en Bánk el 26 de junio, la producción interdisciplinar podrá verse en Gyula, en el Festival de Clásicos de la Literatura Universal, y en Budapest, en la sección Szemle Plusz del programa de competición del escenario al aire libre de Városmajor. El año que viene iniciará una gira en Sudáfrica, el país de origen de la obra.
Siguiendo la estela de Peter Brook, el director Balázs Zoltán, que fue quien llevó por primera vez al escenario europeo la obra maestra de Themba, promete un montaje de desarrollo gradual y asociativo que, con la fuerza del humor y del absurdo, protege el orden de un universo irracional.
La acción de "Az Öltöny" ('El traje') se sitúa en Sophiatown, un barrio de Johannesburgo que el régimen del apartheid arrasó en la década de 1950. El relato, de gran fuerza y marcado por la tragedia, aborda el amor, la traición, la venganza, la dignidad y la opresión, y revela los efectos psicológicos de un sistema que niega a sus miembros la humanidad y la libertad. El protagonista es Philemon (Bányai Kelemen Barna), un marido con un gran sentido del deber que sorprende a su esposa con un hombre joven.
En lugar de afrontarlo y separarse, obliga a Matilda (Radnay Csilla) a tratar el traje que ha dejado el amante (Fehér Ferenc) como a un invitado de honor las 24 horas del día, poniendo en marcha así diversas formas de violencia psicológica. La complejidad del tema y del juego escénico, construida a partir de matices muy sutiles, define la relación particular entre texto, música, movimiento, escenografía, vestuario y dramaturgia de la luz, y le confiere una resonancia plenamente contemporánea.
"Es una historia que activa fuerzas y energías interiores y exteriores, que exige una permanente alerta del sistema nervioso, y eso es lo que a mí me interesa, ese estado de alerta, esa especie de trío que se entrelaza como un ADN, porque en la historia de las puestas en escena de la obra es aquí, con nosotros, donde por primera vez un intérprete encarna al traje", explicó Balázs Zoltán.
"Hasta ahora era siempre la actriz de turno quien se encargaba de llevar de un lado a otro el traje colgado de una percha, sentarlo, darle de comer, pasearlo. Aquí la cosa es un poco más compleja por la presencia de un intérprete en carne y hueso. En un espacio minimalista y muy concentrado se amplifican las distintas intenciones, ocultas o explícitas, y en ese sentido se genera una cierta tensión, porque en un lugar pequeño hay que formular grandes intenciones, ideas, pensamientos, objetivos. Por eso hay en todo ello una especie de monumentalismo minimalista. Un espectáculo que puede parecer grandioso, pero que en realidad cuenta la historia de una pareja corriente que podría vivir en cualquier país, en cualquier continente; la cuestión es por qué no han sabido ajustar cuentas a tiempo, en qué momento se ha torcido su relación, qué dimensiones dichas o no dichas se han ido perdiendo y ya no pueden recuperar después. Es una especie de 'El castillo de Barbazul' sudafricano", señaló el director.
"No es una música fácil, creo que es más sencillo escucharla que hacerla", dijo entre risas la actriz que interpreta a Matilda, Radnay Csilla, tras uno de los últimos ensayos antes del estreno.
"Hay que saber que Matilda es cantante, una mujer de escenario, es decir, una figura más bien extrovertida. Se casa en una relación en la que, al cabo de un tiempo, todo eso deja de verse con buenos ojos, así que tiene que ir desmontando poco a poco esa parte de sí misma y todo acaba convirtiéndose en una jaula. Inevitablemente llega un momento en el que añora volver, busca a su yo anterior, aquella sensación. Creo que eso la lleva a la infidelidad, que se puede juzgar con dureza, pero que yo puedo comprender, como ella", explicó la actriz.
"No se trata de una violencia física, sino más bien psicológica", señaló Bányai Kelemen Barna, que da vida al marido, Philemon. "En mi interpretación este traje podría ser cualquier cosa. Podría ser un perrito, que es mono y encantador, pero que crece, pasan los años y hay que sacarlo a pasear todos los días, y entonces puede convertirse en una carga. Y las parejas se dan cuenta de que el problema no es el perro, que solo es un detonante. Y discuten y se separan", dijo.
"Cada gesto tiene un significado, cada movimiento, cada giro de la cabeza, cada asentimiento, y todo sucede además con música. Para mí, en este sentido, ha sido muy estimulante y al mismo tiempo muy difícil lograr crear una imagen potente mientras cantamos de principio a fin y, a la vez, se manifiestan tres figuras distintas, porque jugamos un poco con la idea de que este tipo tiene una ligera esquizofrenia... Así que hablan tres personajes, con música, y además cantamos en inglés y en zulú. No es precisamente un reto pequeño", añadió.
La actualidad de esta obra, que también abunda en elementos surrealistas, reside en la comprensión amplia de la violencia en el seno de la familia y de la división de la sociedad.
La propuesta de dirección, sustentada en una dramaturgia excepcional, crea el universo singular de esta ópera jazz a través de unidades de contenido y forma formuladas de manera muy específica y de impulsos verbales, vocales, acústicos y visuales que se combinan de manera creativa y culminan en el trabajo de conjunto detallado de los intérpretes.
La partitura del compositor Kovács Adrián, que mezcla los ritmos de afro-jazz marabi, mbaganga y kwela con sonoridades europeas y húngaras, sostiene de manera orgánica el mundo desarmónico imaginado por el autor y el director.
El relato titulado "Az Öltöny" se ha traducido a varias lenguas y se ha adaptado en distintos formatos, entre otros en 1994 en el legendario Market Theatre de Johannesburgo, en una versión de Mothobi Mutloatse y Barney Simon, y en 2004 en el parisino Theatre des Bouffes du Nord, en la adaptación francesa de Peter Brook, Marie-Hélène Estienne y Franck Krawczyk.
La ficha artística del espectáculo se puede consultar aquí.