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Inestimable trabajo para reducir el impacto medioambiental y proteger a las marinas en Portugal

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Inestimable trabajo para reducir el impacto medioambiental y proteger a las marinas en Portugal
Derechos de autor  Denis Loctier/Euronews
Por Denis Loctier  & Euronews

El archipiélago de las Berlengas, frente a la costa de Portugal, es una reserva natural, una hermosa zona de cría de pardelas, cormoranes, gaviotas y otras especies marinas.

"¡Las aves marinas son increíbles! Exploran tres entornos diferentes: el cielo, la tierra y el mar. Y se adaptan de manera fantástica y asombrosa a la vida en el agua. Son realmente resistentes, y son excelentes centinelas de la salud de nuestros océanos. Así que, si se enfrentan a una situación de declive, nos están mostrando que el mar ya no está sano, y que tenemos que hacer algo", declara Ana Almeida, responsable de Conservación Marina de la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves.

Ana Almeida y Elisabete Silva son responsables de conservación marina en la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves.

Llevan años ayudando a las poblaciones locales de aves marinas. En las principales islas del archipiélago, mantienen nidos artificiales para ayudar a las pardelas a criar. Pero, mientras algunas especies gozan de buena salud, otras no dejan de disminuir, y algunas han desaparecido por completo en las últimas décadas.

"Las aves marinas son el grupo de pájaros más amenazado por las actividades humanas y otros peligros. Por ejemplo, la pardela balear es la especie de ave marina más amenazada de Europa. Se encuentra en esta zona durante el invierno, y las predicciones dicen que en 60 años, si no hacemos nada, se extinguirá. Dejará de existir. Así que, contamos con varias especies que se enfrentan a diferentes amenazas y que están sufriendo graves disminuciones de ejemplares en sus poblaciones", afirma Ana Almeida.

Pero, ¿por qué este declive? ¿Podría estar relacionado con la pesca en estas ricas aguas?

"La mitad de las poblaciones de aves marinas de Europa están disminuyendo o se consideran amenazadas. Muchos ejemplares mueren accidentalmente, a causa de los anzuelos y las redes de los barcos de pesca, lo que supone más de 200 000 aves marinas al año; un ave cada tres minutos, solamente en aguas europeas", señala Denis Loctier, periodista de Euronews y autor del reportaje para el programa Ocean.

Entre las muchas causas del declive de las aves marinas, la captura accidental se considera una de las mayores. Pero aquí, en Berlengas, los conservacionistas colaboran con los pescadores en un proyecto financiado por la Unión Europea que intenta protegerlas de forma sencilla y asequible.

Estos pescadores utilizan un palangre con anzuelos con cebo, que flotan cerca de la superficie del mar. Las aves que se lanzan a por el cebo pueden quedar atrapadas y resultar heridas o incluso morir. Para los pescadores, estos accidentes no solamente son molestos. Además, dañan sus artes de pesca y disminuyen las capturas.

"No nos gusta eso, porque además de capturar al animal nos estropea el trabajo. Si uno de estos ejemplares queda atrapado, ya no se pesca en toda la zona", indica el pescador Francisco Nunes.

Los investigadores han probado muchos métodos para mantener a las aves marinas alejadas de los pescadores, pero lo que parece funcionar mejor es un sencillo artilugio llamado 'scarybird'. Vuela como una cometa, se parece a un depredador y puede colocarse en el mar cerca de las líneas de pesca, ahuyentándolas de la zona peligrosa.

"Las aves se quedan lejos, lo que reduce el riesgo de capturas accidentales. Ofrece un resultado muy bueno, porque es una herramienta muy sencilla con la que ganan, tanto los animales como los pescadores", sugiere Elisabete Silva, oficial de Conservación Marina de la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves.

El proyecto de investigación "MedAves Pesca" está ahora evaluando los resultados para ayudar a proteger las aves marinas en otras partes de Europa y, también, del resto del mundo. El proyecto es finalista del Premio Europeo Natura 2000 este año. El público puede votar a favor de él en una página web en la Comisión Europea.

Pero, ¿qué pasa con la vida submarina? Las redes de pesca extraviadas siguen atrapando a animales marinos durante mucho tiempo. Retirarlas puede resultar caro y arriesgado para los buceadores. Además, con el tiempo, las redes de pesca se deshacen en pequeños fragmentos que llegan a la cadena alimentaria y, finalmente, a nuestras comidas.

"Las redes están hechas de plástico, por lo que contamos con todos los problemas que causan hoy los plásticos en el agua. Y pueden descomponerse en pequeños trozos, y convertirse en microplásticos, que pueden ser ingeridos por los peces y terminar en la cadena alimentaria. O, también, pueden absorber una gran cantidad de contaminantes que hay en el agua", declara Marisa Almeida, investigadora en Química Ambiental del CIIMAR.

En el CIIMAR, el Centro Interdisciplinario de Investigación Marina y Medioambiental de la Universidad de Oporto, los científicos estudian los microplásticos que provienen de las artes de pesca y que pueden causar diversos daños a la vida marina, incluida la propagación de gérmenes nocivos.

"Hay algunas bacterias y algunos microorganismos que se adhieren a los plásticos. Es como un nuevo hogar para ellos. Así que, el problema no es solamente físico, sino que los microplásticos pueden funcionar, también, como un transportador de otros contaminantes a toda las especies que los ingieren", afirma Sandra Ramos, investigadora en Ecología Marina del CIIMAR.

Es mejor encontrar y recuperar una red perdida antes de que se rompa en pedazos. Los investigadores del CIIMAR se asociaron con ingenieros de robótica del instituto INESC TEC en otro proyecto europeo: ‘NetTag’.

Están diseñando un robot llamado IRIS que puede guiarse bajo el agua utilizando la acústica y la Inteligencia Artificial.

"Este robot se desarrolló para ayudar a los pescadores a encontrar artes de pesca perdidas, redes de pesca extraviadas. Para ello, las redes de pesca están equipadas con un pequeño transductor, una pequeña pieza del sistema acústico. Se parece a este pequeño cilindro que vemos aquí. Cuando el robot está en el agua, empieza a emitir una señal, empieza a preguntar, ¿hay alguien ahí fuera? Entonces, este aparato le responderá", señala Alfredo Martins, investigador principal de robótica en el INESC TEC/ISEP.

"Así, el robot puede encontrar su propio camino hacia la red. De este modo, cuando los pescadores quieran recuperarla, dejarán caer el robot en el agua, y este podrá empezar a buscar dónde está la red", añade Alfredo Martins.

Los ingenieros están bastante satisfechos con el funcionamiento de IRIS en la piscina experimental. Pero, ¿será capaz de rendir de igual manera en mar abierto, con corrientes submarinas, obstáculos y visibilidad limitada?

Para averiguarlo, realizamos una travesía con los pescadores locales. Aseguran que odian perder sus redes, que pueden ser extremadamente costosas de reemplazar.

"Si perdemos una red, tratamos de engancharla y recuperarla. Si no la encontramos enseguida... ¡no podemos hacer nada más!", indica el pescador João Graça Nunes.

Los investigadores dejan caer la red con una marca acústica en el mar y luego ponen en marcha el IRIS para tratar de encontrar la red y traerla de vuelta. 

Dicen que estos aparatos acústicos son baratos y pueden colocarse en todas las redes de pesca sin que afecte a su coste. El robot está pensado para que sea fácil de usar y asequible, como para ser compartido entre unos pocos barcos pesqueros.

"Lo normal es que un robot como este sea propiedad del puerto o de la Asociación de Pescadores. Si se necesita para recoger algún arte de pesca bajo el agua, o para inspeccionar algo y ver lo que ocurre en un determinado lugar, pueden utilizar ese recurso compartido, que es el robot", concluye Alfredo Martins.

A medida que el prototipo se acerca al final de su puesta a punto, los investigadores pretenden encontrar un socio para comercializar el robot en un futuro próximo, con la esperanza de dar a la industria pesquera otra herramienta para reducir su impacto medioambiental y ayudar a proteger mejor la vida marina de daños fortuitos.